Opinión Lunes, 12 de agosto de 2019 | Edición impresa

Cómo es el día de una autoridad de mesa - Por Facundo Velázquez

Cuando llega la hora del recuento de votos, la larga jornada transcurrida se siente. El cansancio no es físico, sino mental.

Por Facundo Velázquez - fvelazquez@losandes.com.ar

Poner la alarma la noche anterior para no quedarme dormido, desayunar algo liviano y partir rápido para llegar a tiempo a la escuela Martín Miguel de Güemes en Luján. No fue un domingo típico: no hubo asado con los amigos o la familia. La función como autoridad de mesa en las PASO nacionales me esperaba y, claro, tenía que cumplirla con responsabilidad.

Eran las 8.15 e iniciaba mi segunda experiencia como vicepresidente de mesa en elecciones nacionales. La jornada arrancó muy tranquila: mesas vacías, poco movimiento de electores y una paz en todo el colegio.

Apenas comenzado el plebiscito ocurrió un hecho por demás curioso. Uno de los electores, luego de emitir su voto y colocarlo dentro de la urna, se percató de la falta de boletas en el cuarto oscuro de uno de los partidos: el del Frente de Todos. Lo llamativo era que recién habían iniciado los comicios, por lo cual la sospecha recaía sobre algún “pícaro” votante, aunque era difícil comprobarlo.

El mediodía se acercaba y la gente comenzaba a acumularse en nuestra mesa . Los electores compartían dos cualidades que los asemejaba. La primera es que traían consigo el número de orden de voto que aliviaba un poco el trabajo del presidente, y por supuesto, el mío. Y la segunda similitud correspondía al total conocimiento de los electores acerca de cuáles eran los partidos políticos y los candidatos a los distintos cargos que debían elegir en estas PASO.

Uno de los personajes más agradables de los comicios fue doña Rosa. La mujer (79) llegó irradiando simpatía y con la misión de efectuar el voto electoral. Ante mi consulta sobre su decisión de participar de estas PASO señaló: “Venir a votar no es una obligación, es un deber”. Luego de sus palabras, le otorgué el sobre cerrado e ingresó al cuarto oscuro para cumplir con el deber ciudadano, como ella misma había expresado.

Pasadas las 14, todo se empezó a apaciguar. Las personas se acercaban con cuentagotas y el ambiente en el colegio retomó aquella tranquilidad de las primeras horas de la mañana, cuando iniciaba la elección. Corrían los minutos y la tarde se me hacía eterna.

Luego comenzaron a llegar los “rezagados”, aquellos que esperan hasta el último momento para emitir su voto, los que corren el riesgo de no llegar a tiempo y no poder votar -arriesgando una posible multa- aunque pocas veces se les imponga.

Recuento de votos

Luego de que casi el 80 % del padrón votara en mi mesa, el comicio llegó a su fin e inició el recuento de votos. 

Tuvimos que contar la cantidad de votantes que figuraban en el padrón electoral, compararlos con los sobres que estaban dentro de la urna, computar los sufragios y luego llenar todo las actas y certificados correspondientes. Tal vez para quien lo lee en este momento no remita a un gran desgaste físico y no se trata de eso: el cansancio es mental y al fin de la jornada se siente. 

Ser vicepresidente de mesa en elecciones nacionales no era una función que desconocía, ya que había tenido una experiencia en 2015, año en el que Mauricio Macri fue elegido presidente de la Nación. En esa ocasión fui seleccionado por la junta electoral para ocupar el cargo, luego de enviar mi solicitud de forma voluntaria. Tuve la oportunidad de ser parte de las PASO nacionales y de las elecciones generales y el posterior balotaje.

A diferencia de hace cuatro años, la opción de postularme no estaba en mis prioridades. Pero el telegrama llegó a mi domicilio, y a pesar de una primera “mala sensación”, vivir la experiencia de ser autoridad de mesa en una elección nacional es única y es una oportunidad que todos deberían tener.