Viaje al interior del Próvolo: de las denuncias por abusos al abandono

Viaje al interior del Próvolo: de las denuncias por abusos al abandono
Viaje al interior del Próvolo: de las denuncias por abusos al abandono

Un recorrido por el instituto religioso donde unos 20 jóvenes sordos sostienen haber sido abusados. Cómo luce a casi 2 años de su cierre.

Un imponente predio de 4 hectáreas que -al menos a simple vista- es de difícil delimitación en su extensión norte - sur. Por Boedo al este, un corralón; y al oeste, un terreno cercado. Del lado de adentro de las rejas, un llamativo parquizado con todo tipo de árboles, que por momentos parece ser el bosque sacado de un cuento de hadas y donde predomina el olor de los eucaliptus.

Enclavado entre tanto verde -amarillo por estos días cuasi invernales-, la parte construida del instituto y que consta de 8 cuerpos. Unos 8.500 metros cuadrados de superficie cubierta en total, si se tiene en cuenta que casi todos los sectores tienen una planta alta.

El instituto religioso para chicos sordos Antonio Próvolo (ubicado en Boedo 385, Carrodilla) -con sus respectivos talleres y albergues- es el escenario donde al menos 20 jóvenes manifiestan desde hace casi un año y medio haber vivido una verdadera pesadilla. Abusos sexuales, maltratos, castigos inhumanos y distintas situaciones de promiscuidad son solo algunos de los episodios que los denunciantes destacan haber vivido y sufrido puertas adentro; y por los que están imputadas 14 personas (entre ellas 2 curas y 2 monjas).

A casi 19 meses de que salieran a la luz las primeras denuncias y luego de prácticamente el mismo tiempo de permanecer con sus puertas cerradas -primero con intervención judicial y hoy con seguridad privada contratada por sus dueños-, Los Andes pudo recorrer el interior del establecimiento. Un recorrido donde no sólo se observa la enormidad del instituto por dentro y cómo eran los distintos sitios en que los chicos pasaban su día a día (baños, aulas, pasillos, patio, jardines, capillas y talleres) ; sino también donde el abandono, los más de 7 allanamientos y la falta de mantenimiento han dejado sus huellas.

A principios de marzo el establecimiento fue devuelto a sus propietarios -la asociación Obra San José-. Desde ese momento, el instituto cuenta con seguridad privada de forma permanente y las puertas siguen cerradas.

Paso a paso

La clásica postal del instituto Próvolo presenta un gran portón de rejas oscuras y muros de ladrillo visto que anteceden un ancho pasillo. Parados de frente al instituto -sobre Boedo-, a la izquierda y en la parte alta de uno de los muros se observa un gran cartel blanco, verde y azul donde sobresale el nombre del instituto.

La cara desconocida del Próvolo comienza a verse traspasando ese portón. Una calle guía hasta el estacionamiento delantero y a pocos metros está el ingreso al sector administrativo.

Con solo cruzar la pesada puerta de madera, las secuelas de casi 540 días sin alguien que siquiera se encargue de pasar detenidamente un trapo húmedo por los pisos se evidencian. A ello se suma que al no estar encendidas todas las luces y estar casi la totalidad de las persianas bajas, la postal brinde un aspecto lúgubre; algo que no ocurría mientras funcionaba (o al menos no ocurría desde lo estético).

En el hall de entrada del primer sector -y entre tantas cosas que se fueron acumulando luego de los allanamientos- sobresalen una maqueta del instituto, una silla de plástico adaptada como silla de ruedas, y la piedra fundamental del instituto. Aquella que fue instalada el 17 de febrero de 1995, cuando el instituto comenzaba a proyectarse y ya con el sacerdote Nicola Corradi (hoy detenido) como anfitrión.

"Abrir los labios del niño sordo a la palabra y su mente a las verdades de la fe", es la frase del cura italiano Antonio Próvolo inmortalizada en el hito de hace más de 23 años. El 19 de marzo de 1998 fue la inauguración.

Apilados a costado de la piedra sobresalen varios carteles manuscritos en cartulinas, con pedidos de justicia y leyendas del estilo "Ni un abuso más".

Son aquellos que denunciantes y familiares pegaron en el portón del instituto luego del 25 de noviembre de 2016.

En ese mismo cuerpo del instituto se encuentra lo que era la secretaría en los años de operatividad. Y que actualmente es un caótico depósito de cajas y documentación desparramada sobre los escritorios. En una de las paredes, sigue impoluto un crucifijo con una rama de olivo ya seca.

Al lado de la secretaría se encuentra una de las tantas aulas -en la parte alta de las puertas siguen pegadas las fotos de las docentes-, y también allí se observa un marcado desorden que incluye el amontonamiento de los pupitres. Lo mismo que en el gabinete de fonoaudiología.

Camino al cuerpo central del Próvolo está el primero de los patios internos (a la intemperie). El mismo lugar donde hace 20 años se celebraba la inauguración del instituto y que hoy ve como los yuyos empiezan a colarse y a crecer entre las baldosas.

