Ovo: un viaje al centro del Cirque du Soleil

Ovo: un viaje al centro del Cirque du Soleil
Ovo: un viaje al centro del Cirque du Soleil

En exclusiva, Los Andes visitó los ensayos y el estreno de “Ovo” en Buenos Aires. Aquí, las bambalinas del esperado show.

Qiu Jiangming es una araña plateada. Tiene brazos de acero y un cuerpo ágil que desafía la gravedad. Hace 29 años nació en China, pero aquí, en “Ovo”, es un insecto más.

Con su número, en el que camina, rueda, se pone cabeza abajo y maneja un monociclo a cinco metros de altura sobre una fina cuerda de metal, se lleva elogios unánimes. La gente, sorprendida y sin aliento, suele darle sus buenos aplausos. Y no es para menos, porque Qiu Jiangming es uno de los mejores equilibristas del mundo.

Al igual que todos sus compañeros, es de los mejores en sus disciplinas. No cualquiera llega a formar parte del Cirque du Soleil, la megacompañía canadiense que presentará este espectáculo por primera vez en Mendoza en agosto.

Aunque a los periodistas nos encanta humanizar a los artistas, acá no cabe esa tierna demagogia para el lector: Qiu Jiangming, abajo del escenario, no es un chico común. No es un chico más. Como sus compañeros, viven su oficio las 24 horas. Su destreza física se logra con sudor, concentración y muchas horas de entrenamiento. Casi que no queda vida para otra cosa.

Solo así puede cobrar forma un espectáculo de tal ambición artística y tal nivel de excelencia, precisión y entrega. ¿El argumento? “Ovo” es una comarca de insectos, una oda a la biodiversidad y a la convivencia. Viven tranquilos, hasta que un día llega un mosquito extranjero bastante histriónico, que trae a cuestas un extraño huevo (de ahí el nombre).

Esa esfera captará la atención de todos y, mientras se desarrolla esa línea, se va desplegando a la par toda la artillería visual del mejor circo del mundo: saltamontes que van y vienen, grillos que saltan varias veces su tamaño en súper piruetas mortales, mientras otros escalan por las paredes, una metamorfosis en vivo de larva a mariposa, arañas hiperflexibles, escarabajos, hormigas, mariquitas y libélulas.

No faltan trapecistas, números en tela, cuerda, clowns, contorsionistas, acróbatas de película y malabaristas que nos dejan sin aire. “Ovo” es un espectáculo exuberante con colores vivos, que van hacia todas las paletas pero suelen decantar en amarillos, anaranjados y verdes. La samba y la bossa nova en vivo nos llevan a pensar que “Ovo” es un insectario amazónico. Y puede que así sea, porque la directora del espectáculo es Deborah Colker, brasileña.

Mientras esto sucede, ante cada nuevo número el público suele abrir la boca: de sorpresa, claro. A veces no saben dónde mirar, porque son muchos los estímulos. El brillo de algunos trajes puede encandilar, y la música nos invita a hacer palmas en unos momentos y a mover los hombros en otros... ¿Pero cómo se monta un espectáculo así?

Los Andes pudo acceder en exclusiva a los ensayos previos al estreno de "Ovo" en Buenos Aires. Es un sábado al mediodía y en la ciudad llueve a cántaros. Pero adentro de Tecnópolis, donde la compañía se ha asentado por dos semanas, es otra la historia: la humedad se evapora en el calor humano que desprende esta enorme familia.

Es que “Ovo” es una comarca, pero el Cirque du Soleil también. La convivencia y el respeto por la diferencia es lo que también se pone en práctica en el interior de esta gran hermandad de 100 personas de 25 países, que viajan a través del mundo y que se ven las caras la mayor parte del tiempo. Se comunican en general en inglés, aunque algunos, como Qiu, prefieren contar con un traductor especial.

Tras las bambalinas de “Ovo” hay rusos, estadounidenses, mexicanos, ingleses, chinos, brasileños, belgas, portugueses, ucranianos, entre otros. Hay cincuenta artistas, cocineros, fisioterapeutas, vestuaristas, escenógrafos, músicos, carpinteros, sonidistas, iluminadores, couchs y hasta choferes. Desde que este espectáculo se estrenó, allá por el 2009, ya ha viajado por 130 ciudades y fue visto por más de cinco millones de personas.

Nicolas Chabot forma parte del staff de prensa y es el encargado de ofrecer los “tours” a los periodistas, a través de esta porción itinerante de la compañía, que tiene sede en Montreal y ofrece espectáculos fijos en algunas partes del mundo como México y Las Vegas. Nos cuenta que esta producción se ha adaptado al formato “Arena” hace algunos años y desde entonces viaja en 25 grandes containers. A veces por asfalto y a veces por mar, dependiendo el destino.

