domingo 27 de septiembre de 2020

La antesala del infierno - Por Claudio Fantini
Opinión

La antesala del infierno - Por Claudio Fantini

La antesala del infierno - Por Claudio Fantini

La escalada crece a velocidad vertiginosa. El primer paso fue el ataque de Hizbollah que mató a un contratista norteamericano. La respuesta estadounidense fueron bombardeos sobre bases de Hizbollah que dejaron decenas de muertos. Entonces el general Qasem Soleimani y las fuerzas pro-iraníes lanzaron las turbas que atacaron la embajada norteamericana en Bagdad.

Esa acción despertó fantasmas en la Casa Blanca. La imagen del ataque en 2012 al consulado en Benghazi (con la muerte del embajador Christopher Stevens) sobrevoló Washington.

El ataque en Benghazi, perpetrado por turbas, se superpuso con un recuerdo aún más oscuro: la ocupación en 1979 de la embajada en Teherán por turbas jomeinistas que mantuvieron como rehenes a diplomáticos durante casi un año.

El ayatollah Jomeini ordenó esa acción para destruir el acercamiento que ensayaba el moderado primer presidente que tuvo la revolución, Mehdi Bazargan, con Zbigniew Brzezinski, consejero de James Carter.

Aquel suceso terminó de convertir a Irán y Estados Unidos en archienemigos viscerales. Y el intento de ocupación a la embajada en Bagdad pudo haber tenido un objetivo similar: romper el vínculo entre Washington y Bagdad.

Ocurre que en Irak se da una situación anómala: norteamericanos e iraníes quedaron en la misma vereda en la guerra contra Isis. Más extraño aun es que esos enconados enemigos son los protectores de los gobiernos iraquíes.

Las coaliciones gubernamentales tienen como componentes principales a  kurdos y chiitas. Pero el chiismo es mayoría en la población, por eso los presidentes son kurdos y los primeros ministros son chiitas. Los choques entre facciones debilitaban al componente chiita del poder y fue el general Soleimani quien logró poner fin a las pujas facciosas.

El jefe de la Fuerza Quds,  (brazo exterior de la Guardia Revolucionaria) fue el arquitecto de la proyección de Hizbollah afuera del Líbano.

El general preferido del ayatollah Jamenei al que muchos iraníes consideran un héroe desde la guerra irano-iraquí que inició Saddam Hussein, también colaboró con Bashar el Asad para reorganizar el ejército sirio, tras la seguidilla de derrotas que sufrió al inicio de la Guerra Civil. Y fue el impulsor de las franquicias de Hizbollah en Siria y en Irak.

Irán no va a quedarse de brazos cruzados ante semejante pérdida, a la que se suma la del general Al Muhandis, jefe de kataeb Hizbollah. Es posible que active células de Hizbollah para que cometan atentados contra EE.UU. en el mundo. También es posible que intente vietnamizar Irak, haciendo con las milicias chiitas lo que Vanguyén Giap hizo con los vietcong. Y si Washington encuentra en Irak un nuevo Vietnam, es posible que lance un golpe devastador sobre la mismísima Irán.