Espectáculos Sup. Cultura Sábado, 20 de abril de 2019 | Edición impresa

Abstractos y diabladas: dos muestras imperdibles en la Stoppel

La genial visión abstracta de Marcelo Bonevardi se une a la figuración naïf de Benicio Núñez, quien ilustró “El Fausto Criollo”.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

Una nueva muestra abrió el martes pasado en el Museo Carlos Alonso - Mansión Stoppel. El Espacio A del edificio fue destinado a dos muestras pertenecientes nuevamente a la Fundación Alón, una de las más importantes que trabajan en la conservación y difusión del arte argentino, que preside Jacobo Fiterman, uno de los fundadores del ArteBA.  

Esta vez, recibe una muestra representativa del arte de Mar celo Bonevardi, más las ilustraciones que Benicio Núñez hizo para “El Fausto criollo”, de Estanislao del Campo. El Museo continúa así, luego de las muestras de Carlos Alonso y Juan Carlos Castagnino, mostrando las obras claves de la literatura ilustradas.

 

“Siempre he creído que la ilustración acerca a la lectura de la obra desarrolla la imaginación y acerca al público a la lectura. En particular esperamos que esta publicación sirva para aproximar a los jóvenes a la lectura y conocer a un gran escritor y a un ilustrador eximio”, escribió Fiterman al respecto.  

Benicio Núñez (1924-1992)  

Corría el año 1966 cuando el Centro Editor de América Latina, esa gran plataforma democratizadora del libro, dio a conocer su edición de “El Fausto Criollo”, poema fundador de la literatura gauchesca.  

Para ilustrarlo, convocaron a Benicio Núñez, quien acudió a figuras de total simpleza, colores saturados, trazos inseguros que pueden parecer infantiles e incluso naïf, con trasfondos de ironía.  

Benicio Núñez. El ilustrador de “El Fausto Criollo” para el Centro Editor de América Latina. | Orlando Pelichotti / Los Andes

Núñez, quien fue conocido en el hervidero cultural posdictadura y que hoy cayó injustamente en un discreto olvido, encontró en esa figuración despojada y chillona la forma de representar la imaginería de Estanislao del Campo. Que dice algo así: “Fausto. Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta Ópera” es el título original del libro, y sintetiza bien de qué trata. Anastasio le cuenta a Don Laguna cómo, un día de paso por la ciudad de Buenos Aires para cobrar una deuda, entra al teatro (en ese entonces no era aún el Colón).

Se encuentra con una representación del “Faust” de Charles Gounod y la visión de la historia, en especial la aparición del diablo (Mefistófeles), cobra tanta fuerza para él que la cree realmente cierta. Es un “topos” muy común no separar el teatro de la vida, pero Estanislao del Campo se refería especialmente a otras cosas: al gaucho como un sujeto inocentón.

Orlando Pelichotti / Los Andes

La narración sitúa este hecho en 1866; es decir, cien años antes de que Núñez lo ilustrara. El siglo, sin embargo, lo retó a ser actual. Él, un autodidacta que se había criado entre una estancia correntina y un campo en Entre Ríos, bebió toda la mitología mesopotámica y conservó esa sensibilidad. ¿La sensibilidad para pintar mito y realidad? No. Mejor dicho, la sensibilidad para ilustrar el realismo mágico rural. Lo fantástico y el cotidiano como una misma argamasa compacta.

 

Como el Pombero o el Lobizón, el diablo hace su aparición con colores pregnantes y fisionomía seductora aunque teratológica. Su diablo tiene cuernitos simpáticos, un flequillo que parece corona (o al revés) y manazas bamboleantes. Puede reír, ser simpático y tener barba puntiaguda como un compadre. Puede parecer la síntesis de un diablo y un payaso. Así de atractivos, fatales y pícaros son los seres que habitan nuestras infancias.  

Orlando Pelichotti / Los Andes

Marcelo Bonevardi (1929-1994)

Cuando viajó a Italia, en 1950, reafirmó su camino: ser pintor ante todo. Y además, abandonó la figuración, poniendo toda su atención e investigación en lo no figurativo.

Poseedor de una gran sensibilidad espiritual, Bonevardi se inclina a la abstracción y el primitivismo, técnicas que lo ayudan a tomar vuelo en la joven vanguardia newyorquina, adonde viajó con una Beca Guggenheim y donde se hizo de cierta fama. De hecho, sus obras están en la mayoría de los museos de arte moderno de esa ciudad.  

La muestra que recaló en la Stoppel reúne, entre otras, piezas de los años ‘60. De acuerdo a su infatigable afán de experimentar, prefería rotularlas “pinturas-construcciones”.

Alta sensibilidad. La obra de Bonevardi se caracteriza por la inclinación a la abstracción y el primitivismo. | Orlando Pelichotti / Los Andes

Y con sentido, puesto que en ellas explora las texturas, revistiendo y cosiendo telas sobre madera y aplicando encima figuras geométricas. Luego, en los ‘70, trabajará más sobre el espacio tridimensional y desmarcará el tradicional espacio rectangular. Establece así nuevos límites: irregulares, expansivos.  

Entre las piezas, destaca Fiterman que están “Astrologer´s Table”  (junio de 1964) y “Exagram” (mayo de 1969). La fama de Bonevardi no ha disminuido y, como decíamos, sus obras están en los principales museos de todo el continente.

 

Entre sus distinciones están el premio Platino de la Fundación Konex en 1992 y el Diploma Konex en 1982. En 2006, la Fundación Alón realizó una notable exposición, que sirve como antecedente a la actual. En ese marco, catalogó las piezas que conserva de él y que demuestran su versatilidad técnica: óleos, ensamblajes de escultura y pintura, dibujos y grabados.
 

Orlando Pelichotti / Los Andes

Las visitas

En el Museo Carlos Alonso - Mansión Stoppel (Emilio Civit 348).

Las entradas tienen un valor de $50 para público en general y $30 para estudiantes y jubilados.

Los martes la entrada es gratuita. Grupos de más de 10 personas, solicitar turno de visita a museoalonsomendoza@gmail.com.

Horarios: de martes a domingo de 10 a 19.