Opinión Viernes, 17 de junio de 2016 | Edición impresa

Belgrano, Güemes, San Martín

Por Por Lic. Juan Marcelo Calabria - Docente y ensayista

En el año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia en la que destacó la influencia y prédica de nuestros Padres Fundadores, Manuel Belgrano y José Francisco de San Martín, resulta importante resaltar la figura del patriota salteño Martín Miguel de Güemes. Según sostiene el escritor e historiador Dr. Miguel Ángel De Marco: “Pocos fueron en nuestra historia los casos en que seres tan diferentes por su carácter, formación y hábitos conjugaron con tanta coherencia y decisión sus esfuerzos en pos de una causa superior como la de la independencia sudamericana”. 

Belgrano y Güemes coincidieron en las acciones militares durante las Invasiones Inglesas. Mientras Belgrano formó en las milicias urbanas, en el Regimiento de Patricios y bajo el mando de Saavedra y Liniers, Güemes había llegado en 1805 con su Regimiento Fijo de Infantería desde Salta destacándose en la defensa de Buenos Aires protagonizando una inusual hazaña comandando un pelotón de húsares con el que logró la rendición del navío británico "Justina", encallado frente al puerto, en una acción de guerra, como pocas en la historia, en la que un buque es capturado por una partida de caballería.  Mientras tanto, San Martín en España participaba como capitán, en las filas del ejército peninsular en las guerras europeas.

La revolución los encontrará comprometidos con los ideales de Mayo, y en tanto Belgrano ejercía como vocal de la Primera Junta de Gobierno, Güemes comenzaba su acción en el Norte en las primeras acciones militares en la Quebrada de Humahuaca, iniciando su liderazgo de las milicias gauchas en el Ejército del Norte a las órdenes de Juan Martín de Pueyrredón.

Posteriormente será separado del ejército por orden del nuevo jefe, Manuel Belgrano, por problemas privados e indisciplina; regresando al escenario de batalla en diciembre de 1813 a las órdenes del coronel San Martín, quien se hará cargo en enero de 1814 de aquella hueste. 

En esos momentos los “tres hermanos de causa” podrán intercambiar ideas sobre la revolución y zanjadas sus primeras diferencias con el creador de la bandera, Güemes será designado por San Martín general en jefe del Ejército de Observación, encargándole las avanzadas sobre el río Pasaje y luego la defensa de la frontera con el Alto Perú. 

Durante esos días Belgrano, Güemes y San Martín analizarán el rumbo de la revolución, y el creador de la bandera y el Gaucho General convencerán al Gran Capitán de no “hacer camino por el norte”, madurando así el plan de liberación continental desde Cuyo. 

Pronto tomarán caminos distintos siempre ocupados y preocupados por la Libertad de América. Belgrano deberá abandonar su puesto y enfrentar un consejo de guerra por las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma, y una vez libre de culpa y cargo, partirá a Europa en misión diplomática junto a Bernardino Rivadavia. 

Poco antes el coronel San Martín, luego de dejar el Ejército del Norte, asumirá, en setiembre de 1814, la Gobernación Intendencia de Cuyo, confiando a Güemes y sus gauchos la línea del Norte. Un año después, setiembre de 1815, Don Martín asumirá la Gobernación Intendencia de Salta, carteándose asiduamente con su par de Cuyo. 

Hacia fines de 1815 y principio de 1816, San Martín seguirá de cerca el conflicto desatado entre el nuevo jefe del Ejército del Norte, José Rondeau, y Güemes, tratando de influir a través de sus cartas, para que ambos resuelvan sus diferencias y retomen la lucha por la causa de la libertad; finalmente los jefes militares firmarán el “Pacto de los Cerrillos” y aquel desde Cuyo lo celebrará diciendo: “... más que mil victorias he celebrado la mil veces feliz unión de Güemes con Rondeau. Así es que las demostraciones en ésta sobre tan feliz incidente se han celebrado con una salva de veinte cañonazos, iluminación, repiques y otras mil cosas” (carta a Tomás Godoy Cruz).  

San Martín, preocupado por “la unidad de miras” en pos de la misma causa, propiciaba desde su “Ínsula Cuyana” la reunión del Congreso de Tucumán, la pronta Declaración de la Independencia, la elección de otro hermano de causa, Juan Martín de Pueyrredón, como Director Supremo, ponía en pie el Ejército Libertador de los Andes, alentaba a Buenos Aires a concertar la paz con Artigas y los caudillos del Litoral, y proponía a Belgrano para que, una vez más, se hiciese cargo del Ejército del Norte, expresando: “… en caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau yo me decido por Belgrano, este es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural, no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”. 

Belgrano y Güemes escribirán habitualmente a San Martín, y cuando el triunfo de Maipú se dirigirán al Libertador para felicitarlo diciendo: Güemes: “Las armas de la Nueva Nación manejadas por la diestra mano de VE, repiten sus triunfos dando mayor timbre al valor americano, y sirviendo de terror y espanto al orgulloso peninsular. Muy pronto verá este que el estandarte de la libertad flamea aun en sus mismos muros... ya que la suerte no ha querido que al lado de VE tenga mi espada una pequeña parte en la venturosa gloria del día 5 del actual, quiera al menos dar acogida al amor y respeto con que tengo el honor de felicitar a VE y acompañarle desde aquí...”; en tanto que Belgrano le decía: “Nunca se manifiesta el sol con más brillantez y alegría que después de una tempestad furiosa: el azaroso acontecimiento del 19 de marzo en los campos de Talca, le dio palpablemente el último grado de importancia e inmortalidad al venturoso del 5 del corriente en los de Maipú...Circunscribo los plácemes que doy a VE a la extensión de mi característica sinceridad... complaciéndome la infalibilidad, de que la nación en masa, entrando yo en parte, elevará en el centro de su corazón el monumento de su eterna gratitud que inmortalice al héroe de los Andes”.

La amistad entre ellos continuó, pero las tempranas muertes del inigualable Manuel Belgrano, acaecida el 20 de junio de 1820, y del bravo Martín Miguel de Güemes, un año después, el 17 de junio de 1821, dejaron a San Martín solo en la última fase de la guerra por la Independencia. Creo, sin duda, que San Martín sintió al final de su obra la falta de aquellos hermanos de causa que tanto hicieron junto a él por la Libertad de América.