Inventoras: mujeres en la industria automotriz

Inventoras: mujeres en la industria automotriz
Inventoras: mujeres en la industria automotriz

Desde el siglo XIX incursionaron en un terreno por entonces reservado a los hombres. Desarrollaron desde la calefacción al limpiaparabrisas.

Durante muchos años la industria automotriz asignó a la mujer el papel de acompañante, bajo esta premisa el espejo de cortesía llegaba sólo allí en un principio.

Pero muchas no se contentaron con ese papel y se hicieron de las llaves para poner primera. Hacia 1838 en la ciudad de Chicago –Estados Unidos- llegó al mundo Margarit Wilcox, quien se convertiría en la primera ingeniera mecánica del mundo.

Hacia 1893 decidió hacer más confortable la vida de los conductores y patentó el sistema de calefacción de autos. Su invento consistía en una cámara de combustión ubicada debajo del automóvil y tuberías para transmitir agua caliente, el mismo redirigía el aire que estaba sobre el motor hacia el interior del automóvil.  Poco tiempo después, en noviembre de 1903, otra estadounidense modificó la industria automotriz patentando el limpiaparabrisas. Se trató de Mary Anderson, cuya idea fue incorporada cinco años más tarde al mítico Ford T por Henry Ford.

En este camino de emprendedoras sin freno, hallamos a Florence Lawrence una canadiense nacida en 1886 que a los 12 años se mudó a Nueva York. Allí asistió a diversos colegios. Siendo parte de una familia de artistas, la joven hizo carrera en el teatro y con la llegada del cine participó en casi 300 películas.  Fue de hecho la primera estrella cinematográfica, un accidente en el set de filmación –quemadura- la alejó de las pantallas durante largo tiempo y al regresar no recuperó su status. Esto, sumado a una dolorosa enfermedad, la sumergió en una gran depresión. La actriz se suicidó en 1938 ingiriendo veneno para hormigas.

Florence no sólo pasó a la historia como actriz, su gran pasión por los autos la llevó a inventar el primer indicador de cambio de dirección. Lamentablemente no lo patentó y las compañías lo utilizaron sin pagarle derechos. Lawrence murió en la pobreza absoluta.También en Estados Unidos -y de modo contemporáneo- se desarrolló la vida de Katharine Burr Blodgett, nacida en enero de 1898 en Nueva York. Fue la primera mujer que logró doctorarse en Física y poco después se convirtió también en la primera en ser contratada por General Electric, compañía fundada en 1890 por Thomas Alva Edison y actualmente una de las empresas multinacionales más importantes del planeta. Mientras Katharine  trabajó allí, inventó una forma de hacer que las superficies de vidrio no reflejaran.

Esta tecnología es la base de los lentes de cámara, proyectores de películas, periscopios submarinos, gafas, lentes de sol, pantallas y de los parabrisas.  Como vemos, las mujeres comenzaron su lucha por la igualdad hace ya muchas décadas, actuando y alcanzando sus sueños, no gracias a cupos de género, sino a vidas de esfuerzo. Pero sin lugar a dudas necesitaron de herramientas previas para iniciar la marcha. Analizando la trayectoria particular de estas cuatro hacedoras que revolucionaron una industria "masculina" por excelencia, notamos que todas ellas pertenecieron a la sociedad estadounidense. Quizás parezca un dato menor, pero no lo es.  El país del Norte trabajó a lo largo de gran parte del siglo XIX en generar una educación de calidad e incorporar a las mujeres como parte fundamental del avance.

Domingo Faustino Sarmiento dejó testimonio de esto al visitar Norteamérica en dos oportunidades. "Su trabajo era inmenso –escribió sobre el educador yanqui Horace Mann- y la retribución escasa, enterándola él en su ánimo con los frutos ya cosechados y el que abría a su país. Creaba allí, a su lado, un plantel de maestras de escuela que visité con su señora, y donde no sin asombro vi mujeres que pagaban una pensión para estudiar matemáticas, química, botánica y anatomía como ramos complementarios de su educación. Eran niñas pobres que tomaban dinero anticipado para costear su educación, debiendo pagarlo cuando se colocasen en las escuelas como maestras; y como los salarios que se pagan son subidos, el negocio era seguro y lucrativo para los prestamistas".

No es ningún secreto que – en gran medida- todos somos fruto del ambiente en el que crecemos y fundamentalmente de nuestra instrucción. Por eso, sin lugar a dudas, la igualdad real de oportunidades no se alcanza desde lo efímero, desde revoluciones de colores que se toman vacaciones o plantean luchas selectivas, el verdadero cambio siempre va de la mano de la educación y nos incluye a todos. Desde esa base nada es imposible. 

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