Mundo Sociedad Sábado, 9 de noviembre de 2019 | Edición impresa

Ciencias de la tierra: los glaciares y la vida

Estamos presenciando la transferencia de agua sólida a cursos y depósitos de agua líquida. Los glaciares de montaña se están retirando.

Por Hugo Diego Eberle - Especialista en temas ambientales

Como ya sabemos el continente antártico está parcialmente habitado, básicamente por científicos dedicados exclusivamente a la investigación y cooperación internacional. Esta actividad se realiza bajo el marco del Tratado Antártico firmado en 1959 y ratificado en 1961 por doce países dentro de los cuales está la República Argentina que, actualmente posee varias bases, dentro de las cuales, las más importantes son San Martín (EA), Carlini (Instituto Antártico), Esperanza (EA) y Marambio (FAA). 

Los glaciares presentes en dicha región y en el mundo representan la nieve acumulada por siglos comprimida en ríos de hielo en permanente movimiento. Entre la Antártida y Groenlandia concentran el 80% de los hielos globales y si contamos los de la cordillera de Himalaya más  los casi 17.000 glaciares andinos, estaríamos cerca del total. La ONU (Organización de las Naciones Unidas) a través de sus órganos específicos mantiene un permanente y preciso control de estos sitios. Esto último, es debido a que la comunidad científica cree que hoy no existe en el mundo ningún glaciar que esté en crecimiento. 

 

Nuestro vecino continente, es donde se alojan las mayores masas de hielo como el glaciar Thwaites, uno de los más voluminosos ubicado en la Antártida occidental. Su tamaño es igual al estado de Florida en Estados Unidos y con suficiente hielo como para aumentar en 2 cm el nivel oceánico mundial. La importancia del mismo es tal que, según la NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio–EEUU), la ciencia ambiental debería estudiar y prever los efectos observados de una pérdida de su volumen en la base, de unos 14.000 millones de toneladas producida en los últimos 3 años. 

Gustavo Guevara / Los Andes

Estas observaciones se han complementado con estudios realizados por UCLA (Universidad Contemporánea de las Américas) o popularmente llamada Universidad de California, que concluyeron en que el glaciar no está suficientemente adherido a la roca por lo cual presenta una cierta movilidad que no parece menor. Los estudios continúan para saber todo lo relativo a este glaciar que parece ser uno de los más importantes del mundo y para ello fue creada la International Thwaites Glacier Collaboration, un proyecto que durará 5 años destinado a obtener todas las respuestas de su evolución.  

 

Groenlandia es una inmensa isla continente cubierta de hielo casi en su totalidad con un espesor de 1 a 3 km en su zona central, ubicada en el Atlántico Norte frente a Canadá, casi en su totalidad dentro del círculo polar ártico y a pesar de que su volumen de hielo es la décima parte del de la Antártida es lo suficientemente grande como para romper el equilibrio actual entre el nivel oceánico y las costas cercanas. 

El tercer centro mundial de hielo está asentado sobre la cordillera del Himalaya y allí, miles de glaciares alimentan las grandes cuencas hidrográficas de Asia Meridional que dan vida al 25 % de la población total de nuestro planeta. En este escenario, tal vez esté el mayor riesgo humanitario que afronta el mundo si el proceso de derretimiento glaciario continúa a nivel global en la intensidad y tendencia como lo que está ocurriendo.  

 

Otra masa helada considerada entre  las más importantes y estudiadas del mundo es el Tuyuksu, ubicado en la cordillera de Tien Shan en Kazajistán y esto es porque es uno de los glaciares que se derrite de manera violenta, generando grandes volúmenes de agua que sobrepasan el consumo de los 2 millones de habitantes de esa región. El hielo marino del Ártico está en constante movimiento, tanto en su pérdida de volumen como en su desplazamiento, que casi uniformemente va desde Siberia hacia los países escandinavos y Groenlandia.

Asimismo el hielo de montaña también se mueve y al espesarse va desbordándose poco a poco y deslizándose hacia abajo formando un río de hielo que continua avanzando año tras año arrastrando todo a su paso hacia cotas cada vez más bajas hasta que encuentra aires más cálidos lo cual significa el comienzo del proceso de fusión a partir del cual continúa como curso de agua de deshielo convirtiéndose en un río o un arroyo.

 

En términos del ciclo hidrológico de la tierra estamos presenciando una transferencia de agua sólida a los cursos y depósitos de agua líquida. Los glaciares de montaña se están retirando, el hielo marino del Ártico se está reduciendo, el campo de hielo de Groenlandia se va fundiendo, el permafrost también está sufriendo esos efectos, mientras que paralelamente el nivel de los mares está subiendo previéndose que continuará con esa tendencia.  

Según un informe del periodista científico del NYT Kenneth Chang, los glaciares de todo el mundo seguirán derritiéndose mientras no baje la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Esto es, tal vez, la primera evidencia concreta del impacto que el calentamiento global está produciendo en el planeta. La vigilancia de este fenómeno es muy importante ya que un eventual, (aunque muy poco probable en el corto plazo), derretimiento total de las masas heladas provocaría un ascenso en el nivel de los mares de unos 6,5 metros y esto ocasionaría una gran pérdida de tierra firme costera modificando la geografía del mundo actual. 

 

Las evidentes consecuencias del derretimiento de los glaciares están relacionadas con el abastecimiento de agua dulce a la vida del planeta, proceso que explicado por el geofísico Henry Pollack – Un mundo sin hielo, Gaia Ediciones - de la siguiente manera: “El agua es el elemento esencial de la vida. El cuerpo humano está compuesto por aproximadamente 90% de agua o sea una composición de hidrógeno y oxígeno. En la regulación térmica del planeta la ubicación del mismo en el sistema solar es de gran ayuda. Esto significa que no está tan cerca del sol como para perder el agua vía evaporación y no tan lejos como para que se congele. 

Estamos en la temperatura ideal para sostener la vida y en un régimen de equilibrio basado en que la energía solar que llega a la tierra es devuelta al espacio en un 30 % aproximadamente a través de la atmósfera por el fenómeno de reflexión para evitar su recalentamiento. 

 

Este fenómeno, sin embargo, es alterado por la acción de gases producidos naturalmente en la tierra como lo son el dióxido de carbono y el metano, entre otros, además de vapor de agua que en conjunto forman un 1% aproximado de la atmósfera, con la particularidad que no dejan salir de ella parte del mencionado calor reflejado y a esto es lo que se denomina EIN (efecto invernadero natural). Mientras que el incremento de ese volumen gaseoso que se ha emitido a la atmósfera en los dos últimos siglos es lo que produce el EIA (efecto invernadero antropogénico). 

Este último es el que la humanidad debe reducir sistemáticamente según lo comprometido en la COP (Conferencia de Partes) 21 en París 2015 y ratificada por todas las posteriores hasta ahora”. 

 

En esta situación, y mientras la humanidad no haga el esfuerzo de contener las emisiones, lo que podemos esperar es la reducción sostenida de la capa de hielos, a los que antes llamábamos eternos. Consecuentemente, debemos esperar no solo un mero cambio del paisaje terrestre a causa del mayor nivel de los mares, sino algo más, que tal vez no haga falta explicar en detalle y a lo que podríamos titular: la cantidad de dificultades a la que estará sometida la vida en la tierra.