Espectáculos Sábado, 20 de abril de 2019 | Edición impresa

Adrián Sorrentino: el único exponente del estilo parisino o berlinés

El multifacético artista cumple 30 años haciendo café-concert, un género que tuvo un pasado portentoso.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

Qué anécdotas le han dejado tres décadas de caféconcert a Adrián Sorrentino? Muchas, pero recuerda especialmente una: ese show en Costa de Araujo donde compartió la escena con un inesperado perro, que pasó, se echó y decidió quedarse a sus pies durante los 50 minutos del show: “Ahí descubrí que uno puede actuar en una sola baldosa sin moverse”, se ríe.  

Con el correr de los años, Sorrentino se volvió una excepción de la escena local. Un sol que brilla solo, en su particularidad y su expertise. Un genio que hace lo que no hace nadie más: el café-concert, que exige la metamorfosis y la multidisciplina.  

Pero Sorrentino (Premio Hugo en 2017 como Mejor Intérprete Masculino, por su atronadora madre superiora en “SORPresas”) se volvió notable no solo por su talento, sino también por el boca en boca de su público enamorado.

 

Lo ha visto en “Divino diván”, “Noches de concert”, “Muselina. La vida es un cabaret”, “La cuñada (y mucho más!)”, “Pastiche” y “Picado fino”, entre muchos espectáculos más, saboreados lentamente en espacios como el Lobby Bar.

Las tres décadas, por supuesto, merecían algo especial, y decidió festejarlos en dos noches en el Teatro Tajamar, hoy y el sábado que viene.  

Los lejanos ‘70

Cuando Sorrentino empezó a cultivar el café-concert, todavía vivía el actor, director y escritor Héctor Fernández Leal, quien era el rey indiscutido del género en Mendoza: era el pionero, casi el único y, definitivamente, el mejor, desde su debut en 1974.  

Por ese entonces, el café-concert (un género que reúne poesía, baile, canciones, sátira y sketches unidos por un monólogo) había cobrado una forma especial en Mendoza. Aquí se acentuaba la poesía y las temáticas psicológicas, más que la parodia de la actualidad o la protesta política y social, como destaca Cecilia Gava en el capítulo mendocino de “Historia del Teatro Argentino”.  

“Un hombre que somos dos”, “Tiempo feliz” y “Personalidad” son algunos de esos viejos shows que Fernández Leal dejó en la retina de muchos espectadores en el año 1977, cuando fue todo un suceso. Llegó incluso a institucionalizar la risa: en el llamado ciclo de los jueves, en la Sala Down, el café-concert se vivía con diferentes elencos y personalidades de aquel entonces.  

 

De hecho, el género atraía tanto a los mendocinos que incluso se creó una sala especial para albergar este formato: la sala Máscaras, obra del empresario Bruno Turello.

En ocasión de su apertura, un actor se lamentaba en la edición del 31 de agosto de 1977 de Los Andes: “Si la piqueta del progreso ha destruido y sigue destruyendo los teatros, los actores con el apoyo de gente de buena voluntad, como el señor Turello, tenemos que reconstruirlos, aunque más no sea partiendo desde un subsuelo como en este caso”. Nada que el tiempo haya sanado. 

Sorrentino tomó la posta

Fernández Leal falleció el 23 de noviembre de 2001 y dejó en la escena mendocina muchos espectáculos memorables: “Homenaje a la sonrisa”, “Ensayo general”, “Domingo”. Además, entre sus personajes más queridos estaban “La gallega”, “Doña Tota”, “El Presidente” y “El Astronauta”. Se enorgullecía de haber llenado alguna vez el Independencia, tanto adentro como afuera en la vereda.

 “Creo que pasaron muchos años para que yo me formara como artista, para animarse a hacer algo próximo a lo que hacía él. Como lo fueron otros que han trabajado en el café. Si bien he tomado clases con Gladys Ravalle y otros, el referente más importante para mí es el Flaco Suárez, por su vínculo con la gente. Siendo su espectador aprendí muchísimo. No sé si soy el único exponente, pero sí soy el único que lo hace en el estilo parisino o berlinés”.  

 

Adrián Sorrentino no lo dice, pero nosotros podemos entender por qué el café-concert se convirtió en su género de cabecera: ahí también encuentra él la posibilidad de unir sus diferentes talentos, que van desde la poesía al tap. Sorrentino aprendió de todos: Niní Marshall, Jorge Luz, Carlos Perciavalle, Antonio Gasalla, Enrique Pinti, Edda Díaz y también Batato Barea, un mito del off porteño.  

Por Sorrentino podemos entender que el café-concert es un género que no se agota, que es dinámico y puede encontrar nuevos lenguajes.  Como vaticina él, llegará alguien que tome su flama, que le aplique purpurina y encare otras metamorfosis sobre la escena de algún bar.

Sepa más

Adrián Sorrentino celebra 30 Años de Café Concert

Día y hora: Hoy sábado 20 y 27 de abril, a las 22.

Lugar: Teatro Tajamar (Paseo Alameda 1921)

Entrada general: $200.  

Reservas al  155-535807.