Opinión Sup. Economía Domingo, 11 de agosto de 2019 | Edición impresa

Campaña sin propuestas, economía paralizada - Por Rodolfo Cavagnaro

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

Cuando se publiquen estas líneas estaremos en pleno desarrollo de acto electoral de las PASO, elecciones primarias en las cuales no se eligen casi nada pero que adquirió una preponderancia muy grande por las informaciones de ciertos encuestadores que marcan escenarios como si fueran una primera vuelta.

Hace varios meses que la economía se desliza lentamente, en algunos rubros no consigue superar los malos números del año pasado, en otros los consigue con números muy magros. Solo la actividad agropecuaria ha conseguido crecer consiguiendo una cosecha récord de granos contra una sequía histórica del año anterior. El sector de la carne, merced a las exportaciones, también está creciendo y no muchos sectores más.

Todo paralizado por las expectativas electorales. No puede ser un país tan enfermo, donde cada 4 años nos planteamos cambios drásticos de sistemas. Ningún país puede avanzar si su norte no es previsible, sea cual fuere. Pero tenemos a dirigencia política que representa la media cultural de la sociedad y aquí es donde se evidencia una quiebra educativa y cultural muy grande.

Después de la crisis cambiaria de abril-mayo de 2018, cuando se disparó la tasa en EE.UU. la economía casi se paralizó. La demanda de dólares hizo que el Banco Central aumentara la tasa de interés a niveles de parálisis. Nadie puede producir, nadie puede comprar. No se toman decisiones de fondo porque no se consiguen acuerdos legislativos. Los candidatos de la oposición prometen cosas imposibles y el oficialismo dice hará lo mismo pero más rápido. ¿Qué cosas hará? No hay respuestas.

Mientras tanto, la parálisis hace caer las ventas, las empresas despiden empleados, otras no piensan tomar y todos reclaman medidas de reformas urgentes. Todo esto porque proyectan la parálisis. Si el mercado estuviera activo, no se fijarían en esos detalles. Sobre todo ahora, que con el tipo de cambio corregido, las posibilidades de exportación han mejorado. La parálisis trae aumentos de precios “por las dudas” y para compensar los menores volúmenes de ventas. En estos tiempos, prefieren guardarse el stock, vender menos y esperar. La pregunta es ¿esperar qué?

Nadie está dejando en claro cuál es la situación en la que el próximo presidente, nuevo o el mismo renovado, encontrará el país.  Esto es lo grave porque parece que nadie quiere blanquear el escenario, que es muy grave. Todos piden el voto y esperan ganar para luego blanquear la gravedad, para justificar que no podrán hacer lo que prometieron. La misma historia de siempre y los ciudadanos siguen comprando fantasías.

El escenario que se puede esperar

Desde ahora hasta fin de año el tránsito de la economía podría ser igualmente de pesado, aunque podría tener un trámite tumultuoso, de acuerdo al resultado electoral.

Lo cierto es que no habrá ningún cambio sustancial, por lo que no hay razones para esperar. L tema más grave es que, dependiendo del resultado electoral, será muy difícil esperar una baja de la tasa de interés que fija el Banco Central, y esto es el mayor obstáculo para esperar que vuelvan las inversiones y una reactivación de la economía.

Por supuesto quedan pendientes la reforma impositiva, la laboral y la previsional, pero el mayor obstáculo, sobre el cual nadie se explaya, es la necesidad de bajar el gasto público y no las inversiones. Esto significa modificar en forma drástica el modelo de gestión estatal, bajando los niveles de burocracia innecesaria y mejorar la productividad para beneficiar a los ciudadanos que reciben sus servicios.

Por otra parte cabe señalar, ante tantas promesas vagas, que no hay plata para repartir, no hay recursos para aumentar el gasto público ya que hay que bajar el gasto para poder reducir y eliminar impuestos que hoy atentan contra la competitividad de las empresas argentinas. Si hay algo que diferencia a la Argentina de hoy de la de hace 20 años es que no tenemos los precios internacionales que regían, no hay salarios congelados y hay que pagar la deuda.

Todo esto condiciona mucho al próximo gobierno que, si se insiste con aumentar el gasto solo podrán financiando con emisión monetaria, con el riesgo de generar una estampida inflacionaria. Otra alterativa es una mega devaluación, que confiscaría una parte de los salarios. Otra alternativa es ir contra los empresarios por más cargas e impuestos y generarían más inflación, más desempleo y más recesión.

Con los niveles de sensibilidad y desconfianza que tiene los argentinos, no habrá mucho margen para operaciones de esta naturaleza. No hay margen para populismos y, como nadie tendrá mayoría propia en el ninguna de las cámaras del Congreso, la necesidad de acuerdos políticos será una base de la gobernabilidad. 

Lo que no hay que perder de vista es el plano internacional. Se están desarrollando hechos de mucha trascendencia que pueden impactar y, si no hacemos rápido las reformas necesarias, nos encontrarán muy mal parados. La puja entre China y EE.UU. va más allá de una puja comercial. Lo que está en juego quien domina la iniciativa y el mercado futuro de la tecnología. El medio veremos una guerra de divisas devaluándose que revaluará a la nuestra y le hará perder competitividad. El desafío es la competitividad interna y por eso las reformas son fundamentales. Esperemos que alguien tome conciencia de todo esto.