viernes 27 de noviembre de 2020

¿Qué es Chemsex? La peligrosa moda que se expande por el mundo
Sociedad

¿Qué es Chemsex? La peligrosa moda que se expande por el mundo

Comenzó en el viejo continente, donde hoy vive su momento de apogeo y, según afirman, tiene consecuencias devastadoras.

  • miércoles, 29 de agosto de 2018
¿Qué es Chemsex? La peligrosa moda que se expande por el mundo

"Chemsex" es una peligrosa práctica sexual que se puso de moda en los últimos años en Europa arrojando graves problemas físicos, emocionales y hasta psicológicos en aquellos que participan de estos encuentros (tanto que en España ya lo reconoce como un problema de salud pública).

El término es una abreviación de la expresión inglesa "chemical sex", que significa sexo químico; no es más que el consumo de drogas con la intención de prolongar la duración de las relaciones sexuales hasta 72 horas ininterrumpidas.

¿Qué significa?: que los participantes del "chemsex", pueden estar sin comer, ni beber y hasta sin dormir, llegando a tener relaciones casuales con múltiples personas a lo largo de tres días.

Estas prácticas sexuales son potenciadas por el consumo de drogas y sustancias químicas, enmarcadas en fiestas donde todo está permitido ya que, bajo el efecto -e influencia- de diversos estupefacientes, el intercambio de pareja o la genitalidad con desconocidos no es sorpresa de nadie.

Los "chemsex" se tornan en una diversión peligrosa porque combinan compuestos que facilitan sesiones de sexo prolongadas, o sea, durante muchos días; lo que también se vincula con tener encuentros con múltiples parejas, "transformándose en un problema de salud importante, no solo si tomamos en cuenta los efectos de las drogas en el cuerpo sino las posibilidades de contraer alguna enfermedad por transmisión sexual", comienza a analizar la ginecóloga Laura González. 

Lo curioso es que los estupefacientes utilizados en estas fiestas sexuales generan en quienes los consumen no solo efectos físicos, capaces de hacer que el cuerpo permanezca activo tantas horas y teniendo sexo; sino psicológicos: "hay compuestos que funcionan como desinhibidores y, al consumirlos, provocan una distancia con respecto a los sentimientos personales que se tienen sobre sí mismo; tales como la falta de confianza o baja autoestima", dice la psicóloga Lorena Vázquez. 

Del mismo modo, otras sustancias utilizadas en estas "sesiones" sirven para aumentar el ritmo cardíaco y así promover la agitación sexual, permitiendo estas largas jornadas de "chemsex". 

Pero, si profundizamos un poco más en las consecuencias de estas prácticas, las profesionales de la salud concuerdan en los efectos devastadores para la salud: "desde dependencia psicológica hasta fisiológica, ya que el cuerpo pierde noción de sí mismo al pasar tantos días sin ingerir alimentos, ni líquidos; sumado a la falta de descanso y rematando con los efectos de las sustancias químicas en el cuerpo", comparte Vázquez.

Además, el contacto con muchas personas aumenta las posibilidades de contraer enfermedades de transmisión sexual (Sida, Sífilis, Hepatitis B y C, entre otras); puesto que se desconoce la garantía en el uso de protección, así como el total de parejas por "sesión".

Esta costumbre del "chemsex", fuertemente expandido por Europa (se conoce que España es uno de los países con más fiestas de este tipo sumado el Reino Unido), nos lleva a pensar sobre el valor que las personas le damos a los vínculos sociales y a las relaciones amorosas, ya que "podemos estar corriendo el riesgo de banalizar los vínculos cercanos, acusándolos de aburridos o poco placenteros y esta interpretación errónea de la vida en pareja puede llevar a buscar este tipo de encuentros casuales, que no solo desembocan en una pérdida de amor propio sino en la terrible propagación de enfermedades", afirma la ginecóloga.

Asimismo, "si sentimos que sortear nuestra soledad de la mano de estupefacientes tan peligrosos para nuestro cuerpo (y también para la vida en sociedad) es una solución transitoria, estamos en peligro porque esto va más allá del consumo de sustancias químicas fuertes para prolongar los días despiertos y pasar horas teniendo sexo con diferentes personas. Esto es algo mucho más grave y social que hace que las personas recurran a estas prácticas para divertirse o salir de sus estados de soledad", añade la psicóloga. 

