Espectáculos Miércoles, 9 de octubre de 2019 | Edición impresa

Azul Fernández: la argentina que se hizo estrella de la noche a la mañana 

Tiene 22 años, casi ninguna historia en el universo de la tele y fue seleccionada para ser protagonista del spin off “Merlí: Sapere aude”.

Por Silvina Lamazares - Especial para Los Andes

Entra al bar con la misma sencillez que, seguramente, podría haber entrado a principios de este año. No debería haber motivo para que cambiara de actitud, pero más de un actor joven que tiene escaso recorrido en la tv argentina y que fue elegido para protagonizar en la tv española volvería de Barcelona con otros aires. Y con otro decir. A los 22 años, Azul Fernández sería la excepción a esa regla. Y no se hace la catalana.

Tiene el pelo corto, al padre viviendo en Junín, a su novio viviendo en La Plata, a su abuela viviendo en San Luis y ella, después de los casi cuatro meses en Europa, volvió al departamento que ocupa en Belgrano. De ahí se llevó una valija con muy pocas cosas para transitar la experiencia de grabar el spin off (un programa derivado de otro, con uno o más personajes que conservan su identidad) de “Merlí”. Fue la argentina elegida para acompañar a Carlos Cuevas (el Pol Rubio del original) en “Merlí: Sapere Aude”, que se estrenará el mismo día en España y aquí.

El 5 de diciembre se podrá ver en la Argentina a través de Movistar Play (servicio de streaming) o del servicio de Movistar TV. Azul será Minerva, amiga de Pol y compañera de estudios en la carrera de Filosofía. Merlí había bajado la cortina en su tercera temporada, con la muerte de su personaje central, el profesor de “Filo” poco ortodoxo, una delicia que muchos querríamos haber tenido en clase (las tres están completas en Netflix).

Con un cortado a mano y la gratitud por la nota, comparte la intimidad del salto importante que pegó en su hoja de ruta, después de sus pequeñas participaciones en “La Leona” y “Campanas en la noche”.

 

-¿Qué estado tenés por estos días?

-Ansiedad total y mucha ilusión. Fue muy lindo formar parte de eso. Era como una familia, muchos de ellos ya venían trabajando juntos y a mí me abrazaron muy rápidamente. Sentía que podía ser difícil instalarme en otro país, insertarme en otra cultura, con otras vivencias, otro idioma... Porque escuché el catalán a toda hora. No lo puedo hablar con fluidez, pero te puedo decir que ya lo entiendo perfectamente. Suena hermoso, tiene una linda mezcla de sonidos.

-Minerva es argentina, pero no meterá el “che” todo el tiempo, ¿verdad? A veces, en la tv española, cuando representan a un argentino, le hacen tirar ese bocadillo cada dos o tres escenas…

-Héctor Lozano (el creador de las dos series) fue muy abierto para que pueda moldear mi personaje sin perder mi idiosincrasia. Y lo del “che”, sí, me parece muy impuesto. No fui por ahí. Al principio decía cosas en catalán, pero se las sacamos porque no salía con naturalidad y eso iba a retrasar.

-En el cierre de la tercera temporada de “Merlí” se lo ve a Pol dando clases, como tomando el legado de su querido profesor…

-Claro, y este spin off es una suerte de precuela de ese final: se lo ve ya egresado del Instituto y cursando en la facultad. Somos cinco los de la pandilla de estudiantes y sólo Pol viene de la historia anterior. Hay otros personajes de la original, en otros roles. Yo la veía con mis amigos, era devota.

-¿Imaginabas estar ahí?

-No, para nada. A ver, en mi ideal capaz estaba, pero además yo pensé que “Merlí” terminaba ahí. Pero como gustó tanto en Latinoamérica (a partir de su llegada a Netflix), que Movistar quiso llevarla a su plataforma y por eso también hay una actriz argentina, uno mexicano y un venezolano.

-¿Cómo llegaste a esas grandes ligas?

-Me llamó mi representante y me dijo: “Te estoy por mandar unas escenas para que hagas un self tape”. Ahora se le dice así a un video que grabás en tu casa o donde quieras y lo mandás. A mí me ayudó una amiga, lo hicimos y listo, no sabía para qué era, sólo que era para España.

-¿Todo muy nuevo para vos, no?

-Y, sí, yo nunca había pensado en estar en la tele. Venía más por el teatro, por la comedia musical, no vengo de un semillero tipo Cris Morena. Jamás hice tiras juveniles.

Una vez, cuando tenía 16 años, estaba ensayando con Julio Bocca, donde yo estudiaba, y fueron de Telefe a hacer un casting. Al tiempo apareció lo de “La Leona” y fue un gran descubrimiento.

-En el video que mandaste, ¿hiciste lo que quisiste?

-No, es un casting a distancia. Te dan instrucciones, tipo “No mires a cámara, que la otra persona esté del otro lado”. Muy simple, pero ordenado. No saber que era para “Merlí” me jugó muy a favor, si no hubiera sido mucha presión. Lo mandé y no esperé respuesta. Dije: “Si el universo quiere que esté ahí, voy a estar. Pero no me voy a quedar pendiente, porque si no me vuelvo loca”. Pasó un mes y mi representante me mostró un audio que le había mandado la representante que ahora tengo allá, en el que decía que estaban interesados en mí, pero que todavía faltaba confirmar. Y ahí recién lo empecé a tomar como una posibilidad real.

