Espectáculos Sup. Cultura Sábado, 8 de septiembre de 2018 | Edición impresa

Aguante la ficción - Por Pilar Piñeyrúa

Por Redacción LA

No se culpe al río

No se culpe al río, ni al torrentoso ni al grande como mar. No se lo culpe por los cuerpos que recibió, los que depositó en las orillas, los que acunó para siempre / no se lo culpe por el cuerpo perseguido, ocultado, negado. No se lo acuse de borrar huellas ni de correr a la inversa.

No se culpe al fuego por los hornos, ni al viento por los genocidios, ni al frío por la miseria, ni a la tierra por los desaparecidos
No se culpe al tiempo por la indiferencia, ni a los lugares por la complicidad, ni a la sangre por la muerte. Ni siquiera se culpe a la muerte por la maldad, ni a la lluvia por el derrame.

Júzguese y cúlpese a los cómplices, a los indiferentes, a los desaparecedores, a los asesinos, a los explotadores, encubridores, perversos. Volverá la historia y será justicia.

Octubre 2017

¿Quién patea?

En aquel tiempo todavía no me había consolado con la certeza de que es imposible acabar con las hormigas porque siempre se reconstituyen. Sin ese bálsamo, una tarde empecé a sentir que formaba parte de un hormiguero pateado. No había dinero, no había trabajo, no había gobierno en todo el país. Eso, que en teoría podría ser un paraíso, se había convertido en un pantano (ya se sabe que los paraísos sólo prosperan en estampitas). La imagen me desvelaba, me invadía, me separaba de mis congéneres (¿cómo identificarse con una hormiga?). 

De la angustia salí encerrada. Me refugié en libros viejos. Hojeando y ojeando, me encontré con un haiku criollo, donde en nueve palabras el escritor había logrado encontrar el sentido de la revuelta. Algunas de esas nueve palabras eran "ardió", "relojes", "rodados". También podrían haber sido "decíamos" "linda" y "revolución". O "aurora", "desierto" y "alguien".

Pasó el tiempo. Años. Para nuestro cansancio y nuestro alivio, volvió el dinero, volvió el trabajo y volvió otro gobierno. De la felicidad no hablemos, y a la revuelta todavía la estoy esperando. Pero ya sé que ésta nunca será una hormiga pataleando hacia el cielo.