Espectáculos Domingo, 16 de diciembre de 2018 | Edición impresa

A cantar: el musical renace y le hace frente a los superhéroes

Los estudios apuestan por las coreografías y canciones pegadizas no para acumular estatuillas, sino porque van al compás de las ganancias.

Por Nicolás Nicolli - nnicolli@losandes.com.ar

No hace falta una encuesta para verificar que los musicales no son la opción predilecta por los espectadores. Ni siquiera es fácil acceder a ellos de manera cómoda: el catálogo de musicales es el más pobre de Netflix, por ejemplo. Sin embargo, en la pantalla grande, la tendencia está cambiando y los estudios invierten en producciones con pegadizas melodías y bailes. Y no por ser políticamente correctos o acumular estatuillas, sino porque van al compás de las ganancias, que ahora están a la par de algunos tanques de superhéroes.

 

“La La Land”, de Damien Chazelle, es la nave insignia de este renacimiento moderno del musical hollywoodense. El público le dio su “aprobación” y le aseguró US$ 441M de recaudación, algo impensado para una propuesta inspirada en los años dorados de los ‘30 y los ‘40. El fenómeno se materializó aún más cuando la Academia le dio 14 nominaciones (6 ganadas), un récord a la altura de “Titanic” (1995).

Ignorando aquel histórico error de sobre en la ceremonia, no había conversación en la que no se alabara la química entre Emma Stone y Ryan Gosling, la cautivadora banda sonora de Justin Hurwitz, los impecables planos secuencia o el divisivo (pero efectivo) desenlace. No sorprende entonces que se hayan multiplicado las apuestas por los musicales y que alguno irrumpa entre los filmes más taquilleros del año.

 

La cuarta versión de “A Star is Born” arrastraba cierta expectativa por el protagónico de la siempre loable Lady Gaga, acompañada por Bradley Cooper, en su debut como director. El actor quería alejarse de las comedias que lo llevaron a la fama y seguir con su redención compuesta por “Silver Linings Playbook” (2012), “American Hustle” (2013) y “American Sniper” (2014). En paralelo a figurar en las listas de lo mejor de 2018, el drama musical ya obtuvo cinco nominaciones a los Globos de Oro y nueve a los Critics Choice Awards.

A Star is Born

Previo a sus condecoraciones en los Oscars, sumó US$ 370M de taquilla. El de Gaga y Cooper casi es el musical más visto del año, ya que en noviembre “Bohemian Rhapsody”, la biopic de Freddie Mercury, le quitó el título, reanimó el mito de Queen y sedujo a fanáticos y extraños por igual. Y aunque quedarán las ganas por saber qué hubiera realizado otro cineasta sin seguir al pie de la letra la biografía de Wikipedia, la película ya superó los U$S 600 millones.

En Argentina, el fervor fue inesperado: más de 1,2 millones de espectadores la vieron (#8 en el ranking de 2018, según Ultracine) y encabezó el podio durante cinco semanas. Más allá de las animaciones de Disney, no hay antecedentes de semejante devoción, ya que ni “Gilda, no me arrepiento de este amor” (2016) ni “El Potro” (2018) se acercaron a la cifra (922 mil y 507 mil espectadores, respectivamente).

 

La del ícono de rock no es la única biografía. El año pasado, “El gran showman”, basada en el artista circense P.T. Barnum, recaudó US$ 434M y se coló en los Globos de Oro y Oscars. Producida también por 20th Century Fox, el soundtrack estuvo 11 semanas consecutivas en el tope de ventas de Reino Unido, algo que en la historia reciente solamente logró “21” de Adele. Su impacto fue tal que el propio Hugh Jackman -protagonista- anunció una gira de conciertos por Estados Unidos y Europa para 2019.