También en este sector hay una sala de baños, con uno de ellos adaptados para sillas de ruedas. Y el salón de actos cubierto, con una bandera azul con letras que se están descolgando y donde se lee: "Ayer, una meta planeada. Hoy, un sueño concretado. Mañana, un recuerdo inolvidable...".

Caminando hacia el sur se llega la zona de vinculación con los albergues, donde sobresalen un cuadro con la imagen del cura Próvolo, un gran florero y una pelota de fútbol reposando en el lugar desde vaya uno a saber cuándo.

Hacia el este están las que eran las habitaciones de los chicos; y al oeste, las de las chicas. La mayor cantidad de denuncias ubican a las víctimas y a sus atacantes precisamente en los cuartos (aunque también mencionan hechos en baños y en un altillo).

A la mitad de los pasillos que llevan a los cuartos hay 2 capillas (una por ala). Los Andes llegó hasta la que precede a las habitaciones de los varones.

Un imponente Cristo crucificado recibe a los presentes, mientras que un par de floreros decoran el altar. Sobre la mesa, unos lentes abandonados. Y en el atril, un libro de cánticos y salmos. "Que en sus días florezca la justicia. ¡Ven, Señor, rey de justicia y de paz!", puede leerse en la página donde quedó abierto el libro. Como si se tratara de una súplica para la causa judicial. De frente al altar, las sillas yacen por estos días apiladas en pequeñas torres.

También antes de llegar a las que fueron habitaciones de chicos que allí dormían está el cuarto de juegos.

Pasando el área que vincula los dos pasillos está el amplio comedor, con unas 20 mesas redondas con manteles idénticos y sillas. En una de ellas permanecen como si hubiesen quedado en una pausa eterna 8 vasos y una taza de café. Y pegado al comedor, la cocina con sus mesones metálicos y sus hornos industriales. Cuando la custodia policial resguardaba el instituto, en varias oportunidades cocinaron en el lugar.

Para llegar a los talleres es necesario salir del área principal y acceder a los jardines traseros. En esta zona también sobresalen el pasto alto e, incluso, se puede seguir todavía el rastro marcado por Policía Científica y Gendarmería durante algunos de los tantos allanamientos que hubo en el lugar.

Todavía se pueden ver los pozos que dejaron los allanamientos de Gendarmería a fines de enero de este año y los dos arcos de la cancha de fútbol-de dimensiones casi profesionales- al final del jardín.

Los 3 talleres donde se capacitaba a los estudiantes -carpintería en madera, panadería y carpintería metálica- están juntos en el módulo ubicado al sur de todo el predio. También permanecen cerrados desde hace 2 años, con las pizarras escritas con los apuntes de alguna clase, y con los equipos e instrumentos (los que quedan) en su lugar. Detrás de la puerta del taller de carpintería, se observa una lámina con la representación del alfabeto en Lengua de Señas.

Millonario

La cotización inmobiliaria del predio y del instituto es millonaria, según distintos cálculos de corredores inmobiliarios.

Todo el predio ocupa cerca de 4 hectáreas (40.000 m2), mientras que la superficie cubierta llega a casi 1 hectárea (8.500 metros2).

Poniendo como referencia el valor del m2 a 120 dólares en la zona de calle Boedo (Carrodilla), todo el terreno está valuado en unos 4.800.000 dólares, o casi 122.000.000 pesos (con el dólar cotizado a 25,40 pesos). Para calcular el valor del área construida hay que tomar la referencia de la UVA del Banco Central (cada m2 cubierto en 23.770 pesos). Entonces levantar por estos días un edificio así costaría unos 202.045.000 pesos.

El instituto hubiese cumplido 20 años en 2018

El 17 de febrero de 1995, el cura italiano Nicola Corradi (hoy imputado por los abusos sexuales) y el entonces arzobispo Cándido Rubiolo -entre otros- posaban la piedra fundamental del instituto religioso para chicos sordos Antonio Próvolo en Carrodilla (Luján de Cuyo). Ese mismo día se celebró -además- una ceremonia religiosa en la iglesia de ese distrito.

Tres años después, el 19 de marzo de 1998 fue el acto de inauguración del instituto. Corradi -italiano de nacimiento y quien ya había estado en las sedes del Próvolo de Génova y de La Plata (en ambos sitios también se lo ha acusado de abusos)- fue designado como responsable al frente del Próvolo mendocino, y fue regente hasta el día de su detención.

Además del sacerdote, del acto de inauguración participaron las autoridades civiles y eclesiásticas de aquellos años, entre ellos el gobernador Arturo Lafalla y el arzobispo de Mendoza, José María Arancibia.

Desde el primer día -e, incluso hasta el día en que fue cerrado- el instituto fue presentado como "de excelencia para la educación de chicos sordos e hipoacúsicos".

Entre 2004 y 2012 fue asignada al lugar la monja japonesa Kumiko Kosaka, quien -junto a su superiora, Asunción Martínez y otras religiosas- tenían a su cargo el albergue de chicas. Las dos monjas hoy están imputadas, y Kumiko está con prisión domiciliaria y acusada de algunos abusos.

En

2008

la Justicia recibió una

primera denuncia

por supuestos abusos, pero

no fue investigada

correctamente.

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