martes 22 de septiembre de 2020

Los dos papas: el filme, desde adentro
Espectáculos

Los dos papas: el filme, desde adentro

El jueves se estrenó en algunos cines del país, aquí en Cine Universidad y en Alvear, la película de Netflix.

Los dos papas: el filme, desde adentro

El 19 de abril de 2005 el cardenal alemán Joseph Aloisius Ratzinger era elegido como el sucesor de Juan Pablo II tras su muerte. Tras cuatro rondas de votaciones y dos días de cónclave llegaba a convertirse en el Sumo Pontífice eligiendo el nombre de Benedicto XVI. De perfil conservador, sus políticas fueron de endurecimiento y la Iglesia Católica se cerró al mundo. Pero el 11 de febrero de 2013 sorprendió al mundo cuando anunció su renuncia al cargo por "falta de fuerzas". Desde 1294 que un papa no renunciaba por voluntad propia. Es cierto que la institución religiosa estaba siendo castigada por diversos escándalos y esto llevó cierto alivio, pero fue un golpe duro. El cargo quedó vacante hasta el 13 de marzo, cuando fue elegido Jorge Bergoglio. 

El argentino le había disputado el puesto a Ratzinger en la elección de 2005, y ahora le llegaba la oportunidad. Bergoglio, que por su parte eligió el nombre de Francisco, se presentaba como un candidato reformista, con ganas de realizar cambios. Un perfil muy diferente al de su antecesor.

Hubo varias reuniones entre ambos, y ese es el tema principal de "Los Dos Papas", la nueva película del gigante Netflix. Este filme, dirigido por Fernando Meirelles, realizador de películas como "Ciudad de Dios" (2002), "El Jardinero Fiel" (2005) o "Ceguera" (2008), imagina las charlas que pudieron tener Benedicto XVI, interpretado por Anthony Hopkins, y Bergoglio (Jonathan Pryce). Estos dos hombres, con perfiles y posiciones tan diferentes, tocan muchísimos temas del pasado y la actualidad viendo si pueden llegar a un acuerdo.

El actor galés Jonathan Pryce estuvo en nuestro país para la presentación de la película, que se estrenó en 41 pantallas, entre ellas Cine Universidad y el Cine Antonio Lafalla de Alvear. Antes del estreno en Netflix, el 20 de diciembre, charlamos con él sobre cómo fue protagonizar este más que interesante largometraje.

- ¿Qué se sintió de ser parte de este filme y rodar en Argentina?

- En primer lugar, estoy muy agradecido a la gente de Argentina por permitirme, una vez más, interpretar a un personaje icónico de su país (NdR: en “Evita” (1996) personificó a Juan Domingo Perón). Me gusta mucho estar de nuevo aquí por unos días y poder ver la película con una audiencia argentina. Creo que va a ser algo especial. Siento, como lo he sentido siempre, una gran responsabilidad por interpretar este rol. Y también honrar al pueblo argentino.

- ¿Es cierto que recibió la oferta para trabajar en otra película haciendo del papa Francisco?

- Mi agente me dijo que el día en que Bergoglio se convirtió en papa fue cuando comenzaron a circular imágenes mías en internet junto a imágenes suyas que decían: “¿Es Jonathan Pryce el papa?”. Ella recibió un llamado de Argentina diciendo que esta compañía quería que yo protagonizara una película del papa contando la historia de su vida, pero no llegó a más de eso. Hice una locución para un documental, para la misma compañía, y creo que pensaron que tal vez yo no era lo suficientemente religioso para interpretarlo. De todas maneras, no podía decirle que no a este papa, por muchas razones. Teniendo en cuenta que no soy católico, es el primero que me llamó la atención. Estaba al tanto de otros papas, pero por connotaciones negativas y no necesariamente me gustaba lo que decían, porque nunca le hablaban al mundo en general sino a la Iglesia. Este fue el primer papa que, desde el día uno, se sabía lo que decía. Estaba todo el tiempo en los medios, en los diarios, podía leer lo que decía y me gustaba. Porque respondía no como un líder de la Iglesia, sino como un líder del mundo. Estaba de acuerdo con lo que decía sobre el medioambiente y la crisis de los refugiados, hablaba como un político. Y de eso es de lo que básicamente trata esta película. Es un simple mensaje sobre la comprensión y la compasión por el otro, es acerca de construir puentes en vez de muros. También fue la oportunidad de trabajar con uno de mis directores favoritos, que es Fernando Meirelles. “Ciudad de Dios” está entre mis 10 películas favoritas de todos los tiempos. Trabajar con él fue otra de las cosas que me atrajo de esta película.

- ¿Cuál fue su reacción al leer el guion por primera vez?

