Sociedad Domingo, 14 de abril de 2019 | Edición impresa

Buenos Aires: la avenida Corrientes con nueva cara y peatonal de noche

Tiene carriles para el transporte público y otros que entre las 19 y las 2 de la madrugada se convierten en paseo.

Por Redacción LA

Ayer y con una fiesta que arrancó por la tarde e incluyó escenarios en cada cuadra entre Callao y Cerrito, la tradicional avenida Corrientes de Buenos Aires habilitó su nueva disposición: peatonal durante la noche y con carriles exclusivos para el transporte público. Hubo hasta la madrugada una amplia agenda con más de 1.000 artistas, 300 actividades, 20 conciertos y 50 talleres.

Así la tradicional Corrientes vivió un sábado único con siete horas de actividades gratuitas y en donde no quedó rincón sin algo para ver, hacer o disfrutar. Incluso el subte y el Obelisco fueron escenarios.

Después de 15 meses de obra, en los que la avenida se asemejó más a un obrador que a un polo cultural, Corrientes funcionará desde ahora con dos carriles para el transporte público y otros dos para vehículos particulares, que podrán circular hasta las 19. A partir de ese horario y hasta las 2 de la madrugada, ese último tramo será peatonal.

 

En las últimas semanas, con el avance de la obra, quienes transitaban por esas cuadras de Corrientes ya usaban el espacio para caminar en forma anticipada. Así, aún sin inauguración, la avenida empezó a vivirse como peatonal, con oficinistas almorzando en el borde del cantero o grupos de adolescentes paseando tras salir del colegio. Aunque la mayor parte del tiempo, todo fue caos: comerciantes conviviendo con el polvo y las ventas bajas; vecinos acompañando sus días con el sonido de taladros; y garajistas pasando sus horas frente al televisor ante la falta de clientes.

Por donde se mirara había montañas de escombros, tuberías expuestas y laberintos de vallas para entrar a un restorán o una librería.  “Nos acordamos de la mamá de Larreta todo el tiempo”, respondió el productor teatral Carlos Rottemberg al consultarle cómo fue trabajar mientras Corrientes se acondicionaba.

A su lado, el presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales, Sebastián Blutrach, fue más diplomático: “La obra fue molesta y dejó daños colaterales, como la disminución de espectadores por la incomodidad de ir a la zona, pero creemos que desde ahora habrá una mejora”. 

Rottemberg, Blutrach y el cineasta Juan José Campanella fueron convocados por el Gobierno porteño para una presentación ante la prensa de la puesta en marcha de la Corrientes peatonal.

“Creo que con esta obra la avenida puede volver a ser un paseo, como lo era tiempo atrás. Todos -dueños de teatros, comercios y restoranes- tenemos que levantar la apuesta. Ya se hizo la cancha (por la revalorización de la avenida), ahora hay que armar los equipos para que esto se concrete”, sumó Campanella, quien está construyendo una sala teatral sobre la calle Paraná.  

 

El proyecto de dividir Corrientes y destinar el lado izquierdo a peatones durante la noche y el derecho a transporte público fue anunciado en octubre. Entonces el plan despertó el apoyo de los empresarios teatrales, el rechazo de los dueños de los garajes y algunas dudas de urbanistas.

El jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta comparó la transformación de Corrientes con iniciativas ya implementadas en la Gran Vía de Madrid y Times Square en Nueva York e indicó que el fin es volver a posicionar a Corrientes como una de las grandes atracciones culturales y de entretenimiento de la Argentina y Latinoámerica.  

Dijo: “Acá se combina la mayor concentración de teatros comerciales, una gran red de librerías y una propuesta gastronómica. Años atrás, Corrientes no invitaba a pasear, con la obra la levantamos para que eso se revierta”.  El costo total junto a la mejora de las calles aledañas fue de $ 275 millones.

Dicen que el café porteño es “feo” 

Pilares indiscutibles de la cultura porteña, referencias ineludibles de la Ciudad frente al mundo y punto de encuentro de sucesivas generaciones de porteños, un artículo de la BBC Mundo cuestionó a las cafeterías más tradicionales de Buenos Aires, asegurando que la bebida en pocillo que se sirve es, literalmente, fea.  Así la describe el colombiano Daniel Pardo, corresponsal del medio británico en el país, coincidiendo con una politóloga y un consultor en gastronomía locales.

Según el artículo, “Acá están Tortoni, La Biela y Las Violetas, entre un inmenso portafolio de hermosos espacios; llenos de leyendas, meseros carismáticos y techos altos, pisos dibujados y acabados tallados. Son reliquias históricas de un país que ya no existe: la Argentina potencia de primera mitad del siglo XX. Son de las cafeterías más lindas de América, pero en ellas el café es más bien regular”.  

 

Quien firma la nota se autodefine como “riguroso consumidor de café”, y sin tapujos escribió: “El café que se encuentra en las cafeterías más populares de Buenos Aires es amargo y necesita adición de azúcar o leche y acompañamiento de soda o agua para evitar escalofríos. Es, en una palabra, feo.

Expertos en café y dueños de bares porteños defienden su trabajo. Se basan en que, además de mantener las tradiciones, en muchos casos comenzaron a trabajar para mejorar la calidad del café que sirven. Para eso incorporan nuevas maquinarias, a las que les suman mantenimiento, y hasta baristas expertos para mejorar la calidad de la bebida.

Desde el Tortoni, por ejemplo afirmaron que no solo capacitan a sus empleados; también incursionan en cuestiones que no tienen tanto que ver con el sabor, como el arte latte, que son demandas de los clientes, que se renuevan.  

El asunto es que la nota refiere a las cafeterías más emblemáticas de la Ciudad, las que cargan con años de historia. Y es precisamente esa característica, la que sería culpable de la mala calidad de sus espressos, cortados y ristrettos.

“Lo que explica la paradoja de café malo en cafeterías hermosas, según los expertos consultados por BB, es que allí esta bebida no es el motivo por el cual la gente las visita”, dice la nota.