Editorial Miércoles, 29 de mayo de 2019 | Edición impresa

Apostar a las nuevas tecnologías

El avance tecnológico implica una responsabilidad para todos los sectores dirigenciales. En ellos recae la formación o adaptación.

Por Editorial

Los países del mundo que están creciendo, más allá de tener políticas macroeconómicas sanas, han apuntado a la incorporación de modernas tecnologías. De esta manera han experimentado un notable crecimiento en su productividad que ha venido de la mano del acompañamiento de su sistema educativo. La interacción entre el sistema educativo y el productivo está permitiendo disponer de la masa crítica de recursos humanos, aunque el crecimiento tecnológico es muy veloz y en muchas ocasiones faltan personas capacitadas.

Como dijimos en la editorial de ayer  (a la que continúa y profundiza la presente), Argentina encaró el apoyo hacia este tipo de actividades dictando en 2004 la Ley del software 25.922, cuyo régimen fue extendido por otra ley hasta 2019 estableciendo una serie de estímulos fiscales para las empresas dedicadas a la producción de este tipo de intangibles generándose un importante despegue de empresas que ya estaban en la actividad pero también estimuló la creación de otras nuevas por el entusiasmo de cientos de emprendedores. En consonancia con estas normas, Mendoza adhirió y, además, se creó el Polo TIC, al cual se le asignó un espacio físico en el cual ya están funcionando muchas empresas.

La incorporación de tecnología fue una de las causas que explican la ganancia de productividad de la producción de granos en la Argentina. La primera etapa estuvo centrada en la aplicación a la maquinaria y a la genética agrícola, pero en la segunda etapa ya se han incorporado diversos sistemas tecnológicos con software de avanzada que permite mejorar aún más los controles y la calidad de la producción. No obstante, la nueva etapa implica avanzar mucho más allá ya que las nuevas aplicaciones implican no solo al software sino a las tecnologías aplicadas que lo usan como componente inteligente. En esto se incluyen la robótica, la nanotecnología o la internet de las cosas (componentes inteligentes aplicados a elementos de uso diario que son manejados por internet como heladeras, cámaras de seguridad o sensores remotos).

La Ley de economía del Conocimiento recientemente aprobada en nuestro país busca profundizar el apoyo a las  expresiones que vienen de la mano de las nuevas tecnologías. El presidente de Argencon, la entidad que agrupa a empresas dedicadas a servicios basados en el conocimiento dijo que “esta ley es la partida de nacimiento de un nuevo sector de la economía” y recordó la importancia que esta industria viene teniendo desde la sanción de la primera ley de software.

Estas herramientas plantean un gran desafío para los desarrolladores, las empresas y el sector académico, que es de donde deben salir formados los nuevos profesionales. Vale como ejemplo un sector instalado en la Facultad de Odontología dela UNCuyo, donde los alumnos practican con robots, en los cuales pueden perfeccionarse en prácticas propias de esta profesión, llegando incluso a implantes. Esta es una forma práctica que demuestra cómo el avance tecnológico aplicado a la enseñanza, puede actuar en forma circular respecto de los procesos de gestación de la tecnología. 

Mendoza ha mostrado importantes avances de empresas vinculadas a la producción de software, donde algunas se han internacionalizado y tiene bases de operaciones en varios países. Alguna incluso, se instaló en el corazón de Silicon Valley, pero falta una mayor articulación entre los sectores académicos, productivos y tecnológicos a efectos de avanzar de manera más contundente. Todas las empresas locales necesitan en forma imperiosa mejorar su productividad y la tecnología es una herramienta muy importante. Pero es necesario formar a los gestores que deben utilizarla, gestionarla y entender su función estratégica.

El mundo avanza rápidamente de la mano de la tecnología pero en conjunto crecen los servicios también de la mano de la misma. Esto implica la necesidad de que los trabajadores adquieran competencias digitales y amplitud de mirada para adaptarse a las distintas modalidades que la misma puede generar.