jueves 6 de agosto de 2020

Orgánicos: crece el interés por los alimentos más saludables
Fincas

Orgánicos: crece el interés por los alimentos más saludables

Mendoza es una de las provincias con mayor número de productos con certificación “libre” de químicos.

Orgánicos: crece el interés por los alimentos más saludables

Germán López produce frutas, verduras y hortalizas en San Rafael desde 2003. Pero tres años atrás decidió que debía encontrar una alternativa al modo convencional, para darle rentabilidad al proyecto familiar. Cansado de los bajos precios que le pagaban por sus productos, optó por replicar en toda la propiedad el modelo orgánico de la pequeña huerta para autoconsumo. En Finca Paru elaboran conservas orgánicas certificadas, venden directo al público y reciben a turistas. 

Mientras la mayor parte de los productores reniegan de los altos precios de los fertilizantes y pesticidas químicos, al tiempo que el valor de comercialización de sus productos va en descenso, desde el Movimiento Argentino para la Producción Orgánica aseguran que la demanda mundial de este tipo de artículos asegura que el productor primario concrete la venta antes de la cosecha. De hecho, Mendoza es, junto con Buenos Aires, la provincia que tiene el número más alto de productores y elaboradores con certificación.

Ignacio Blanco / Los Andes

López reconoce que el proceso fue de prueba y error. De hecho, todavía no logran acercarse a los rindes del tomate convencional, de 9 a 12 kilos por planta, y apenas obtienen 2 kilos. Pero explica que se propusieron salir de un sistema de producción que utiliza agroquímicos, para elaborar productos saludables y con valor agregado. 

Lo primero que hicieron, explica, fue dejar de utilizar mata yuyos. Aún más, comprendieron que en la maleza vivían algunos insectos benéficos que controlan a los que se convierten en plaga. También empezaron a plantar aromáticas y no sólo cumplen el rol de dispersión de los insectos por su olor intenso, sino que, además, descubrieron que se expresan muy bien en el sur provincial.

"Empecé a entender la chacra como un subsistema que se retroalimenta", planteó el productor. Así, utilizan el guano de los animales como fertilizantes y, con el producto de la poda, hacen un lombricompuesto y compost. Aprendieron a convivir con algunos insectos y a utilizar otros, que les aporta el Iscamen, para hacer control biológico.

Como observaron que en la tierra ciertas aromáticas combinaban muy bien con determinadas frutas, la esposa de Germán López, que es chef, decidió respetar esas combinaciones naturales en sus conservas y así creó mermeladas de durazno y albahaca, damasco y menta, y membrillo y tomillo, certificadas orgánicas y sin gluten.

En el mercado. La brecha de precios entre un producto orgánico y otro que no los es ronda el 25%. | Ignacio Blanco / Los Andes

Después, otros productores orgánicos le sugirieron que trabajara con turistas y, así, un año atrás organizaron un recorrido de una hora para que vean cómo es una producción orgánica. "Si nuestros productos son diferentes en las góndolas, tenemos que explicarle al consumidor por qué", indica. De hecho, la mayor parte de sus elaboraciones las venden en regionales en San Rafael y en tiendas especializadas de Buenos Aires.

Por otra parte, también le ofrecieron las frutas y verduras en fresco a algunos chefs de la zona y el “boca en boca” hizo el resto. Y algunas familias, que elaboran conservas caseras, prefieren utilizar ingredientes libres de pesticidas, por lo que van a buscar tomates, pimientos y aromáticas.

Conservas artesanales

Nuestras Manos es una empresa familiar de Godoy Cruz en la que, desde hace 20 años, elaboran frutas en almíbar y mermeladas. Igor Baratoff explica que siempre utilizaron métodos artesanales, como las tradicionales pailas, y pelan la fruta a mano sin usar soda cáustica. Pero 5 años atrás decidieron darle valor agregado con certificaciones: sin TACC, orgánico, kosher, halal. Para ello sólo utilizan frutas y azúcar orgánicos certificados.

Ignacio Blanco / Los Andes

De ahí que hable de una cadena virtuosa, ya que los elaboradores orgánicos requieren de materia prima también certificada, y que afirme que el productor tiene vendida su cosecha antes de levantarla. Asimismo, destacó que en el país hay una demanda importante de tomate perita, cerezas, higos, membrillos, entre otros, cultivados sin agroquímicos. Y que el mundo también requiere de este tipo de productos.

Baratoff detalla que su camino para empezar a exportar a México, África, Brasil y Estados Unidos -además de tener una buena presencia en el mercado interno- empezó cuando, con apoyo de programas provinciales y nacionales, participó de ferias en el exterior para mostrar lo que hacía. Después de la primera, al ver el interés de los potenciales compradores, decidió certificar orgánico.

