Sociedad Domingo, 17 de mayo de 2020 | Edición impresa

A 10 años de la rateada mendocina de la que habló el mundo

Hace una década, el estudiante Hernán Griffouliere convocó a una sin cola masiva a la que se adhirieron unos 5.000 adolescentes

Por Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

“Hagamos la gran rateada menduca” era el nombre que ostentaba un grupo de Facebook cuando llegó el célebre 30 de abril de 2010. Si bien la red social ya había cumplido seis años en el mundo, por aquel entonces estaba en pleno apogeo de masificación en Argentina. Y ese viernes marcaría un antes y un después, al menos en Argentina. 

“No siempre había tenido ese nombre. Al principio le había puesto: ‘¿Quién nunca se ha rateado?’. Pero se lo cambié. El grupo llegó a tener 12.000 personas”, rememora, 10 años después, Hernán Griffouliere (27). 

 

El joven, de 17 años ese viernes, no sólo pasó a la historia como el administrador de un simple grupo de Facebook, sino como el organizador de -literalmente- “la gran rateada menduca”: calculan que entre 3.000 y 5.000 adolescentes de todas las edades y de toda la provincia faltaron a clases ese día y, en distintos momentos, pasaron por la Plaza Independencia.

Medios nacionales y hasta la BBC en Londres y la televisión francesa se hicieron eco del hecho. Y hasta Facebook encontró en la provincia y a raíz de este episodio su primer fallo judicial para dar de baja todos los grupos “creados o por crearse” por menores de edad y en los que se promovieran actividades que pudiesen resultar peligrosa.

 

La madre de todas las rateadas

“Después de 10 años me sorprendo mucho todavía por lo que pasó. Nunca hubo nada igual. Fueron los primeros momentos de las redes sociales y no habían explotado del todo aún”, rememora Hernán a Los Andes. 

El joven se recibió de técnico universitario en Enología y está con la tesis de licenciatura en proceso. Tiene su propio emprendimiento de aceite de oliva, elabora vino y trabaja en la finca de su padre. “Todavía tengo los recortes que guardó mi mamá de los diarios de ese momento. Mi papá al principio me quería matar, pero después ya se reía de la situación y también tiene todo guardado”, recuerda Griffouliere, quien tiene una hija de 6 años. “Mi mamá dice que los guarda para mostrárselos a mi hija. Si en 10 años ella viene y me dice que va a hacer una gran rateada, le diría que la haga. Mientras no sea nada riesgoso”, reflexiona Hernán, quien agrega: “No me arrepiento de nada”.

 

Una repercusión inesperada

En 2010, Hernán trabajaba haciendo relaciones públicas en boliches de Mendoza. Por esto mismo es que administraba y creaba diferentes grupos, para compartir información e invitaciones. “Lo hacía para llegar a más gente. Entonces el objetivo era inventar cualquier tema que llamara la atención. Así fue como se me ocurrió crear ‘¿Quién nunca se ha rateado?’, y la gente se fue sumando”, reconstruye Hernán sobre el comienzo del que fue el primer grupo de Facebook mendocino que alcanzó tanta trascendencia.

Cuando ya tenía sus 12.000 miembros, fueron sus mismos integrantes quienes fijaron la fecha de la “sin cola”. “Hice una encuesta y la gente eligió el 30 de abril y la Plaza Independencia como punto de encuentro”, rememora Hernán, quien estaba en el último año del secundario en la escuela Ingeniero Julio Krause (Luján). Una semana antes del Día D la noticia empezó a correr. 

 

Hernán cursaba en el turno mañana, y el viernes 30 de abril él y todos sus compañeros se reunieron en la puerta del colegio minutos antes del ingreso. 

“En vez de entrar a clases, nos fuimos a tomar un micro para ir al centro. Éramos 30 personas. Íbamos llegando al centro y vimos un montón de gente en la calle. Pero no eran adultos, eran chicos. Y nos llamó la atención porque a esa hora no solía haber muchos chicos, tenían que estar en clases. Cuando llegamos a la Plaza Independencia, era una locura: llena de chicos”, evoca el futuro licenciado en Enología. “Durante todo el día pasaron adolescentes que se reunían y hacían la suya. En horario del turno tarde, los chicos que tenían que ir a la escuela también estaban ahí”, reconstruye Griffouliere. Y agrega, aún sorprendido, que la noticia llegó a estar un mes en los medios de todo el país.

 

El hecho terminó en la Justicia

Durante los días posteriores al 30 de abril de 2010 prácticamente no se hablaba de otra cosa. Otros adolescentes mendocinos intentaron repetir la convocatoria -aunque Hernán y sus amigos se “abrieron” de la misma- y los artífices de la primera rateada se pusieron al frente de algunas invitaciones solidarias, que tenían la idea de demostrar que nunca había de por medio intenciones maliciosas.

“Nunca hubo ningún reproche de nadie. Algunos profesores sí se preocuparon por darnos charlas a todos en la escuela, sobre responsabilidad y sobre la importancia de cumplir ciertas normas. Pero nunca nadie me reprochó nada”, reconoce Hernán.

 

El ruido llegó también al ámbito judicial. A principios de mayo de 2010, el juez Alfredo Dantiacq Sánchez -quien integraba el Segundo Juzgado Civil y Comercial- ordenó que se dieran de baja los grupos creados por menores de edad. Ante esta solicitud, los abogados de la empresa Facebook en Argentina consideraron que la Justicia no podía intervenir ni impedir la creación de grupos en esa red social que todavía medía sus alcances, hoy mejor conocidos.

"Ese día me cambió"

En su esencia, Hernán Griffouliere dice ser siendo aquel adolescente que convocó la rateada más grande de la historia en Mendoza. Incluso, hasta sigue manteniendo -y trabajando con él- su perfil sociable y de “entrador”.

"Autor intelectual". Hernán Griffouliere hoy es enólogo.
 

“A mí me cambió mucho ese día. Después empecé la facultad, y en todos lados salía el tema. Cuando hablaban conmigo, la gente me decía asombrada que se acordaban de ese día, y que no podían creer estar hablando con el que lo había organizado. Me fui de vacaciones con amigos a distintos lugares, y un día en Córdoba salió el tema y gente que habíamos conocido allá estaba sorprendida. Al día de hoy me sirve porque en mi trabajo yo me dedico también a vender productos. Entonces me hace conocido”, acota entre risas.

Hace unos días, el propio Facebook le mostró entre sus recuerdos a Hernán algunas de las fotos en la Plaza Independencia, dejando bien en claro que había transcurrido una década ya. “La verdad es que no me arrepiento de nada. El mismo día tuve un poco de miedo. Pero después  puedo decir: ‘¡qué bueno que fui!’”, sintetiza.