Músicos callejeros: los que  le ponen melodía a la Ciudad

Músicos callejeros: los que  le ponen melodía a la Ciudad
Músicos callejeros: los que  le ponen melodía a la Ciudad

Los artistas de la calle intentan cambiar un gesto adusto por una sonrisa. Y, si es posible, por algunos billetes.

Las grandes ciudades tienen una música propia: la de las bocinas, de los motores, del griterío. O de las obras públicas que se intensifican en años electorales (con suerte).

Pero si de algo se puede jactar la ciudad mendocina es de, ordenanzas apartes, ofrecer al paseante otros sonidos: los de la música de sus artistas callejeros. Aquí, cuatro historias de esos que luchan contra la contaminación sonora a fuerza de melodías.

Gusto por el rock clásico

A la Banda Viajera (o Banda del Albino), es fácil detectarla en el Centro: es una de las más convocantes. Integrada por Ale Rodríguez (voz y guitarra), Diego Lorca (guitarra y coros), Gonzalo Gorando (batería y coros) y Maxi Mirallas (el bajista albino, que hace coros), ejecutan con gracia y precisión a The Beatles, Dire Straits y Creedence, entre otros, y tocan en el centro tres días por semana. "No queremos saturar y vivimos bien de esto", dice el bajista albino.

Maxi se toma las cosas en serio: “Para nosotros esto es un trabajo y, además, un placer. No sólo porque, como dicen los chinos, ‘trabaja de lo que te gusta y no trabajarás un día en tu vida’, sino porque nos vamos equipando cada vez mejor gracias a los aportes de la gente”.

El jueves pasado, al mediodía, con el frío de 5 grados, La Banda Viajera interpretaba "Sultanes del ritmo" de Dire Straits en Peatonal y San Martín: "La ley de la calle de los músicos dice que el lugar es del primero que llega, y que hay que tocar al menos a una cuadra de distancia para no interferirnos", aclara el músico, que toca el bajo con guantes sin dedos enfrentar el invierno.

Para ellos el frío es lo único malo de tocar en la calle, lo demás es goce. "Dividimos el dinero, nos llevamos bien y vivimos bien de esto si se tiene en cuenta la situación del país", coinciden.

Por estar en la calle, a veces los contratan para eventos y tienen una tarifa social "si se trata de gente humilde". Igual, un show estándar de una hora y cuarto, con sonido y operador, "sale $12 mil más el flete". Para contratarlos se los puede llamar al 2614182297 o al 2615063497, y en las redes sociales aparecen como "la banda viajera mendoza" (Facebook), "@lavanda.viajeramza" (Instagram).

La banda irá a los eventos pero siempre volverá a las calles, donde se siente como en casa.

Multi instrumentista

Con un jopo exuberante, vestido de gris con chaleco elegante y pantalón a tono, Ruddy Aber (Rodolfo Aberastain, 35) ejecuta su violín Cremona en la puerta del Starbucks de Espejo y San Martín: ha elegido "My Heart Will Go On" (el tema de "Titanic", de Celine Dior), cuya melodía recubre de melancolía este atardecer invernal.

"Soy multi  instrumentista autodidacta", cuenta tras darle fin al tema. Al menos al violín lo maneja con maestría: el sonido envuelve a la esquina en la tarde-noche y el estuche del instrumento ya cuenta con varios billetes.


Experto: Rubby Aber ha tocado en las calles de Chile y España. | Gustavo Rogé / Los Andes
Experto: Rubby Aber ha tocado en las calles de Chile y España. | Gustavo Rogé / Los Andes

"Soy un músico de la calle con experiencia: esto lo hice en España y en Chile. Además he tocado en muchas bandas de todo tipo: toco el piano, varios vientos y guitarra". En febrero del año pasado, Ruddy ganó el premio de la organización Latinoamericano de Oro como "saxofonista de gran excelencia".

Hoy, instalado en Mendoza, dice que toca "todos los días, como si fuera un trabajo de oficina, pero más copado: estoy de 9 a 12 y de 16 a 21 en distintos lugares". "Saco entre 500 y 1.000 pesos, depende el día", cuenta mientras llama a un cafetero ambulante para calentar el cuerpo. Cerca está su novia, la cantante lírica local y música Mariel Santos. "Es muy talentoso", dice ella cargada de orgullo.

“Una vez trabajé en una zapatería. Allí corrés el riesgo de que te toque un jefe psicópata. A veces en la calle te puede tocar un loco, pero prefiero esta libertad”, confiesa.

El hecho de llevar tanto tiempo en la calle, Ruddy sabe que “cuando la gente ha cobrado es cuando mejor te va; los primeros días del mes. Además, en las calles te contratan para eventos. Me ha pasado muchas veces”.