Además, resaltó que en otros países se acentúa la tendencia al nicho, por lo que en un supermercado se pueden encontrar góndolas de artículos orgánicos, para celíacos, veganos, naturistas, kosher, diabéticos, sin GMO (genéticamente modificados). Esto se valora y se busca. Por otra parte, si bien la brecha de precio entre un producto orgánico y otro que no lo es ronda el 25 a 30%, se apunta a que se vaya reduciendo.

Baratoff planteó que tanto el productor como el elaborador tienen que animarse a dar el paso. Y sumó que la materia prima convencional cada vez tiene un precio menor, por lo que hay que agregarle valor con certificaciones. En cuanto al proceso de certificar, resaltó que no es caro pero sí implica respetar la normativa y llevar la trazabilidad de todos los procedimientos; es decir, realizar un registro detallado.

Al mundo

"Vengo de un pueblo muy chico de la provincia de Buenos Aires, que se llama General Las Heras, en donde hace dos años cambió la geografía porque pusieron el primer semáforo y ahora ya somos una gran urbe.  Y exporto miel a Japón", bromeó Ricardo Parra, presidente del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica, quien visitó la provincia para una capacitación para productores y elaboradores orgánicos que se realizó la semana pasada.

La anécdota sirve para ilustrar que no hay barreras para insertarse en el mercado con un producto orgánico. "Como todo desarrollo, implica un desafío, pero se puede hacer", indicó y enumeró que desde el punto de vista comercial es beneficioso y también por el aporte al cuidado del medio ambiente. Además, la producción orgánica genera arraigo y transmisión de conocimiento a generaciones futuras. Pero planteó que desde el MAPO apuntan a lograr un equilibrio entre la exportación de manera que los argentinos también puedan acceder a estos productos saludables.

Alfalfa y rosa mosqueta

Vicente Defelice, ingeniero agrónomo y conocedor de la producción orgánica, se unió con la familia Muñoz, quienes tenían una finca abandonada en Zapata (Tupungato) y nació Tepeu. El proyecto contempla la producción de rosa mosqueta orgánica -ya consiguieron la certificación full orgánica para la propiedad-, para elaborar aceites y esencias, jaleas y mermeladas, e incluso núcleos para alimentación de pollos y gallinas.

Entre tanto, y como la rosa mosqueta, pese a ser una maleza, no se ha reproducido por semillas y tiene un bajo porcentaje de prendido por barbecho, avanzaron con la alfalfa.

Defelice comentó que la certificación les exige rotación de cultivos y optaron por este forraje, que es un cultivo resistente a enfermedades y plagas, pero que requiere de control de malezas. El ingeniero detalló que quienes cultivan de modo convencional simplemente usan agroquímicos, pero quienes lo hacen de manera orgánica deben "usar la cabeza". 

“Siempre nuestro slogan fue: vendé y después producí. Hay que buscar el nicho”, lanzó sobre su modelo de negocios. De hecho, ha avanzado en el acuerdo con un reconocido polista para venderle alimento para sus caballos y ya tiene en la mira el mercado árabe.

En una primera etapa harán fardos y después proyectan hacer pellets. Es que, como señala Fernando Muñoz, socio del proyecto, al igual que con los humanos, cuanto más saludable se alimenta al animal, más sano es.

Más de un siglo

Alberto Cecchin, de la bodega que lleva el apellido familiar, cuenta que su bisabuelo llegó de Italia en 1908 y que luego su abuelo, cuando aparecieron los agroquímicos, decidió no usarlos porque la cosecha era buena y los productos caros. Su padre sostuvo ese modo y él mismo es naturista, por lo que siguieron produciendo del modo tradicional, sin agregar químicos.

Cuando Alberto empezó a mirar los mercados externos, entendió que, además de producir de modo orgánico, debía certificar, para poder ganar espacios. Y si bien había anticipado que esto le iba a generar un costo adicional, de hecho le permitió organizar mejor los procesos, con lo que logró un ahorro.

En el cultivo no usa agroquímicos y las tareas del viñedo se realizan en momentos acordes al calendario lunar (biodinámico), lo que hace que las plantas sean más sanas y longevas. Y si bien ciertos productos están permitidos en la elaboración, prefiere no utilizarlos lo que, asegura, permite obtener un resultado final que no sólo le gusta al consumidor, sino que no le produce malestar posterior.  Para él es también una cuestión de responder a la pregunta de qué mundo se le va a dejar a las próximas generaciones. 

Una charla sobre producción 

Esta fue la Semana Orgánica y se realizaron distintas actividades en el país y en la provincia. Hoy a las 12, en la plaza departamental de Luján, y en el contexto de la edición Fiestas de la feria saludable Luján Natural, se brindará una charla sobre los "Beneficios del sistema de producción y de la alimentación orgánica".

Igor Baratoff, integrante del Movimiento Argentino para la Producción Orgánica, detalló que estarán presentes representantes de las certificadoras (con cuatro en todo el país) para orientar a los productores convencionales que quieran saber cómo iniciar el camino de la certificación. También habrá miembros de la entidad, quienes responderán las inquietudes de productores, elaboradores y consumidores.