Opinión Sup. Economía Domingo, 5 de mayo de 2019 | Edición impresa

Buscando que la economía tranquilice a la política - Por Rodolfo Cavagnaro

El gobierno generó una locura indexatoria, todo lo contrario a lo que se hace en los programas de estabilización.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

Después del fracaso del primer acuerdo con el FMI, el organismo se puso más firme en cuanto a las exigencias hacia la Argentina. En menos de tres meses, Luis Caputo, al comando del Banco Central, se había gastado los u$s 15.000 millones del primer desembolso para financiar una salida de capitales que no estuvo motivada por problemas internos sino por un cambio de expectativas en el mundo por el cambio de tendencia de las tasas en EE.UU. 

Algunos argumentan que la idea era que el dólar no se disparara, pero en ese sentido fracasó porque la moneda norteamericana pasó de $ 22 a $ 42, a pesar de las altas tasas de interés. Caputo argumentaba que si se dejaba subir el valor de la divisa sin control el pánico hubiera desatado una estampida inflacionaria superior a la que vivimos. Son argumentos contrafácticos. Nadie puede decir con seguridad lo que hubiese pasado.

Lo cierto es que aquella disparada y el gasto de los dólares generaron la salida de Caputo y un segundo acuerdo con el FMI que se puso más duro. No quería seguir entregando dólares para que se gasten en fuga de capitales. De ahí surgió la “banda de no intervención”, fijando un piso y un techo al valor de la moneda verde para que pudiera flotar libremente entre dichas bandas. Los valores de los límites se actualizaron a un 3% mensual hasta diciembre, a un 2% mensual hasta marzo y lo hacían a un 1,5% mensual de marzo a junio de 2019.

El resultado fue positivo al principio ya que la cotización tendió a bajar pues las altas tasas atrajeron capitales especulativos e ingresaron dólares financieros. Luego, desde diciembre, los dólares de la cosecha de trigo hicieron lo suyo. En algún momento el valor perforó el piso y el BCRA en enero, terminó comprando más 700 millones de dólares. Hasta ese momento era previsible alcanzar un 23% de inflación y esa expectativa descomprimía y tranquilizaba, mientras aseguraba la reelección del Presidente.

La locura indexatoria

Todo venía controlado. Enero había comenzado con una leve baja de precio de las naftas y algunos funcionarios decidieron avanzar en un proceso de actualización de tarifas (había que cumplir la meta de equilibrio fiscal) y generaron un sistema de indexación de costos en dólares automático y avanzaron en ajustes muy fuertes. En realidad, tuvieron que hacer lo que por gradualismo no habían hecho antes, y esto desató el nuevo problema. Los cronogramas de aumentos ya estaban previstos y generaban un horizonte importante de incrementos. No había sorpresa y las empresas decidieron cubrirse. La inflación de enero desató la locura de los precios y esta arrastró al dólar y el dólar volvió a empujar los precios.

El gobierno generó una locura indexatoria, todo lo contrario a lo que se hace en los programas de estabilización. En el Plan Austral se creó el “desagio”, un mecanismo que obliga a descontar de los precios los cálculos de inflación futura que se suponía las empresas habían aplicado. Con la convertibilidad, se generó por ley la prohibición de incluir cláusulas de indexación en todos los contratos. Este gobierno dejó sin efecto y se generó su propia crisis. 

Además, la estrategia cambiaria le jugó en contra. El ancho de la banda de no intervención, es decir, la diferencia entre el valor mínimo y el máximo, es de casi un 23%, una magnitud muy grande e la cual los especuladores pueden hacer cualquier pillería sabiendo que el BCRA no podía intervenir. Eso se pudo ver la semana pasada. El jueves anterior hubo una gran disparada que se generó con 8 operaciones que hicieron subir el precio del dólar 3 pesos en menos de 30 minutos. El Central no podía intervenir y debió pedir auxilio a los bancos oficiales como para tranquilizar, pero los especuladores saben con quién juegan y saben que mientras lo hagan dentro de la banda nadie les podrá prohibir ganar mucha plata, mientras la economía tambalea y el humor social se pone muy mal porque, además, los inversores del exterior no entienden lo que pasa y eso hace subir el riesgo país.

Buscando un poco de paz

A medida que corran los días se podrá saber si la decisión de que el BCRA tenga posibilidades de intervenir de manera más discrecional surte efecto o no. El panorama luce complejo porque el panorama internacional está muy complejo. El dólar está subiendo en el mundo y se devalúan el resto de las monedas. La autoridad monetaria podría contener movimientos violentos, pero no puede con las tendencias globales.

Si bien es no deseable planchar la cotización, tampoco es recomendable dejar subir en forma alocada. Tampoco la suba de las tasas sería una barrera de contención para una cotización que se enmarca en proceso global. Pero sobre todo, hay que tener en cuenta lo que pasa con monedas de la región, como Chile y Brasil.

Mientras tanto, el gobierno intenta contener lo más que pueda para evitar traslaciones a precios, porque el humor social depende de la evolución de la inflación y de ese humor depende el futuro político de gobierno. Por ahora, se sabe que los precios en abril habrían subido en torno a 4%, pero que bajarían en mayo por el congelamiento de las tarifas. El gobierno quiere que la economía se tranquilice para que esta sensación se traslade a la política.