- Cuando lo leés por primera vez no te hacés mucha idea de cómo va a ser el filme. Es una lectura sobria. Por eso cuando vi la película me sorprendió lo graciosa que es. Mientras la hacíamos, nunca pensé ni me di cuenta de que estábamos haciendo algún que otro chiste. Eran dos personas respondiéndose el uno al otro con buena intención y, algunas veces, de manera graciosa. Pero nunca pensé que estuviéramos haciendo algo que despertara esas risas; lo cual es bueno, porque si hubiéramos pensado “esta parte es graciosa, hagámosla para generar risas”, no hubiéramos logrado que sea entretenida como lo es ahora. De alguna manera mi relación con Tony Hopkins refleja la que estos dos hombres tienen en pantalla. Yo estaba un poco preocupado, algo nervioso, porque no sabía cómo iba a ser en el set. Sabía que me gustaba cómo actuaba él, y que me caía bien. Y también fue así con la reunión entre Francisco y Benedicto XVI; eran un poco recelosos uno del otro, como dos perros olfateándose. Y luego crece una gran amistad, y eso es lo que me pasó también con Tony.

“Los dos Papas” se rodó, en parte en la provincia de Córdoba.

- ¿Estudió mucho al papa Francisco para interpretarlo?

- Vi muchos videos, porque sabía lo que tenía que decir, pero cómo lo hacía era lo importante. Tiene una voz gentil, habla calmadamente, y en la última escena que hicimos, cuando él sale de la Capilla Sixtina caminando, Fernando me dijo que era increíble lo que había logrado, que había absorbido todo de este personaje. Pero también vi un video cuando era interrogado por otros cardenales sobre su posible vinculación con la Junta Militar, y ahí se ve un lado suyo mucho más oscuro. Se lo ve muy enojado sentado allí, no muy feliz de estar respondiendo esas preguntas, con un gesto severo, tamborileando los dedos con impaciencia, esperando que se termine. También hablé con un sacerdote de acá, que fue su subordinado y no lo quería demasiado, que me dijo que cuando se convirtió en papa, y estaba en el balcón en el Vaticano, no lo reconocía porque estaba sonriendo. Ellos lo llamaban “el hombre que nunca sonríe”. Cuando te enterás de eso, te das cuenta de que hay algo dentro suyo, ya sea culpa o ira, algo que no es lo que ves siempre en el exterior. Cuando trabajo con personajes de ficción tiendo a recurrir al guion y construirlos a través de él. Descubrís así sus debilidades, no necesariamente sus fortalezas, y hallás las cosas que hacen a esa persona. No fue necesario que yo creara un personaje, ya que Francisco lo hizo. Yo sólo seguí ese camino.

- ¿Cómo fue la dinámica con Anthony Hopkins en el set? ¿El director les dio libertad para explorar?

- Muchísima libertad. Todo gran director con el que trabajás crea un gran ambiente en el set, en donde todos sienten que su contribución es válida. No tengo recuerdos de tener que haber trabajado sobre algo en especial. El guion era muy fácil de decir y con Tony trabajamos muy bien. Es todo parte del proceso, descubrirnos el uno al otro. No hay nada impuesto por Fernando diciendo: “quiero que esto se haga así o de tal otra forma”.

- Hay escenas en donde se lo ve hablando en español, ¿aprendió para la película?

- Aprendí las partes en español para el filme, pero no es todo mío. Todo lo que mi personaje dice en español lo aprendí, pero mi acento argentino es muy “particular”. Me dijeron que podía molestar a los argentinos porque no era el correcto. A mí me molesta cuando algunos quieren hacer el acento galés, si no está bien hecho, me desquicia. Esa larga secuencia al principio de la película, que termina en la misa, está doblada por un actor argentino que suena parecido a mí.

- ¿Cómo fue trabajar para Netflix?

- Es la primera vez que trabajo para ellos -espero que no sea la última- y el equipo de producción de ellos, y los productores independientes que tuvimos, fueron de las mejores personas con las que trabajé en mi vida, fueron de gran apoyo para la realización de la película. De cierta forma, es triste que se proyecte en cines sólo unas pocas semanas, pero también es fantástico que se vaya a ver por millones de personas más que las que la verían en el cine. Siento, por otro lado, que hay cierto sentido de igualdad, porque el que no tiene un cine cerca de donde vive, puede ver la película en su televisor o su computadora, con suerte no en su teléfono (risas).

Francisco, de joven 

El actor Juan Minujín también forma parte de esta película. El protagonista de "100 Días para Enamorarse" se pone en la piel del joven Bergoglio. Ese que estuvo a punto de casarse y en el último minuto escuchó el llamado y se hizo cura. A Minujín se lo puede ver en esa etapa, y también en la que cuenta cómo fue su vínculo con altos mandos de la Junta Militar durante la última Dictadura. Un tema que genera -aún hoy- mucha polémica en nuestro país. Hablamos también en exclusiva con él.

- No sé qué tan religioso o creyente seas, ¿pero fuiste para ese lado para poder componer este papel?

