Sociedad Viernes, 7 de septiembre de 2018

Con el Próvolo cerrado, un cura y una ex empleada vendían las sábanas del lugar

También ofrecían un metegol, un televisor y una mesa de ping pong.

Por Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

Tan poco creíble que roza lo surrealista, aunque siempre con dejos de tristeza y bronca. En el instituto religioso para chicos sordos Antonio Próvolo (en Carrodilla y donde se investiga desde noviembre del 2016 la presunta comisión de abusos sexuales contra chicos sordos) no dejaron de ocurrir ilícitos ni siquiera con el predio cerrado e intervenido judicialmente. Aunque se trataron de hechos más leves que los que integran las causas principales.

Según una denuncia incluida en el expediente 21.510/17 con fecha del 24 de noviembre del año pasado -a días de cumplirse el primer año desde que se destapara el escándalo sexual públicamente-, una efectiva policial de Carrodilla acusó que una ex empleada del instituto y el cura Ramón Amarilla -ambos vivían en la sede de Boedo 385- les vendieron a los efectivos sábanas y acolchados que estaban en el Próvolo, y que pertenecían al establecimiento.

 

“En uno de los allanamientos que hicimos en el instituto Próvolo, en el cual participé, en una caja encontramos varios juegos de sábanas los cuales eran iguales a las que me vendió”, destacó la denunciante, según se lee textualmente en la denuncia. Además, agregó que el procedimiento detallado fue posterior a la transacción en cuestión, que todas las sábanas estaban en la habitación 6 del instituto y que se las había vendido a 380 pesos. 

Venta de sábanas

El sacerdote Amarilla era quien estaba al frente de la orden San José (de la que dependía el Próvolo) al momento de la difusión de los hechos, y vivió en la sede del instituto hasta comienzos del 2017. De hecho, Amarilla y la otra mujer involucrada -N.D.Y, según sus iniciales- no abandonaron el establecimiento en el momento en que quedó intervenido judicialmente y con custodia policial.

“Prestando servicio como oficial en la comisaría 47, en distintas ocasiones me tocó estar como consigna en el instituto Próvolo de Luján y los horarios en los que cumplía función eran rotativos. A veces me tocaba trabajar de día, otras de tarde y otras de noche”, resaltó la uniformada al comienzo de la denuncia.

Además, destacó que el cura Amarilla y la mujer vivían en el instituto y que N.D.Y era quien abría el portón a los policías cuando iban a hacer la custodia al lugar.

“Ellos (por los denunciados) estuvieron hasta principios del año 2017 y después el padre Amarilla entregó la llave y el instituto Próvolo quedó al cuidado únicamente  de la consigna policial”, resumió la mujer en la presentación.

 

En la declaración ante el fiscal que investiga el caso Próvolo (Gustavo Stroppiana), la denunciante resaltó que poco tiempo antes de abandonar el instituto, la mujer y el sacerdote visitaron la comisaría. “Después de un tiempo, ella (por N.D.Y.) se hizo amiga de los oficiales que trabajábamos allí. Entonces un día fue a la comisaría y comenzó a ofrecer sábanas y acolchados. Ella los estaba vendiendo, y como suelen ir vendedores a la comisaría, pensé que ella sacaba su diferencia con esas cosas que compraba en Chile, por ejemplo”, detalló la oficial; quien agregó que ese día ella y una compañera de la dependencia le compraron un juego de sábanas y las pagaron en efectivo.

Es al momento de entregarle el vuelto por la compra que entra en escena el sacerdote. “Ella no tenía cambio para darme, entonces me pidió que la esperara; que iba hasta la camioneta a buscar cambio. Entonces yo la acompañé (...) y allí vi que adentro de la camioneta estaba el padre Amarilla. Él conducía la camioneta y la estaba esperando”, destacó la denunciante, quien acotó que Amarilla la saludó y fue quien le dio el dinero a la vendedora para que entregue el vuelto. Incluso, resaltó que llevaban 5 o 6 juegos de sábanas en la parte de adelante.

Por ahora, nada fuera de lo normal: dos personas que venden sábanas y acolchados para generar un ingreso extra. La sorpresa le esperaba a la denunciante y a sus compañeros días después, cuando la mujer regresó de sus vacaciones.

“Me enteré por compañeros que D.Y. tenía una página de Facebook donde ella estaba vendiendo cosas que eran del instituto Próvolo”, resumió la mujer. Además, destacó que su compañera -quien también había adquirido un kit de ropa de cama- le dijo que iban a tener que devolver lo comprado ya que pertenecía al Próvolo.

 

“Tengo conocimiento de que algunos compañeros estuvieron a punto de comprar un metegol y una mesa de ping pong, pero cuando se enteraron que eran objetos del Próvolo no se los compraron. También recuerdo que en una oportunidad, D.Y. me ofreció un televisor que me dijo que era de ella, y que vendía. Pero como al poquito tiempo me enteré de lo que hacía, no se lo compré y eso fue todo”, sintetizó.

La mujer destacó que la ropa de cama que le compraron a Amarilla y a la otra vendedora aquella jornada “eran nuevas, estaban en bolsa y venían con un cartón en el medio -como las sábanas nuevas-. No tenían marca”.

Además, detalló que se movilizaban en “una camioneta tipo Partner de color gris oscuro” y que la había visto ya en el instituto.