+ Deportes Opinión Martes, 18 de febrero de 2020

Barra bravas: alimentamos "monstruos" con disfraz de ídolos - Por Gustavo Villarroel

Por Gustavo Villarroel

Una vez más coparon todas las pantallas de TV de la República Argentina. Otra vez, los barra bravas, dijeron presente. Sufrió Mendoza con la interna feroz de la hinchada de Independiente Rivadavia y el último domingo, en Mataderos con Nueva Chicago, sucedió lo mismo. Armas blancas, puños, gritos, corridas, sangre. Terror. El flagelo de estos pseudoshinchas no tiene solución. Es imposible erradicarlos del fútbol. Por A o por B, vuelven. Es como si los necesitaramos. Sin ellos, no hay silbatazo inicial.

Con la mano en el corazón, "todos" somos responsable. Nosotros construímos su figura durante décadas. Hoy, les soltamos las manos. 

Entiendáse como "todos" a jugadores, directivos, técnicos, periodistas, hinchas, socios, seguridad, policía, políticos. La sociedad completa. Aún tengo el recuerdo en mi cabeza cuando en el año 1994 se disputaba la primera edición de la Copa de Oro de Verano en Mendoza y llegó la barra de José Barrita. La N° 12. Con apenas 14 años, me acerqué a la popular Norte del Malvinas Argentinas y me sumé a una fila de 100 metros para sacarme una foto con el famoso "Abuelo". Era un ídolo. Firmó más autógrafos que Navarro Montoya o Márcico, máximos exponentes del Xeneize por aquellos tiempos. Absurdo. Hoy, digo absurdo. Por aquellos días, me sentía feliz. 

¿Cuántas veces fetejamos un robo de bandera a la hinchada rival? ¿Cuántas veces aportamos una colaboración para micros, asados, banderas, rifas fantasmas o entradas? En mi caso particular, perdí la cuenta. Porque en inmurables ocasiones, saqué pecho y festejé que la hinchada de mi equipo emboscó a la del clásico rival y lo hizo correr varias cuadras. Y lo festejé como un triunfo. Vos también lo hiciste. Es parte de nuestro folclore fútbolístico. Nacimos con esa tradición errónea.

En la actualidad, gritamos: ¡basta de violencia! y repudiamos todo acto de descontrol y barbarie. Lamentablemente es tarde. Demasiado. Nosotros alimentos a esos mounstros con disfraz de "ídolos". Increíble pero real.

Destruímos nuestro fútbol. Nuestra familia. Nuestra pasión. Nuestra camiseta. El fútbol está enfermo y nosotros no lo supimos cuidar.