- No tengo una formación religiosa, no soy religioso, ni tampoco mis padres. No tuve una educación en eso. Tuve que investigar mucho, no sólo sobre la vida de Bergoglio sino también sobre la noción de la religión, de tener fe. Todo eso me era ajeno, así que eran conceptos que tenía que abrochar de manera emotiva. En eso fue en lo que más traté de enfocarme. Teníamos un asesor, un padre jesuita llamado Octavio, que nos ayudó mucho. Me junté muchas veces con él y me hice muy amigo.

Juan Minujín. Encarna a Bergoglio en su etapa de juventud, cuando decide tomar los votos. | Clarín

- ¿Cómo es trabajar para una producción original de Netflix?

- En este caso, apoyó mucho la película. Tuvimos mucho tiempo de rodaje, en ese sentido cambia. Acá, en general, se tarda entre 5 y 8 semanas y creo que esta película tuve 16 o 17 semanas. Eso es diferente porque uno tiene un tiempo de exploración más grande que en una película normal, en donde tenés que resolver rápidamente. Y después Netflix le da un soporte muy grande al filme en términos de preproducción, rodaje y lanzamiento. Además uno sabe que va a estar en una pantalla que tiene 150 millones de usuarios en el mundo, en 190 países.

- A los argentinos nos interpela muy de lleno. Habla de la Dictadura Militar y el rol de Bergoglio durante esa época. ¿Cómo lo analizás?

- Creo que uno de los hallazgos que yo percibí, desde que leí el guion, en esta película es que atraviesa muy valientemente los años ‘70 y la parte más controversial de él. No evade ese tema. No sólo no lo evade, sino que hace que potencie la parte más emotiva del filme, que es el cambio de él. Demuestra que una persona puede cambiar, que ve que se equivocó y que a partir de eso puede tomar otras actitudes.

- ¿Creés que esa parte va a generar polémica acá?

- Puede ser que sí, pero también creo que el punto fuerte de la película es mostrar que dos personas que piensan tan distinto pueden encontrar puntos en común, dialogar y, sobre todo, escucharse. Eso es lo más difícil de todo: no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo. En un tiempo en donde la cosa está tan polarizada, me parece que abrir caminos para encontrar puntos en común y de acuerdo, es muy importante.

- ¿Te generó una responsabilidad extra como actor interpretar al papa?

- Al principio me generó mucho peso, porque es la primera vez que compongo a un personaje real, que está vivo y es tan público. Pero rápidamente, cuando comenzamos a trabajar con Fernando, él me liberó mucho de esa presión. Me dijo que pensara que la película es una ficción, basada en estos dos personajes, en estas reuniones que existieron y de las cuales no se sabe de lo que se habló. Eso fue muy liberador para mí. En parte era hacer a Bergoglio joven, en parte hacer a Jonathan (Pryce) joven; lo que me llevó a ver muchas películas suyas, no para copiarlo sino para tenerlo un poco en mi cabeza. El director tampoco quería que hiciéramos una copia ni de Bergoglio, ni entre uno y el otro.

- Interpretar este personaje, ¿hizo que cambiara tu apreciación sobre la religión? ¿Te acercó un poco a ella?

- No en particular. Sí me acerqué mucho más a quién es Francisco, a conocer qué voz -más allá de la Iglesia- tiene como líder internacional y el peso que tiene. Además, me resulta muy interesante la agenda que tomó: cambio climático, refugiados, pobreza, la deuda de los países más pobres con los más ricos, gobiernos autoritarios. Eso, y las reformas que está intentando llevar adelante dentro de la Iglesia, me parecieron sumamente interesantes.

- Sacando tu parte profesional, ¿cómo fue encontrarte trabajando con tantos nombres reconocidos de la industria?

- En principio, soy muy fanático del trabajo de Fernando Meirelles. Y, por supuesto, trabajar y estar en la misma película que Jonathan Pryce y Anthony Hopkins me parecía espectacular. Con Jonathan pude ensayar y convivir más tiempo porque compartimos los rodajes acá en Argentina. A Hopkins recién lo conocí ahora en Los Ángeles, cuando se estrenó la película ahí. Tener la chance de trabajar con Meirelles, ya para mí eso era extraordinario.

- ¿Cómo fue filmar en Córdoba?

- La geografía es imponente. Más allá del ojo de Fernando para filmar eso, que es extraordinario, lo es en sí mismo. El lugar es increíble, la gente me pareció divina. Los extras eran de allá, fue muy lindo. Esa transición que vivió Bergoglio allá es lo que da pie a la transformación que tiene después para convertirse en Francisco. Era muy interesante retratar eso, y creo que ahí se dan algunas de las escenas, para mí, más emotivas de la película.

- ¿Te llamó la atención la forma de trabajo de Meirelles?

- Es de los directores más humildes que conocí. Es muy inteligente, generoso y tiene una libertad para trabajar en el rodaje, increíble. Tiene un espíritu muy lúdico. Es un realizador con mucha pasión.