Policiales Miércoles, 27 de febrero de 2019

Cómo era Gil Pereg como vecino: sus extraños gritos y sus misteriosas idas al cementerio

La gente que convivía con el acusado del doble crimen de las israelíes contó detalles de su vida diaria y de sus extrañas conductas.

Por Ariel Cubells - Especial para Los Andes

Sus gritos ensordecedores en cualquier momento del día y sus misteriosos pasos al cementerio. Ese es el recuerdo más fuerte que hay en el barrio Bacigalupo (Guaymallén) de Nicolás Gil Pereg como vecino, hasta transformarse en el personaje policial más relevante de la actualidad en Mendoza. Los lugareños lo señalan como un hombre de mal aspecto, ermitaño y siempre sospechoso. 

Los Andes recorrió otra vez la calle Roca de Guaymallén, donde el ex soldado israelí de 36 años vivió mucho tiempo y en donde le habría dado muerte a su madre Pyrhia Sarusi (63) y a su tía Lily Pereg (54), las mujeres que aparecieron enterradas en su propiedad, el extenso terreno de más de 6.000 metros. Si bien los vecinos no salen de su asombro por lo sucedido, reconocen que siempre fue alguien "extraño". 

 

"Tuve trato con él, pero hablábamos poco por su castellano forzado. Con nosotras se manejaba de forma respetuosa. Venía y nos pedía agua o nos preguntaba si podía dejar unas bolsas en las rejas de mi casa mientras abría la puerta de él. No pensé que podía hacer algo así", comentó Nancy, la vecina más próxima que tenía el acusado. 

La mujer tenía buena relación con Pereg. Sin embargo, no deja de remarcar sus conductas raras: "Gritaba mucho, a cualquier hora. Una no entendía por qué, a veces también se sentía que lloraba y hasta te daba pena escucharlo. Incluso, hacia rezos en su idioma. Siempre solitario, callado. Nos sorprendía a todos".

Un cliente muy particular

Fernando Pavón no sólo fue vecino del israelí, sino que también lo tuvo como cliente en la rotisería que atendía en Roca y Tirasso. "Venía cada tres o cuatro días y compraba pizzas o empanadas, siempre comida rápida. Me llamaba la atención su aspecto sucio y desprolijo, pero, a la hora de pagar, sacaba la billetera y se notaba que estaba repleta de billetes", aseguró el comerciante. 

"Era el comentario en todos los negocios de la zona. Iba a una panadería y se llevaba mucho pan, en el trozadero compraba huesos para sus animales y también iba a un depósito de golosinas", añadió Fernando. 

El proyecto frustrado de las canchas 

Es conocido que Pereg en su propiedad quería montar unas canchas de fútbol y pádel para alquilar, negocio que finalmente no se dio. "Nos pusimos contentos cuando nos enteramos de la idea. En el barrio somos muchos a quienes nos gusta jugar y lo íbamos a hacer acá. Sabemos que tuvo problemas con los arquitectos", expresó Fernando. 

Así está hoy la propiedad de Pereg. | José Gutiérrez/Los Andes

José, otro vecino que accedió al diálogo, habló en la misma sintonía: "Si ponía las canchas iba a estar buenísimo. Pero el tipo siempre fue raro, andaba sólo, gritaba, no sabemos a quién, pero gritaba y les juro que retumbaba en todos lados. Una vez dio mucho medio porque salió con las manos ensangrentadas; no sé si había matado a un perro o un gato". 

Los misteriosos pasos al cementerio

Todos coinciden en calle Roca que al sospechoso se lo veía merodear permanentemente por el cementerio. A pesar de que su casa estaba en la vereda de enfrente, Pereg siempre elegía el camino que da a ese predio municipal. 

 

"Tenía conductas llamativas. Aparecía en la esquina, miraba para un lado, para el otro, y empezaba a caminar por el cementerio. Los últimos días se afeitó, se rapó y se puso una gorra. Creo que se tendrá que investigar, pero acá varios lo vimos un par de veces contando los pasos entre su casa y el cementerio, dicen que quería hacer un túnel. Se sabe que tenía relación con la encargada de allí y los serenos", reveló Fernando Pavón. 

Testimonios en el barrio de Gil Pereg-Video José Gutiérrez/Los Andes

"Andaba todo el día por la vereda del cementerio, iba y venía", reafirma José. Isabel, otra vecina, comenta lo mismo: "Yo lo veía por enfrente que pasaba una y otra vez con sus bolsitas, les llevaba carne de hígado a los animales. No lo traté, llamaba la atención su altura y que siempre usaba la misma ropa. Daba un poco de miedo"

Los vecinos con los que se peleaba 

En aquellos días de enero en los que Pereg ya era investigado pero todavía se mantenía como testigo y en libertad, ante la prensa se animó a señalar a unos jóvenes que lo hostigaban y hasta lo balearon, según su relato. Esto fue confirmado por Nancy, la mujer que vivía al lado de él. 

"Venían y le pateaban el portón, le tiraban piedras, lo molestaban todo el tiempo. Después de que le pegaran un tiro, para mi que ahí cambió, como si se hubiera deprimido y abandonado", relató.

 

También él denunció que le robaron y las extremas medidas de seguridad en su vivienda dan cuenta de que no vivía tranquilo. Hay gente del lugar que alguna vez lo vio puertas adentro, y aseguran que abusaba de perros que tenía como mascotas y que dejaba gatos muertos secándose al sol. 

"Nos da terror que pueda volver alguna vez. Con los vecinos ya hemos dicho que no lo permitiríamos. El tipo este estuvo acá, entre los niños, podría haber hecho otra locura", cerró Fernando.