A propósito, Ruddy cuenta con una página web (http://ruddyaber.simplesite.com/), y con su su Facebook "Ruddy Aber".

Tachosonoro, el pulpo de la percusión

El hombre está sentado sobre un tacho de plástico de 20 litros, rodeado por ocho tachos iguales (uno de ellos tiene un cartel que dice "La calle es de quienes le ponen ritmo"), con un  juego de numerosas llaves que hace de cortinilla y un tubo de PVC que reemplaza al didgeridoo (instrumento de los nativos australianos). "Todos estos se llaman 'cotidiáfonos'. Se trata de hacer música con elementos que no son instrumentos", explica.

Quien habla es Tachosonoro (el único nombre que devela) e hizo su aparición en las calles de Mendoza en el año 2014. "No tengo problemas con el público, siempre me tiran la mejor. Y cada tanto me compran un CD con lo que grabo, así que no me puedo quejar. Y te digo algo, los que menos tienen son los que más dejan; vos los ves revolviendo la billetera y lo poco que tienen te lo dan a cambio de lo que vos les diste".


Tachosonoro: realiza música con baldes de plástico. | Los Andes
Tachosonoro: realiza música con baldes de plástico. | Los Andes

Su show montado, sobre la vereda de Montemar (al lado del Pasaje San Martín), crece al compás que Tachosonoro comienza a dominar sus cotidiáfonos. Alcanza un clima alto -similar al de la música electrónica- cuando sus brazos y sus piernas ejecutan el ritmo y con su boca envía el sonido especial del didgeridoo. Es entonces cuando se produce "la lluvia de inversiones" de los transeúntes.

Al músico sólo le es posible agradecer con las cejas arqueadas ya que el resto de su cuerpo está a cargo de las melodías que esparce.

Para Tachosonoro no hay día ni hora para tocar en la calle. "Yo lo hago a toda hora; uno nunca sabe con qué se va a encontrar. A veces los lunes vendo discos, ¡y el lunes es un día odiado por la gente!". Viaja solo y en verano estuvo tres meses "haciendo temporada en la Patagonia". Para acarrear todo lo que lleva se vale de un carro con rueditas: "acá entra todo", señala.

Su música se puede etiquetar en lo que se llama psicotrance, "un género de música electrónica caracterizado por arreglos de ritmos hipnóticos", según dice. Algo de eso provoca en el público, que se detiene, saca un billete y se queda, hipnotizado y con algo menos de dinero.

Para contrataciones tiene su facebook, su Instagram (ambos: "Tachosonoro") y el móvil: 2615095805.

La pareja que baila al compás del 2x4

Jesica Saavedra (32) y Horacio Sepúlveda (28) preparan el blue tooth desde su celular, que se conecta al parlante portátil y hará sonar tangos clásico. Ella, con vestido bordó aterciopelado que deja al desnudo su espalda (por más que la temperatura no llega a los 10 grados); él, con un traje gris chaplinesco, la espera en la esquina de Sarmiento y San Martín, que ya está bastante llena de gente. Algunos quieren ver de qué se trata y otros están ahí porque aún mucha gente usa el Kilómetro 0 "para juntarse".

"Venimos recorriendo el país desde hace meses. Somos novios y nos dedicamos al tango tradicional o de salón, el tango improvisado y al de piso. Bailamos temas de los 40 y 50, la época dorada", cuenta la chica, sin tiritar por el frío.

La historia de amor de Jessi y Horacio le debe todo al compás del 2x4. "Yo bailo desde hace 16 años y él, desde hace cinco. Nos conocimos en un Mundial de Tango; yo representaba a Córdoba y él era parte del público".

La pareja reside en Santa Fe y cada tanto salen a "hacer la calle" por provincias. Les encanta ser artistas callejeros por más que son profesores de tango de verdad en Santa Fe.

Están contentos en Mendoza, donde "hay cultura de gorra" (la gente colabora con dinero)".

Jésica tira un dato para muchos desconocido: “El 70% de las personas que consumen tango son extranjeras. Y nosotros, con el tema de la ropa que se confecciona especialmente para bailar, pagamos todo a valor dólar. Por la competencia estamos siempre aprendiendo; a nuestro nivel una hora de clase con profesor nos sale 1000 pesos y por ahí la gente de la calle te tira 10 pesos; es difícil”, dice.

De pronto, Horacio , que ya ha conectado un nuevo tango (recrean D’Arienzo, Troilo y Pugliese entre otros) y la llama a la pista: el dinero hecho de momento no es suficiente así que a la hora que llevan bailando en el frío, deberán ponerle una hora más: el tango los volverá a abrigar al menos por tiempo que falta para llegar a los 1000 pesos que pretenden.

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