miércoles 12 de agosto de 2020

Un escenario impensado: crisis de oferta y demanda - Por Rodolfo Cavagnaro
Opinión

Un escenario impensado: crisis de oferta y demanda - Por Rodolfo Cavagnaro

La crisis económica generada por la expansión del coronavirus pone al gobierno ante desafíos que no tenía previstos.

Un escenario impensado: crisis de oferta y demanda - Por Rodolfo Cavagnaro

La aceleración de la crisis del coronavirus ha provocado un efecto muy particular en la economía mundial. Hoy estamos ante una crisis de sobreoferta de algunos productos porque la demanda cayó, ya sea por las cuarentenas, los bloqueos a ciudades, la caída del turismo y los viajes  domésticos e internacionales. Pero también se ha paralizado la actividad comercial por restricciones al comercio o al turismo. El mundo enfrenta una situación que suele darse cada 100 años, cuando hay restricciones de oferta y de demanda

El mejor ejemplo es lo que ocurrió con el petróleo. Ante la caída de la demanda, por menor actividad industrial en China y en los países desarrollados, Arabia Saudita propuso en el seno de la Opep una rebaja de la producción para sostener el precio, a lo que Rusia se opuso. Ante esto, el príncipe árabe hizo valer su poder y decidió bajar el precio y, además, aumentar su producción.

Esto produjo un brutal derrumbe del precio del crudo, que cayó casi un 25% el lunes pasado, y con él cayeron los precios de las acciones de las petroleras, de sus proveedores y los bancos que los financiaron y esto arrastró a los bonos de los países emergentes y de aquellos con mayor debilidad fiscal o un exceso de apalancamiento en el mercado.

La crisis también se metió en los mercados de materias primas y así bajaron los precios de trigo, maíz y soja, pero el efecto también se extendió a los metales. Ante esto, los países han comenzado a tomar medidas de estímulo, que podrían llegar a bajar las tasas a nivel de 0%, pero también rebajas impositivas. Justo, en este momento, el gobierno argentino decidió aumentar las retenciones a la soja. El único país del mundo que marcha en contra de la lógica.

Lo cierto es que el Mundo, y Argentina en particular, deberían prepararse para un ciclo de dos años de precios bajos y recesión. Cada vez que hubo una crisis de sobreoferta llevó en promedio 24 a 36 meses a que los precios se vuelvan a equilibrar, esfuerzos financieros de los gobiernos mediante.

Los científicos estiman que el hemisferio Norte habrá dominado la circulación de virus en abril, mientras que el hemisferio Sur podría hacerlo entre setiembre y octubre. No obstante, la resaca puede llegar a durar esos 24 meses que muestran las estadísticas históricas.

Argentina en este escenario

Nuestro país está intentando negociar su deuda en medio de un proceso terrible de caída de los precios internacionales de todos los productos y una pérdida de capitalización bursátil de la mayoría de las empresas que cotizan en la bolsa de New York. Éste no era el escenario previsto y altera los planes del Gobierno, porque las herramientas que pensaba utilizar no serán útiles por un tiempo.

El gobierno de Alberto Fernández confiaba en crecer en exportaciones, en las inversiones y crecimiento de Vaca Muerta y el turismo internacional, partiendo de tener un tipo de cambio competitivo. Estas herramientas hoy no están porque decidieron mantener controlado el tipo de cambio. Lo dejaron mover desde febrero, pero desde entonces el valor de la moneda norteamericana subió un 3%, mientras en Brasil ya supera el 18%.

Además, aplicaron una suba de retenciones al campo, lo que actúa sociológicamente sobre los productores, desanimados por la baja internacional de los precios. Ante una caída de la demanda global y los mejores precios de Brasil, la oferta argentina se verá resentida ante los menores valores internacionales y los mayores impuestos de nuestra producción.

En el caso del turismo, se resentirá la llegada de turistas extranjeros. Por ahora, sólo llegan viajeros de la zona americana, pero se ha cortado el flujo de europeos y asiáticos y todo esto se mantendrá, con suerte, hasta el próximo verano. Por las condiciones generales de la economía local, seguramente se verá complicado también el desarrollo del turismo interno.

Por supuesto, hoy la prioridad es sanitaria y todas las medidas restrictivas que el Gobierno nacional ha tomado, como algunos provinciales, son útiles como medidas preventivas, pero tendrán consecuencias económicas que trascenderán más allá de haber superado la emergencia sanitaria.

Los caminos posibles

Lo primero que el gobierno debe hacer es acelerar la renegociación de la deuda con los acreedores privados. En este escenario global, es probable que otros países y muchas empresas salgan a renegociar sus deudas, en un escenario de tasas internacionales que estarán muy bajas por un buen tiempo.

La negociación será vital para conseguir nuevos créditos pero, sobre todo, para aplicar incentivos fiscales, como ya están haciendo varios países. Los incentivos no consisten en dar plata a las empresas, sino en bajar los impuestos a las empresas (la receta básica de Trump que no reconocen sus admiradores argentinos).

Para enfrentar una crisis de oferta y demanda hay que hacerlo con mucha paciencia, mucho coraje, mucha austeridad en la administración y una feroz ganancia de competitividad, que servirá para dar un salto importante cuando esa crisis se vaya diluyendo.

El problema mayor será controlar la inflación, porque, aunque el índice de febrero arroja un número mucho menor al de enero, hay temor por las consecuencias de algunos movimientos vinculados a la suba del dólar oficial que, no obstante, es menor a las devaluaciones de todo el mundo.

El gobierno nacional y las provincias deberán acordar programas de racionalización del gasto para poder establecer los incentivos fiscales sin recurrir a excesos de emisión monetaria. La situación de Argentina es muy delicada porque debe ser creíble a los acreedores y no podrá repetir lo que hace la Reserva Federal de EEUU, que está inyectando 250.000 millones de dólares en una nueva versión de la expansión cuantitativa.

El cambio de escenario obligará a recurrir a nuevas herramientas. Seguramente este nuevo desafío no estaba previsto, pero hay que gobernar con la realidad y dejar los manuales con dogmas ideológicos de lado.