miércoles 30 de septiembre de 2020

Marriage Story: de amor y de odio
Espectáculos

Marriage Story: de amor y de odio

“Historia de un matrimonio”, de Noah Baumbach, compite en seis categorías en la antesala de los Oscar.

Marriage Story: de amor y de odio

El pasado 9 de diciembre, en el corredor de la llamada "temporada de premios", se anunciaron todos los candidatos a competir por los Golden Globe que se celebrarán el próximo 5 de enero en Los Ángeles. La sorpresa de este año fue la presencia en muchas categorías, seis para ser precisos, de "Historia de un matrimonio" una nueva producción de Netflix, dirigida por Noah Baumbach, que se quedó en el podio de las películas más nominadas. Es sabido, los Globo son la antesala de los Oscar y de esta manera Netflix (que también ha cosechado nominaciones para "El Irlandés" y "Los dos Papas") se posiciona como una productora consolidada que demuestra capacidad de producción y compromiso de calidad con películas que cuentan historias. Aquí, algunas ideas de por qué una película que muestra la dolorosa desintegración de un matrimonio atrae no solo a los premios sino también a los espectadores.

Desde que Hollywood es Hollywood, mejor dicho desde que en Los Ángeles las majors se consolidaron, han producido películas de casamientos, o de divorcios que terminaban en segundas nupcias. A lo largo de las décadas, el género de la comedia, o el drama matrimonial, dio trabajo a millones de estrellas, actores y directores. Pero generalmente con la premisa de que la separación da lugar a una nueva unión, incluso, entre las mismas partes. Así, por ejemplo, lo escenifican las comedias de enredo matrimonial, un género en sí mismo tal cual lo describe el filósofo Stanley Cavel, que muestra que para sobrevivir las parejas deben reinventarse, o incluso divociarse y volverse a juntar. Por otro lado el cine europeo, de Bergman a Antonioni, escenificaba cuán difícil es sostener una relación de pareja en el tiempo. Y recreaban, con tono amargo y diálogos ominosos entre las partes, lo dificultoso de la vida en pareja.

En "Historia de un matrimonio", Baumbach toma algo de las dos corrientes, las junta y entrega una película que lo que muestra es el lado B del amor, su desintegración y denigración. Para decirlo en pocas palabras: recrea un divorcio. Hay que decir que otros colegas suyos norteamericanos, de Allen a Cassavetes, ya transitaron este sendero. Así, y por enunciar algunas comparaciones, en "Historia de un matrimonio" Baumbach retoma de Allen que nuestros protagonistas, en principio, habitan en Nueva York. Y de Cassavetes se ve la influencia porque los protagonistas son artistas. Entonces: ¿no hay nada original en su propuesta? Todo lo contrario.

La originalidad de "Historia de un matrimonio" radica en que la desintegración del amor no se ve tanto en los hechos más dramáticos (como ese áspero y doloroso diálogo que se profesan las partes donde se echan en cara casi todo) sino en los hechos más simples de la cotidianeidad. Y que la causa de la ruptura es opaca, no se manifiesta del todo. Podría ser esto, o podría ser esto otro. Podría ser que uno dejó de hacer lo que hacía y enamoraba al otro, o todo lo contrario.

De hecho, la película comienza con una carta que se escriben los protagonistas retomando qué es lo que a cada uno le gusta del otro, qué fue lo que los hizo construir el lazo de amor. Y en esos relatos están referidas las formas de estar en lo cotidiano, en lo más simple, lo más ordinario. Inteligentemente, Baumbach pone el foco en la desintegración de esa estructura cuando el yo, el individuo, lo individual, empieza a pesar más que las partes. Un gesto inevitable en una época donde realizarse, donde ser, ser uno, hacer algo en la vida más allá del núcleo familiar está a la orden del día. Sin embargo, Baumbach no nos da entender del todo que esa fue la causa del divorcio. El origen del conflicto fue ¿que él estaba muy centrado en su carrera? ¿Y ella no podía hacer nada más que secundarlo? La causa exacta del por qué no se explicita. Quizás porque hay cosas que no se pueden racionalizar del todo. Quizás porque hay algo, cuando de amor se trata, que se nos escapa, no podemos comprender, y viene de la mano de un malestar. ¿El malestar de la cultura?

En realidad, la película puede ser vista como episodios aislados, que empiezan y terminan, y no como una unidad. Por momentos, parecen escenas de una obra de teatro. Como si nuestros personajes, actores ellos también, estuvieran expuestos a ese otro teatro que es la vida. Asimismo, el relato tiene infinidad de elipsis, de lagunas informativas, que nos llevan a tener que completar nosotros como espectadores distintas cosas. 

Por ejemplo, el personaje que interpreta Alan Alda, tradicional actor de Woody Allen y valga el homenaje, entra y sale de la trama sin muchas explicaciones.

Para llevar adelante un relato de estas características se necesitaban grandes actores, actores que pudieran verse naturales y reales aún cuando hubieran pasado meses entre una escena y otra.

Y tanto Scarlett Johansson como Adam Driver cumplen con su cometido. De ambos sabíamos que detrás de sus disfraces de súper heroína o villano (ella es un personaje de "Avengers", él de "Star Wars") había grandes actores. Ella lo demostró en "Match Point" y él en "Paterson". Pero aquí van un paso más allá y recrean emociones más profundas, más dolorosas, desde un lugar de compromiso y de respeto que los posiciona como los grandes actores de su generación.

Párrafo aparte también merece Laura Dern y su interpretación de una abogada simpática y sin escrúpulos, que en nombre de los derechos femeninos solo quiere ganar plata y fama. Si bien su personaje está en la línea del que interpreta en "Big little lies" no por eso deja de ser igual de contundente. Y ya que referimos a lo judicial, podríamos especular con que Baumbach también ha querido criticar a ese sistema que mueve millones y lo hace escondiéndose en slóganes detrás de torres inteligentes de millones dólares. 

Para concluir, hay mucho para decir, y muchas aristas desde donde intepretar "Historia de un matrimonio" y seguramente cada uno de los espectadores verá sus propias situaciones de la vida, sus propias lecturas. Finalmente, de algo de eso se trata el cine o las películas: de interpelarnos, de movilizarnos, de confrontarnos con nuestra experiencia humana, de seres con alegrías, dolores y también frustraciones.