Por otro lado, la tecnología ocupa un rol fundamental en esta nueva costumbre sexual, ya que el uso de espacios en la web -o de aplicaciones- y el smartphone permite el contacto directo entre personas que quieren participar del "chemsex" y pedir las drogas. Además, para "huir" de cualquier tipo de control, se recurre a casas privadas y lugares de poco acceso.

Esto, que parece ser un juego sexual de moda, tiene como intención innovar en las prácticas sexuales, buscar más satisfacción a través del uso de sustancias químicas (en su mayoría inyectadas) dejando en vilo la propia salud.

Lo alarmante de estos casos es que no solo se da en la población más joven -adolescentes-, sino entre adultos promedio (35-40 años); en su mayoría hombres, con trabajos estables y universitarios, según datos brindados por hospitales de Madrid, Sevilla, Málaga y Granada.

Entre las sustancias más consumidas en las largas sesiones de "chemsex" se destacan: el cristal, la mefedrona (ambas generan euforia), el GHB (desinhibidor), éxtasis líquido y metanfetaminas. Según Vázquez, "esto también puede tomarse como una práctica de autoflagelación, relacionada con sentimientos profundos de negatividad; así como falta de amor propio, baja autoestima y pérdida de confianza".

Datos que alarman

"A veces me digo, 'Dios mío, ¿con cuánta gente me acosté este fin de semana?'", reconoce James Wharton, un ex soldado treintañero inglés. 

Esta tendencia riesgosa puede generar adicción, sobredosis y un aumento de las posibilidades de contraer el virus del sida, detalló una investigación surgida en una conferencia sobre el tema en París, el pasado mes de julio. "Han aumentado los avisos sanitarios en torno a este fenómeno por parte de los servicios de cuidados de enfermedades infecciosas o de tratamiento de las adicciones", explica Maitena Milhet. Esta socióloga colabora con TREND, el dispositivo de observación del Observatorio Francés de Drogas y Toxicómanos (OFDT); que acaba de publicar un estudio sobre el tema.

Asociar sexo y drogas, entre dos o en grupo, no es nuevo. La novedad es el uso de sustancias sintéticas adquiridas por internet.

A pesar de la ausencia de datos oficiales, los trabajadores sociales europeos hacen la misma constatación: el "chemex", aunque aún es un problema marginal que tiende a aumentar y a no distinguir entre sexos.

"Londres es sin duda la capital del chemex", señala David Stuart, un pionero en el estudio del fenómeno que trabaja para la clínica 56 Dean Street, especializada en salud sexual. Para empezar, está el riesgo de adicción. Algunos de ellos -los que consultan por las consecuencias de la práctica- "nunca, o rara vez, habían tomado drogas antes y empiezan a consumirlas en grandes dosis. El potencial de adicción es muy alto", subraya el alemán Andreas von Hillner, del centro de contención para gays Schwulenberatung Berlin.

"Estas drogas matan", subraya Stuart. Uno de los modos de consumo es particularmente arriesgado: la inyección, apodada "slam". En Francia, entre los 21 casos de sobredosis mortales que investigó la brigada de estupefacientes de París en 2015, tres estaban vinculados al uso de catinonas en "slam" por estas prácticas.

"Cuando me planteé '¿cuándo fue la última vez que fui al cine?', me di cuenta de que, durante dos años, me había pasado los fines de semana en apartamentos con gente solo por el sexo", agrega Wharton, que va a publicar un libro sobre su experiencia. Para él, el "chemsex" está asociado con la búsqueda de intimidad. "Conoces a alguien, te acuestas con él al cabo de una hora, le cuentas cosas muy personales y los dos se vuelven muy cercanos muy rápido", señala.

Por último, quienes practican el "chemsex" se exponen a los riesgos de contagio. "Muchos dejan de usar preservativo cuando desaparece su percepción del riesgo" como consecuencia de la droga, lamenta Iván Zaro, trabajador social español. Y en el caso del "slam", el intercambio de jeringas puede favorecer las infecciones.

"Cuando enviamos a un practicante de 'chemsex' a un centro de acogida para toxicómanos, se ve rodeado de adictos a la cocaína, la heroína y no se reconoce", explica Zaro.

En Alemania, el gobierno encargó a la ONG Deutsche Aids-Hilfe formar a profesionales de la salud en el seguimiento específico de adeptos del "chemsex". "Hay que evitar los discursos alarmistas", que son contraproducentes, piensa Fred Bladou. "Cuanto más estigmatizamos a la gente, más los alejamos de los cuidados", concluye.


Por las redes