El actor australiano también formó parte del elenco de la última adaptación de “Los miserables” (2012), junto a figuras como Anne Hathaway y Russell Crowe. La cinta basada en la novela de Víctor Hugo marcó el puntapié de la resurrección de los musicales en Hollywood. Recaudó más de US$ 441M y recibió ocho nominaciones al Oscar, incluyendo la de mejor película, categoría en la que el último musical destacado había sido “Chicago” una década atrás.

 

Sin las ganancias de las anteriores, también sobresalieron “Mamma Mia” (2008) -y su precuela/secuela de 2018-; “Jersey Boys” (2014), que adapta a The Four Seasons; y “Straight Outta Compton” (2015), que expone el ascenso y caída del grupo de rap N.W.A. En clave teen pop, la trilogía “Pitch Perfect” (2012-2017) ocupó el espacio que dejó “High School Musical” (2006-2008).

Para 2019 hay dos musicales que auspician jugosos ingresos, porque sus riesgos son nulos. Primero, la secuela “Mary Poppins Returns” (24 de enero), con Emily Blunt como sucesora de la inolvidable Julie Andrews. Ya se ganó el elogio de los críticos estadounidenses y varias nominaciones en esta temporada de premios. Para su apertura doméstica, los analistas anticipan US$ 70M, cifra similar a la del lanzamiento de otros éxitos recientes de Disney como “Zootopia” y “Maléfica”.

Mary Poppins. La nueva versión estrena en enero.

Otro ídolo británico resurge, esta vez interpretado por Taron Egerton (“Kingsman”). Es Elton John, cuya biopic titulada “Rocketman” (30 de mayo) es capitalizada por Dexter Fletcher, el mismo que culminó “Bohemian Rhapsody” cuando Fox echó Bryan Singer por ausencias en el set, en medio de denuncias por abuso sexual.

Quizás el éxito radique en una simple cuestión de empatía. Todos tenemos algo de Ally Maine, que aguarda ser descubierta en el bar más recóndito de la ciudad. O de Sebastian Wilder, que no encuentra dónde compartir su pasión por el jazz. 

A la espera de lo que depare el destino, al menos podemos reflejarnos en ellos.

 

Una que sepamos todos

Las películas musicales nacieron en la década del ‘30, mientras se erigía el Hollywood de oro. En un contexto socioeconómico complicado por la crisis y los conflictos bélicos, el escape al alcance de todos los bolsillos era el cine. Las historias de amor vencían al abatido humor social y las coreografías caleidoscópicas de Busby Berkeley fascinaban al público.

La hoy casi extinta Metro Goldwyn Mayer estaba detrás de varias apuestas. “La calle 42” (1933) hizo historia al ser nominada en los Oscars como mejor película. Una sucesiva de títulos marcarían a la época: desde “El mago de Oz” (1939), pasando por “Meet Me in St. Louis” -del gran Vincente Minnelli- (1944), hasta “Cantando bajo la lluvia” (1952).

Judy Garland protagonizó en 1954 “A Star is Born”, mientras que en los ‘60 Julie Andrews desplegó su enorme carisma en “Mary Poppins” (1964) y en “La novicia rebelde” (1965).

Con el correr de los años, las grandes figuras perdieron peso y sobresalieron películas como “Jesucristo superstar” (1973), “Grease” (1978), “All That Jazz” (1979) y “Annie” (1982). Recién en los ‘90, con la animada “La bella y la bestia” (1991) y “Evita” (1996), el musical tuvo su revancha. 

Pero fue “Moulin Rouge!” (2001) la que desató la fiebre una vez más. 

Protagonizada por Nicole Kidman y Ewan McGregor, devolvió el espíritu parisino de principios del XX mezclado con reversiones de temas pop, casi rozando el kitsch. Con resultados similares, le siguió “Chicago” (2002), con Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones y Richard Gere, que ganó el Oscar a mejor película y acabó con 35 años de mala racha (“Oliver!”, de Carol Reed, había sido el último musical en ganarlo). El camino estaba signado.