miércoles 30 de septiembre de 2020

El futbolista hipoacúsico de Palmira que pasó por el Próvolo y sueña con llegar a River
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El futbolista hipoacúsico de Palmira que pasó por el Próvolo y sueña con llegar a River

Es el único jugador sordo que disputa torneos de la Liga Mendocina. Su mamá lo salvó de los abusos en el instituto de Luján. La historia.

El futbolista hipoacúsico de Palmira que pasó por el Próvolo y sueña con llegar a River

Gabriel Alaniz es un marcador central de personalidad, tiene 16 años y, según cuentan, posee buen juego aéreo, es firme en la marca, con temperamento y le auguran un buen futuro.

Estas líneas servirían para que este chico que juega en el Atlético Palmira sea seguido por los clubes "grandes" de Mendoza y que pueda cumplir su sueño de vivir del fútbol. Pero tiene una característica especial: es hipoacúsico. 

La historia de Gabriel también tiene otro actor importante, Facundo Suárez, compañero en la defensa del Jarillero (juega de lateral derecho) es quien le hace las veces de intérprete ya que aprendió en casa porque sus padres también son sordos.

"Nos conocimos por Facebook porque mi hermana me contó que había un chico sordo que jugaba en Palmira y por eso me contacté con él y nos hicimos muy amigos", cuenta Facu.

Alaniz es el único jugador hipoacúsico que compite en los torneos oficiales de la Liga Mendocina de Fútbol en la categoría 2003 del Jarillero, pero eso no le impide ser un profesional y trabajar a la par de sus compañeros para ganarse una oportunidad en el fútbol grande.

La discapacidad de Gabriel es producto de una meningitis que sufrió a los 2 años. A su mamá Mónica le dijeron que la enfermedad dejaría secuelas, pero que no le podían asegurar cuáles, hasta que supieron que había perdido el oído.

"Me dijeron que podía quedar ciego o en una silla de ruedas, pero después de un año supimos que había perdido el oído. Es un chico muy inteligente, fue abanderado de la escuela Perrupato de San Martín y ahora en la secundaria (escuela Pedernera) no se lleva materias", cuenta orgullosa su mamá.

Gabriel tiene la chance de usar un audífono, pero elige no hacerlo "porque le molesta", asegura su familia, y porque "en el futuro, si tiene hijos oyentes, quiere educarlos para que lo interpreten" por eso lleva años tratando a las mismas personas a las que va "educando" de a poco con el lenguaje de señas y la lectura de labios.

La historia de Facundo tiene otros párrafos para contar. El destino lo llevó hasta Palmira por una situación familiar y terminó recalando en el Jarillero porque quería seguir con el fútbol y allí conoció y conectó rápidamente con Gabriel porque sabía la lengua de señas. 

Es que el padre de Facundo tiene la misma discapacidad que Gabriel y por eso desde chico sabe comunicarse con señas, y por eso formaron una gran amistad que los llevó a probarse en varios clubes. Aunque no todos los equipos de Mendoza están preparados para recibir a chicos que están aptos físicamente, pero que tienen esta discapacidad, desnudando una problemática que no es tenida en cuenta en relación a la inclusión en los clubes. 

En Mendoza se dio un caso similar cuando Jorge Cassé, arquero sordo, atajó en el Deportivo Maipú en la temporada 1989/90. Para esa época fue toda una novedad, fue uno de los primeros que rompió esa barrera y jugó en 7 clubes durante 16 años.

También llegó a Primera División Carlos De Marta, volante central mudo que jugó en Estudiantes de La Plata, Temperley y Huracán, y que tiene como principales anécdotas ser expulsado "por insultar a un árbitro" y por "gritar un gol".

De todas maneras Gabriel sigue trabajando sin prisa y sin pausa para poder cumplir su sueño de jugar el fútbol de manera profesional, pero sobre todo entrena para dejar atrás prejuicios y saltar las barreras que el fútbol y la sociedad imponen para personas con capacidades diferentes.

Gabriel Alaniz, un crack que sueña con crecer en el fútbol. / Marcos García.

El instinto de su madre lo salvó de ser una víctima del Instituto Próvolo 

El caso del Instituto Antonio Próvolo conmovió a todo el país y la familia Alaniz-Nuñez no fue la excepción, ya que Gabriel fue alumno, pero por una corazonada de su mamá nunca fue pupilo.

"Lo llevé durante casi dos años al Próvolo para que aprenda el lenguaje de señas, pero nunca dejé que se quedara, lo llevaba y lo traía. Me levantaba a las tres de la mañana, me quedaba hasta que terminara la clase y nos volvíamos a Palmira", confió su madre.

Hablar del tema moviliza a la familia, en especial a Mónica quien no puede evitar quebrarse al imaginar por lo que podría haberle pasado a su hijo: "Algo me decía que no tenía que dejarlo, el instinto de madre creo… cada vez que veo lo que pasó en el Próvolo, lloro".

También cuenta que Gabriel estuvo siguiendo de cerca el caso y que se alegró cuando sentenciaron a Corbacho y Corradi: "son unos hijos de p...", lanzó Gabriel en su lenguaje, pero Facundo no se anima a reproducirlo, aunque sí contó que Gabriel se puso contento cuando los curas quedaron presos.

Gabriel Alaniz, un crack que sueña con crecer en el fútbol. / Marcos García.
Gabriel en acción. / gentileza

Las chances de jugar en otros clubes

Gabriel trabaja firme porque quiere dedicarse de lleno al fútbol, por eso permanentemente busca oportunidades para trascender.

Se probó en Gimnasia y en Godoy Cruz, donde "no tuvo suerte" por no cumplir con "ciertos requisitos".

"En el Tomba habíamos quedado seleccionados, nos pidieron todos los datos, pero después nos enteramos de que fuimos reemplazados por otros chicos que llegaron recomendados", cuentan los dos pero con cara de desconfianza.

De todas maneras eso no bajeoneó a Gabriel, quien tiene un objetivo y asegura no parar hasta conseguirlo: "mi sueño es jugar en River".