Espectáculos Sábado, 14 de marzo de 2020 | Edición impresa

Andy vs. Mirtha: la guerra continúa

En el fondo se disputan dos formas de conducir, dos contactos distintos con el público e incluso distintas éticas frente a la pantalla.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

Los argentinos somos una cultura que no conoce matices. Al argentino le encantan los bandos y las polarizaciones. En el fútbol, en la política, en la literatura... ¿Y por qué no en la televisión? Si hubiera que hacer el repaso de lo que fue la TV abierta el año pasado, no sería otra cosa que la crónica de un pugilato. O en su defecto, de una pulseada. 

Es que el reino de Mirtha Legrand en las noches de los sábados parecía eterno, hasta que apareció “PH, Podemos Hablar”, el ciclo que los sábados a las 22 conduce Andy Kusnetzoff por Telefe (a la misma hora por Canal 9 Televida). Muchos piensan que el formato del programa del ex CQC vino a darle aire y dinamismo a una cosa bastante esclerosada como es la televisión nuestra de cada día. 

 

¿Pero es en realidad una pulseada? “PH”, que desde hoy transita ya su cuarta temporada, gustó y ganó. De eso ya no hay dudas, y cualquier intento de Mirtha para competir de igual a igual es una ficción más de su canal. La última emisión de “PH” del 2019 midió 10,2 puntos, mientras que su contrincante de El Trece rasguñó los 5,2 (una de las peores de la historia del ciclo). 

Este año, seguramente se repetirá la tendencia, reanudando el round de cada noche de sábado. Lo iban a hacer el pasado 7, pero por la definición de la Superliga se pospuso: “PH” aplazó su comienzo hasta hoy y Mirtha reanudó recién en la mesaza del domingo, un segmento en donde (todavía) reina de una forma indiscutida. 

 

Sobre esta disputa por el rating, Kusnetzoff le dijo a Télam: “Uno no puede escaparle al rating porque es una manera de ver si al programa le va bien o no. Pero hay algo más importante que es si es un buen programa de televisión o no. Si el programa es bueno tiene un público que lo acompaña, entonces trato de prestarle atención a todas esas cosas. El minuto a minuto siempre está presente, no te voy a mentir pero me voy dando cuenta por dónde pasa el programa según cómo le va yendo y ahí vamos”. 

Y sí: ese halo de diplomacia es lo que también conquistó al público del prime time sabatino. Así como alguna vez Marcelo Tinelli y Mario Pergolini personificaron las antípodas de una forma de hacer entretenimiento en la TV, por estos días esa disputa parece ser encarnada por la diva de los almuerzos y un exnotero que destacó por su sagacidad en uno de los programas íconos de la transición de siglo. 

 

Cuestión de estilos: porque lo que diferencia a las mesas de Mirtha Legrand y Andy Kusnetzoff no es solo la evidente cuestión generacional. Cada uno encarna un estilo; cada uno  tiene una idea diferente sobre cómo entretener a los argentinos. 

Una rehén de la grieta

La primera diferencia tiene que ver con eso que nos viene dividiendo hace años: la grieta. Aunque ambos expresaron sus deseos de tener al presidente Alberto Fernández sentado enfrente, las connotaciones ideológicas son bien diferentes en cada pantalla. Mirtha, confesa simpatizante de la gestión anterior, tuvo que vencer sus propios demonios para acceder a la idea de invitarlo. Pero Fernández le dijo que por el momento no, y no cualquiera desaira a una diva. 

 

La Chiqui, por su parte, había intentado matizar su postura política la semana pasada: “[Al país] lo veo recorriendo un camino de esperanza”, dijo en una charla con Crónica. Y esta noche, en una actitud que podría interpretarse como despecho explícito, Mirtha tendrá un mano a mano exclusivo y a solas con Jorge Lanata. ¿La beneficiará este año seguir presa de la grieta?  

Kusnetzoff, en cambio, se pronunció así: “Me gustaría tener al Presidente, por supuesto. Ha venido a ‘PH’ antes de ser Presidente. Pero sí, hay que hacer un equilibrio, muchas excepciones no hicimos. Muchos invitados no han venido porque preferían entrevista individual, el formato es entrevista grupal que tiene que ver con la energía de personas diferentes. Obviamente hay excepciones, como un presidente, así que hay que ver la forma. Ojalá se dé, me gustaría tenerlo”, expresó con templanza. 

 

Dos formatos, dos eras

Y es una diferencia fundamental: ¿hasta cuándo tendrá vigencia un programa que repite la fórmula hace más de 50 años? Dicen que el hombre es un animal de costumbres, pero 50 años es casi una vida. Mirtha Legrand es toda una institución de la televisión argentina, pero a las audiencias más jóvenes que se acercan a la “caja tonta” eso les interesa bien poco. 

En cambio, “PH” tiene un formato mucho más dinámico que la solemne imagen de un conjunto de personas sentadas en una mesa. Desde el principio, con la ronda de diez preguntas “incómodas”, se intuye el relax. Y a eso se suman segmentos, como la asociación de palabras, que ayudan a conocer a los invitados bajo otra luz. En el estudio de El Trece, en cambio, asistimos a charlas remanidas, domésticas y la mayoría de las veces intrascendentes. La intuición de Andy Kusnetzoff como conductor es otra clave. 

 

El pez por la boca muere

Lo que es una marca registrada de la diva de Villa Cañás podría ser, justamente, uno de sus talones de Aquiles: ¿sus “preguntas incómodas” no le vienen causando más críticas que elogios en los últimos años? Lo que antaño era un cambio en el timing, un momento picante y a veces hasta simpático para escalar en las mediciones, en la era del streaming y del archivo esas preguntas son vistas como balas de sadismo, crueldad y anacronismo, que a menudo dejan a Mirtha desnuda en sus propios prejuicios y falta de empatía. 

El domingo pasado, sin ir más lejos, ella no supo reaccionar, ni ocultar su “sorpresa”, cuando el cineasta Marcos Carnevale le dijo que estaba en pareja con otro hombre. ¿No hay cosas que ya pertenecen a un pasado lejano y pisado?

 

¿Y del otro lado qué hay? Un conductor que no fuerza la intimidad de los invitados y que, con esa honestidad, logra las confesiones íntimas más explosivas. 

En la entrevista a Télam mencionada, apuntaba: “Me meto en temas donde el grupo haya hablado, quizás en una nota chiquita o algo pero no me meto en la intimidad sin permiso. Todas las intimidades que toco son cosas que he visto y después hay preguntas que no hago. También hay maneras de ver si al invitado le incomoda o no, en las respuestas o en la mirada, y se trata de ir mirando eso. Por lo menos a mí no me interesa la vida privada que no quiera contarme. Yo hago preguntas y el formato contiene eso, el que no quiere compartir que no comparta. Uno trata de no hacerlo sentir incómodo y que quiera compartir lo que quiera compartir”.