sábado 31 de octubre de 2020

Ineptitud de los políticos argentinos - Por Luis Sarmiento Garcia
Opinión

Ineptitud de los políticos argentinos

Ineptitud de los políticos argentinos - Por Luis Sarmiento Garcia

Argentina entró en default selectivo de intereses el 22 de mayo de 2020 por u$s 503 millones, novena cesación de pagos desde 1820 durante 200 años. La deuda provenía de 2005 (Kirchner, peronista populista) que se canjeó por bonos en 2016 (Macri, Pro) y vencieron sus intereses ahora (Fernández, peronista). La mayoría de los argentinos creemos que existe una ineptitud política generalizada para gobernar y por eso el país no puede salir de su decadencia y postración. ¿Es verdad? Claro que sí.

La ideología peronista, que en materia económica propicia combatir al capital, marxismo puro, es compartida y ejecutada por todos los políticos, civiles y militares, que han gobernado desde 1946. La marcha peronista afirma desde 1949 cuando se compuso, que el General Perón conquistó “a la gran masa del pueblo combatiendo al capital”. Y Alfonsín abandonó el gobierno, con el austral uno a uno con el dólar al crearse, en diez mil australes por dólar “combatiendo al capital”.

El agrandamiento burocrático constante del Estado igual a la pérdida del capital de las empresas y por ende, al empobrecimiento del país, es constante en todos los gobiernos, peronistas o no.

Con la cuarentena la caída del PBI ha sido estrepitosa y sin precedentes. El peronismo entiende (Fernández Presidente, Cristina, Máximo, Heller, Fernanda Vallejos, entre muchos) que para salir del desastre habrá que recurrir a impuestazos como le es habitual y a la solidaridad popular. Los contribuyentes debemos arreglar los desastres de los políticos, que impondrán “impuestos patrióticos” a las empresas y habitantes exitosos que combaten. Esto lo hemos padecido siempre y sus consecuencias también: más crecimiento estatal, mayores pérdidas del capital nacional, más pobreza y más indigencia. Reitero con Einsten: no se pueden obtener distintos resultados aplicando los mismos métodos. Desde 1946 se combate al capital, y la pobreza e indigencia son cada vez más obscenas. Con más impuestos solo habrá más pérdidas, más pobreza y más planes “descansar”.

¿Porqué se produce? Más impuestos implica menor producción y más caída de empresas. La pérdida de fuentes de trabajo produce mayor desocupación y menor consumo. A su vez la caída de la recaudación impositiva produce déficit fiscal y la necesidad de monetizarlo emitiendo cada vez más, emisión que es la gran productora de la inflación. Y así hasta que se produce un nuevo default por la disminución de las reservas ya que todos los impuestos han sido dirigidos a la burocracia del gobierno, aumentando las importaciones, cayendo las exportaciones, con menos ingreso de dólares al país. Repito, esto es un déjà vu permanente de la ideología peronista, que es la de Alberto, Cristina, su gabinete y de todos los gobiernos, justicialistas o no.

Un giro copernicano

Como esto es así, hay que cambiar la ideología y el método. No podemos seguir “combatiendo al capital” sino fomentar su crecimiento sostenido. El achicamiento del Estado no puede ni debe ser indiscriminado. Las funciones esenciales, salud, educación, justicia, seguridad y protección racional de los más necesitados en verdad son fundamentales y no negociables. Hemos padecido su ausencia y distorsión durante décadas. La falta de salud ha sido evidente en esta pandemia, suplida por nuestros excelentes médicos y personal correspondiente. La educación es pobre y la inteligencia argentina se sostiene por el esfuerzo personal de nuestros intelectuales y no por los gobiernos. La justicia es otro desastre que se sufre a diario y debe corregirse de inmediato. Y la seguridad es inexistente reflejada en los índices de delincuencia, en crecimiento permanente. La protección de los necesitados es el negocio del populismo de casi todos los gobiernos. Las “ayudas” de todo tipo solo han servido para acrecentar la pobreza y fomentar el ocio improductivo. Cesó la creación de trabajo para cambiarse por “planes descansar” absurdos.

Dimensionado el Estado en su justa medida hay que suprimir la burocracia sin causar más pobreza y desocupación, que han sido las excusas para mantener los planes. Como mínimo deben crearse tantas fuentes de trabajo como pobres existan y como excedentes haya en el gobierno reestructurado.

La baja del número y monto de los impuestos es la clave de este programa de restructuración que debe comenzar de inmediato. La baja impositiva en todo el país incrementará la renta libre de las empresas y particulares. Para gozar de los beneficios deberá ser obligatorio registrar y tomar nuevo personal laboral “en blanco”. Las empresas y en especial las pymes deberán establecer planes de crecimiento y transformación, con el correlativo aumento de las fuentes de trabajo. Por ley se deberá reglamentar todos estos procedimientos en forma justa y equitativa. ¿Será muy difícil? Seguro que sí pero alguna vez hay que empezar.

Como consecuencia habrá mayor consumo y mejoramiento de las condiciones de vida de la población. Pero también mayor recaudación impositiva que se destinará al mejor funcionamiento del gobierno y a la promoción de las exportaciones por sobre las importaciones, imprescindibles para el incremento de la producción y productividad de las empresas.

Todo esto restablecerá el valor de nuestra moneda, sustituyendo al dólar, que deberá ser destinado al incremento de las reservas internacionales y al pago de la deuda externa e interna. Nunca más default ni toma indiscriminada de deuda para solventar gastos corrientes del gobierno y fuga de capitales.

El propósito de este plan es abandonar para siempre la decadencia y la ideología de la descapitalización, recolocando al país donde debe estar: entre los primeros y más importantes del mundo, como lo fue hace 120 años.

¡Dios así lo quiera!