jueves 13 de mayo de2021

Gobernar la complejidad - Por Miguel Ángel Gutierrez
Gobernar la complejidad - Por Miguel Ángel Gutierrez
Opinión

Gobernar la complejidad - Por Miguel Ángel Gutierrez

El Covid-19 será finalmente derrotado en un tiempo relativamente menor que anteriores pandemias, pero no será la última.

  • domingo, 24 de mayo de 2020
Gobernar la complejidad - Por Miguel Ángel Gutierrez
Gobernar la complejidad - Por Miguel Ángel Gutierrez

"Todo está bajo control... no sabemos de quién".

Atribuido a Anthony Fauci

Los virus corona tienen un tamaño que varía entre 50 y 200 nanómetros (un nanómetro equivale a una mil millonésima partes de un metro), son 100 veces más pequeños que una célula, pero necesitan de ellas para vivir y reproducirse. Producto de la evolución natural o de la intervención humana, en su rápido y extenso despliegue, han dejado al desnudo verdades ocultas respecto a vulnerabilidades de regímenes políticos, de organismos internacionales y de la propia sociedad. ¿Cómo pudo algo tan pequeño, cambiar de golpe la vida en el mundo? Es un salto de escala, pero no inesperado, ni podría decirse sin precedentes.

Hay un antecedente -diferente en extensión e intensidad- el átomo, cuyo diámetro es aún más pequeño del orden de 0,1 nanómetro o una diez mil millonésima parte de un metro (hasta 1990 nadie había visto uno); no obstante fue manipulado por un conjunto científico, político, militar que creó la bomba atómica. Tras Nagasaki y Hiroshima, el mundo vivió medio siglo bajo la amenaza de la destrucción termonuclear. El riesgo de que se concrete, no se ha eliminado, aunque parezca poco probable.

Un virus es un agente infeccioso, y existen millones de ellos. Por eso, la aparición de nuevas enfermedades, y la re emergencia de algunas que se creían definitivamente eliminadas es altamente posible. Las epidemias y pandemias han sido identificadas como riesgos globales desde hace varias décadas. El Covid-19 no ha sido un cisne negro, o dicho de otro modo, la actualización de algo altamente improbable, ya estaba en pronóstico de muchos grupos y personas, desde fines del siglo XX, pero no en la atención de las dirigencias políticas, globales, nacionales o locales.

Que los virus no respeten fronteras, no es la única causa de la más grave crisis global; resaltan la falta de previsión y una confianza infundada en la capacidad de los sistemas de salud. La pandemia ha hecho patente este déficit de gobernabilidad anticipatoria. La aparición de desafíos globales que problematizan tendencias estructurales, demuestra la insuficiencia de gobiernos, de organizaciones internacionales, o de mercados, para controlarlos por sí solos. Marcan también límites al poderío de los grandes Estados y de las mega-corporaciones para actuar con responsabilidad en el escenario mundial.

El salto de lo microscópico a lo macro presenta para el futuro problemas de escala, de multidimensionalidad (afecta múltiples actividades de la humanidad), de velocidad, de dimensión, y de perspectiva y capacidad de gestión para enfrentarlo. Las escalas se cruzan, entrechocan, se suman y se enfrentan. Así como nuestra vida transcurre en las continuas interacciones entre individuos, en diversos grados de sociabilidad, en mercados, entre gobiernos, capacidades, conocimientos y tecnologías; la crisis se despliega en eco-sistemas.

Ni la epidemia, ni sus impactos se desarrollan a velocidad constante. Los países, los mercados, las comunicaciones tienen una dinámica muy diferenciada y por ello se se reproducen a velocidades diferentes, y lo mismo sucede al interior de Estados y economías, no afecta de igual modos a concentraciones urbanas y rurales, zonas geográficas y aún barrios o familias. Las sociedades, los sistemas productivos, comerciales, y financieros, no se mueven a igual velocidad, las condiciones locales y grupales también son muy diversas. Esas diferentes velocidades no son constantes, en algunos casos son aceleradas, en otros espasmódicas y aún lentas. Están en función de la perspectiva con la que se aborden: sanitaria, económico, política, estratégica, lo que determina la gestión.

La crisis sanitaria ha tenido graves e inmediatos impactos en muchas de ellas. En la salubridad pública, en las comunicaciones, en los sistemas productivos, en el comercio internacional, regional y local, en las finanzas, en el empleo, la educación, el esparcimiento y prácticamente todos los ámbitos de la vida humana, pero no termina allí; ni la política, ni la geopolítica, ni los estilos de vida y ni aún la propia humanidad como especie, quedarán al margen.

El covid 19 será finalmente derrotado en un tiempo relativamente menor que anteriores pandemias, pero no será la última. Y después que esta crisis de la humanidad pase, habrá sido un punto de no retorno, Volver a empezar o recuperar la “normalidad” serán tan utópico como pensar un nuevo mundo. Dependerá de nuestra capacidad de resiliencia y de construir no una “nueva normalidad” sino otra diferente.

Esta pandemia reveló un serio déficit de conocimiento, de preparación, de infraestructura, de coordinación y de capacidad de respuesta de los Estados, OO.II., de los mercados, las empresas y de las sociedades y comunidades. Por lo que la salida de la crisis nos obliga a repensar las capacidades y la preparación de la salud pública, de la economía, y también de la política y sus instituciones. ¿Como aprender a pensar con anticipación los problemas y riesgos de un mundo globalizado por las actuales y la próximas tecnologías? Por su extensión y urgencia es preciso redescubrir la planificación para mejorar la anticipación y hacer de la gestión que sea sistémica, integral y coordinada. Señalo los ámbitos involucrados respecto a los cuales la epidemia exige decisiones urgentes: sanidad, economía, hambre, pobreza, ingresos, educación, empresas, deuda, finanzas, entre otros. El análisis usual ha simplificado lo prioritario instalando una falsa dialéctica entre la supervivencia y la economía. Esto implica el aferrarse a una percepción lineal de una realidad compartimentada; mostrando una incapacidad para gestionar inter-disciplinariamente.

No es posible dejar en suspenso indeterminadamente todos los ámbitos de la vida nacional, los líderes debieran estar preparador para pensar y decidir simultáneamente en múltiples espacios y horizontes de tiempo. Tampoco se puede responder conforme a los patrones convencionales de los mercados, gobiernos y sociedad civil.

Ahora bien, responder a múltiples necesidades en distintas realidades nos obliga a pensar en lo complejo, en las interconexiones, y en reducir las incertidumbres. Todo lo que debe hacerse opera en diferentes ecosistemas, que tienen potencialidades diversas, accionan y reaccionan a velocidades diferentes. La capacidad de resiliencia, está en función de los recursos, los sistemas de colaboración, y fundamentalmente, de la participación de la sociedad para imaginar nuevas formas de reconstrucción.

La recuperación económica de un país, no puede pensarse desde una única perspectiva, como podría ser más Estado o más mercados. Junto a los nuevos préstamos y planes de inversión dependientes del sistema financiero mundial, es preciso reconstruir las economías personales, privilegiar el empleo o el auto-empleo en función de los recursos, y necesidades locales, generar mecanismos para crear crédito garantidos en base de ahorros locales con nuevos modelos bancarios. Para luego proyectar esos instrumento a nivel provincial y nacional. Tomar impulso en lo local para generar el trabajo que se hubiere perdido, promover mercados de cercanía, repensar el mero asistencialismo para articularlo a proyectos de vida individuales y grupales. Dando vuelta la dinámica de las escalas de lo local a lo global.