Superación: Camila, de la sordera a disfrutar todo el día de su violín

Superación: Camila, de la sordera a disfrutar todo el día de su violín
Superación: Camila, de la sordera a disfrutar todo el día de su violín

La nena, de 9 años, nació con hipoacusia profunda. A los 3 y 4, después de una larga lucha con la obra social, le hicieron dos implantes.

Camila Zingariello tiene 9 años, vive en Luján y está en tercer grado de la escuela Paula Albarracín. Vive con sus padres Alejandro (28) y Vanesa (27), y con su hermano menor, Luciano (6 meses). Hace menos de un mes comenzó a tomar clases de violín. "Me lo regalaron para mi cumple (7 de agosto), recién estoy aprendiendo a tocar. Pero me gusta mucho, igual que leer", resume con timidez.

Sus padres ni siquiera imaginaban este panorama hace 7 años, cuando notaron que algo no estaba del todo bien y antes de confirmar lo que temían: su pequeña padecía sordera profunda de nacimiento.

Con 2 años, Cami no respondía a los distintos llamados ni reaccionaba ante los sonidos.  "Le hicieron un estudio apenas nació y no salió bien. Pero cuando lo repitieron no se evidenció nada extraño. Sin embargo, a los 2 años nos dimos cuenta de que no había reacción. Repetimos todos los estudios y todos salieron mal", destacaron los padres.

Lejos de bajar los brazos, Ale y Vane se movieron como nunca lo habían hecho, sin saber de fines de semana y sin distinguir entre mañana, tarde, noche o madrugada. "Fuimos por nuestra cuenta hasta un especialista y él nos derivó. Luego de pasar por distintos estudios, se confirmó que Cami había nacido con hipoacusia bilateral profunda (sordera en los dos oídos)", agregaron.

"El caso de Camila fue extraño, porque no había tenido ninguna complicación su madre durante el embarazo y no era genético. Pero tiene que ver con que de 10.000 chicos que nacen, 30 son hipoacúsicos", destacó el otorrinolaringólogo Fernando Salomón, quien acompañó desde el primer momento a la familia. Y quien le colocó los implantes cocleares.

Pese a los rodeos burocráticos por los que la llevó la obra social durante un buen tiempo, Camila recibió su primer implante antes de cumplir 3 años, y el segundo antes de los 4.

"En el momento fue un choque muy fuerte asimilar que había nacido sorda. Era nuestra primera hija, nosotros éramos jóvenes y no había nada que pudiese anticiparlo. Además sentíamos la frustración de haber estado 2 años hablándole sin saber que no nos escuchaba. Pero el momento en que la llamé y ella se dio vuelta porque nos escuchaba -después de los implantes- fue de una emoción muy grande, ¡hasta parecía que ella ya sabía que se llamaba Camila!", relató Vanesa con los ojos llenos de lágrimas, al igual que aquel día de hace 6 años cuando ocurrió lo inesperado.

Desde cero

Además de estar en tercer año de "la Paula" (como le llama a su escuela) y de estar aprendiendo a tocar el violín, por la tarde Cami asiste al instituto de Educación Integral para Niños No Oyentes (EINNO), en Godoy Cruz. "Empezó a ir desde muy chica, y es fundamental. Son  importantes en ella la estimulación y la rehabilitación que hacen en ese lugar. Tienen fonoaudiólogos, psicólogos y todo un acompañamiento detallado", destacaron los padres.

La vida de Cami es como la de cualquier normoacúsico (término correcto para identificar a quien no presenta hipoacusia o sordera). "La nota más baja que tiene en la escuela es un 8. Nos habíamos preocupado por lo que pudiera pasar en la escuela, pero se adaptó rapidísimo", agregó Vanesa con orgullo de su primogénita.

Luego del primer implante y de percibir sus primeros sonidos, la niña aprendió a hablar desde cero. De hecho, hasta los 3 años balbuceaba como cualquier bebé.

"Sin el dispositivo colocado no escucha nada; tiene una sordera profunda. Se usan como los lentes, por las noches se los saca y deja cargando las baterías", acotó Salomón, quien incluso destacó que si bien la audición de la niña es normal, oye "como si todos estuviese hablando dentro de una radio".

"Cuando empezamos con todo esto no sabíamos bien qué podía pasar. Sólo sabíamos que teníamos que movernos rápido", acotó el papá.

Pero el implante sólo no actúa como si fuese magia. "Fue difícil. Al mes de la operación le activaron el implante. Y allí fue comenzar todo de nuevo. Pero acá estamos", resumieron felices.

Como buena hermana mayor, Cami no deja de estar pendiente de las mañas de Luciano. "Cuando nació (Luciano), tuvimos todos los miedos e hicimos los estudios. Por suerte salieron bien. De hecho, con los primeros meses de Luciano y sus reacciones, comparamos y vimos la diferencia de cómo habían sido los primeros meses de Camila. Y nos dimos cuenta de muchas cosas", sintetizaron.

La detección precoz

El especialista en otorrinolaringología Fernando Salomón resaltó que es fundamental diagnosticar de modo precoz la sordera.

"En el caso de la sordera de nacimiento, se dividen 50% en causas genéticas y el resto en distintas situaciones, incluso sin una causa concreta", resumió.

"En un bebé existen diferentes dolencias que no se notan a simple vista, pero que es fundamental detectar lo antes posible. Y la sordera profunda es una de ellas. El poder actuar frente a una hipoacusia detectada en los primeros meses de vida significa tener la posibilidad de lograr que niños hipoacúsicos desarrollen habilidades auditivas y lingüísticas comparadas con las de niños con audición normal", explicó.

Según el especialista, los primeros 6 años son clave en el "cableado del cerebro", ya que las neuronas van llegando a la corteza. Y es en ese período crítico cuando se recomienda el implante coclear, previa consulta. "Un chico implantado ante de los 3 años llega a entender 95% de los sonidos, lo mismo que un normoacúsico", indicó.

Por ley (25.415, para la detección temprana de la sordera) "todo recién nacido antes de 3 meses tiene derecho a ser evaluado auditivamente". 

La tecnología de esta operación consta de un audífono que amplifica los sonidos, mientras que el implante coclear sustituye la función del oído interno que está afectado.

Consta de una parte interna (receptor estimulador, que se coloca debajo de la piel, mediante un procedimiento quirúrgico, a unos centímetros detrás de la oreja y con electrodos que van dentro de la cóclea) y otra externa (procesador de habla, que se conecta con la parte interna a través de la piel, por medio de un imán).

"Con el certificado de discapacidad –que se debe emitir cuando el niño no pasa el examen de otoemisiones– el implante está contemplado en las Prestaciones Médicas Obligatorias (PMO)", sintetizó el profesional.

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