Nos hace pasar al “backstage” del gran panel que sirve de fondo de “Ovo”. Descubrimos un campamento. Los artistas tienen un gimnasio para entrenar y alcanzamos a ver cómo dos fisioterapeutas controlan los movimientos de algunos artistas, tendidos sobre colchonetas.

La palabra de las profesionales es sagrada en todo entrenamiento: previo a las funciones suelen ensayar por turnos y no por un tiempo excesivo. Como ya tienen su rutina muy sabida, se permiten cierta creatividad para probar cosas nuevas, siempre con la guía de un couch. Cada vez que llegan a un lugar, el ensayo se basa en adaptarse al nuevo espacio: reconocer las gradas, ver la dimensión del escenario, reconocer la mastodóntica parrilla de luces y elegir qué puntos vacíos van a mirar para orientarse.

Eso nos lo cuenta Ariunsanaa Bataa, la mongola contorsionista que interpreta a la araña blanca. Su asombrosa performance es de las más ovacionadas de la noche. Antes de cada función, ensaya entre una y dos horas, después descansa, luego hace pilates con sus compañeros y, recién una hora y media antes del show, comienza a prepararse. Nacida en una familia de cirqueros mongoles, aquí interpreta a la líder de las arañas.

Mando las arañas negra y roja a hacer cosas que no deberían. Es muy divertido, pero no soy una villana”, aclara entre risas, con un portuñol adquirido en Brasil.

Poco más allá, hay una carpa que sirve de comedor. Allí almuerzan y cenan, aunque la dieta no es excesivamente rigurosa, confiesan. Por contrato no están obligados a mantener un peso, aunque sí a mantener la excelencia en cada show.

Justo al lado del acceso por detrás al escenario, los artistas cuentan con un televisor donde ven ensayos grabados y, durante las funciones, transmiten en vivo lo que va sucediendo en escena. Justo cuando pasamos por allí, unas artistas están viendo la película “Bichos”. ¿Preparando su caracterización? Pregunta la prensa. “No, casualidad”, ríe Nicolas.

Uno de los departamentos más activos es el de vestuario, con cuatro especialistas. Lo encabeza la española Mar González Fernández, que cuenta que las 1500 piezas (entre trajes, zapatos, sombreros, máscaras y pelucas) los movilizan en unas 60 cajas. Todo contemplado para su uso durante, al menos, seis meses. Lo que se rompe se manda a reponer a Montreal. “Somos como un caracol gigante”, compara, en sintonía con el espíritu de “Ovo”.

¿Cuánto puede durar la realización de un traje muy elaborado? Unas mil horas.

"Normalmente, todos nuestros trajes vienen de Montreal, donde están nuestras oficinas centrales, y nosotros aquí nos encargamos de hacer las últimas pruebas, de los arreglos que haya que hacer. Si tuviéramos que fabricarlos aquí necesitaríamos un equipo mucho más grande”, explica.

De hecho, para conservarlo impecable, el vestuario se lava todos los días después de la función y se seca gracias a aire artificial, pero sin secarropas. Así, la compañía viaja con su equipo de lavarropas industriales y ventiladores. Los trajes se controlan meticulosamente para ver que no le falte ni una lentejuela ni se haya roto ninguna costura.

El makeup, una parte fundamental del show, también tiene su complejidad: en él hay colores que las cosméticas fabrican especialmente para el circo. Colores únicos, como algunos tonos de amarillos o anaranjados. Los artistas han aprendido el oficio y se maquillan ellos mismos antes de salir a escena. Podemos imaginarlos al espejo, convirtiéndose a sí mismos en entrañables bichitos. Y un poco ansiosos, también.

Datos de interés

Luego de un paso por Córdoba (entre el 18 y el 27 de julio), llegará a Mendoza el 1 de agosto, para quedarse hasta el 4 de agosto. Hasta el momento esas son las fechas confirmadas, con sede en el estadio Arena Aconcagua (sábado y domingo con doble función).

Las entradas pueden adquirirse a través de www.tuentrada.com, incluyendo los puntos de venta en Palmares y Musimundo. Van de $2.800 a $8.600 (incluyendo el costo del servicio de la plataforma).

Se aceptan tarjetas Visa, Mastercard, Cabal, y los usuarios de tarjeta Naranja tienen tres cuotas sin interés  con Planz 3.

Es importante aclarar que tuentrada.com es el único punto de venta oficial del Cirque du Soleil en el país.

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