Opinión Sábado, 17 de agosto de 2019 | Edición impresa

A 169 años del paso a la inmortalidad del Padre de la Patria - Por Manuel Alberto Pizarro

Por Manuel Alberto Pizarro - Juez de Cámara

Al cumplirse el ciento sesenta y nueve aniversario del fallecimiento del General José Francisco de San Martín me permito compartir estas sencillas reflexiones acerca de aquel hombre al cual con justicia reconocemos como el Padre de la Patria. 

Muchas veces cabe preguntarnos cuanto conocemos de la persona del Libertador, pues resulta fácil a la memoria recordar su nacimiento en Yapeyú Provincia de Corrientes, su partida a España, su regreso a la patria, el combate de San Lorenzo, el cruce de la cordillera de los Andes, Chacabuco, la un tanto olvidada Cancha Rayada, Maipú, el Perú, Guayaquil y su obligado exilio. 

Es decir aquellos acontecimientos que resultan imbuidos en la conciencia colectiva y que son de fácil acceso a la memoria, y me permito condensarlos aquí parafraseando los versos de la Marcha de San Lorenzo en cuanto refiere “…   sonidos de corceles y de aceros… ”. 

Entonces cabe preguntarnos, José de San Martín, un militar de carrera, un estratega que logro vencer en batallas decisivas a un ejército, el español que en sus mochilas contaba más de mil años de antigüedad y lo hizo con hombres que conformaron un ejército de no más de diez a veinte años de su origen y formación, ese genio militar, ¿tuvo un pensamiento político y si lo tuvo cuál fue? 

Sin lugar a dudas, el ejercicio de la Gobernación Intendencia de Cuyo implicó un cargo político y desde allí su influencia sería decisiva sobre el Congreso de Tucumán para la Declaración de la Independencia. 

Pero éste  no sería el único cargo político que ocupó el Libertador, luego de declarada la independencia de Chile se le ofrece el cargo de Director Supremo de aquel país y no lo acepta ocupándolo su compañero de armas y amigo Bernardo de O´Higgins, y será el Perú en el cual desarrolle nuevamente su faz política cuando se desempeñó como Protector. 

Sin embargo su pensamiento y su accionar también estuvieron dotados de lo que sin temor a equivocarnos conceptualizamos como grandeza política; el 13 de marzo de 1819 le escribe a Artigas: “…  cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón. Paisano mío, hagamos un esfuerzo, transemos todo, y dediquémonos únicamente a la destrucción de los enemigos que quieran atacar nuestra libertad. No tengo más pretensiones que la felicidad de la patria. En el momento que ésta se vea libre renunciaré el empleo que obtenga para retirarme; mi sable jamás se sacará de la vaina por opiniones políticas… ”.

Como  vemos la decisión inquebrantable de San Martín lo lleva a adoptar otra decisión política, su voluntario exilio y a la vez dota al ser nacional de su mayor legado. 

Así el 10 de febrero de 1824, junto a su hija Mercedes el General José Francisco de San Martín, Generalísimo de los Ejércitos del Perú, Capitán General de los de Chile y Capitán General del Ejército de los Andes, embarcaba rumbo a Europa en el navío francés Le bayonnais, nunca más pisaría el territorio de nuestro país. 

Los restos de aquel hombre al que con justicia llamamos el Padre de la Patria fueron repatriados 30 años después de su paso a la inmortalidad.