Clarín

-¿A esa altura ya sabías para qué había sido el casting?

-Sí, porque antes de ese audio me enteré por una amiga, que un día me preguntó: “¿Vos hiciste el self tape para España? ¿Sabés que es para ‘Merlí’, no?”. “¿Qué?”. Me bajó la presión al toque. Y a las dos semanas confirmaron que había quedado, que tenía que viajar a Barcelona en abril, que iba a estar viviendo allá 3 o 4 meses.

-¿Cómo lo tomó tu papá?

-Se puso a llorar, emocionadísimo. Él también había visto la serie y siempre me apoyó mucho en esto. Cuando cumplí los 15 me dio la posibilidad de elegir el regalo. Le dije que quería ir a Nueva York. Mis viejos siempre me dieron libertad... Mi mamá me llevó a tomar clases de danza a los 7 años, ella bailaba muy bien, y por ahí empecé este camino.

Finalmente, el viaje de los 15 lo hice con mi viejo a los 17 y fue mágico, tomé cuatro clases de baile allá, vi musicales. Después me volví a ir con una amiga, amo viajar.

-¿No extrañás?

-Este tiempo en Barcelona sí que extrañé. Amo vivir acá y si puedo viajar por el laburo, chocha. Por eso dije que sí al toque. El motor es trabajar de lo que me gusta. Fui aprendiendo y ganando experiencia. Cuando llegué a “La Leona” (2016) no sabía siquiera lo que era un guión de tele, no tenía ni idea. Que mi primera experiencia haya sido con Miguel Ángel Solá era para morirse. Y lo de “Campanas...” (se estrenó en enero de este año) ya lo agarré con otro piso. Y ya había hecho “Atrevidas” en cine, de Matías Tapia, una comedia negra muy graciosa.

Con algunas notas en su haber, es del tipo de entrevistado que sabe condimentar las respuestas con color, con anécdotas, con detalles que se agradecen, como cuando cuenta qué se llevó a Barcelona en la valija: “Poca ropa, pensando que podía comprarme cosas allá, pero estaba todo carísimo. Sí me compré unas buenas zapatillas, una buena campera. Me llevé un par de libros, un cuaderno para escribir lo que quisiera, mi computadora”.

 

-¿Fotos de la familia?

-No, no soy tan melanco. Con mi papá me comunicaba muy seguido. Con mi abuela de San Luis no pude tanto, porque no tiene celular. Tuve dos oportunidades de hacer FaceTime (videollamada) con ella, a través de una prima. Y con mi novio (es músico e integra la banda Peces Raros, de rock electrónico) hicimos mucho videochat y luego él viajó 15 días. La producción, que me cuidó mucho, me puso un departamento precioso.

-¿Qué palabra del catalán se te pegó?

- “Una mica”, “una miqueta”, que significa un poquito. Y el “adeu”, que es hermoso. Te dicen “Deu” y es un adiós que suena divino. Pero no es que ahora las digo a cada rato. Cuando estás ahí te sale medio natural un “joder, tía”, o un “ni de coña”. Pero ahora no lo diría. Me parece lamentable esa gente que va un ratito a España y te habla como si fuera español de toda la vida. Ahora empecé a estudiar dicción española, para ampliar el mercado.

La chica que de pequeña decía que “de grande quería ser cajera de Coto, porque las veía hacer de todo a mucha velocidad y bien” ahora intuye dónde está su destino. Se crió en Olivos, “en una casa en la que siempre había música, una casa muy alegre. Siempre sonaban Charly García, Luis Alberto Spinetta, Soda Stereo, Sandro, Los Beatles... Mi papá me enseñaba acordes en la guitarra”.

-¿De dónde salió el Azul de tu nombre?

-Lo sugirió mi papá y a mi mamá le encantó. Puede tener que ver con el blues, género que a él le gusta mucho.

Azul Fernández tiene un estilo colorido por donde se la mire, y la frescura de 22 años vividos con intensidad, entre la música del padre y la danza que le alentó su madre. Y una vocación tan potente que le permitió llegar a la cálida tv catalana. Tiene color y ni una pizca de purpurina.

 

La nueva “Merlí”: del instituto a la facultad

Si bien el gran protagonista de “Merlí” fue Francesc Orella (el profesor de Filosofía que rompía todos los moldes del Instituto Angel Guimera), la otra figura central era uno de sus mejores alumnos, Pol Rubio (Carlos Cuevas).

Ahora, en su versión de “Sapere Aude”, la serie sigue la vida de Pol, ya alumno de la universidad. Sus dos grandes amigos de cursada (y de la vida) serán Minerva (Azul Fernández) y Rai (Pablo Capuz). A esta ficción de 8 episodios se suma la española María Pujalte, que interpretará a la profesora María Bolaño.

De la vieja guardia “merlinesca” quedan David Solans (Bruno, hijo de Merlí), Ana María Barbany (La Calduch, madre de Merlí), Assun Planas (Gloria) y Boris Ruiz, el padre de Pol. Será un volver a vivir, para ellos y para el espectador también.