sábado 26 de septiembre de 2020

El juego, en poder de Suárez - Por José Luis Toso
Opinión

El juego, en poder de Suárez - Por José Luis Toso

Cornejo le trasladó a Suárez temas pendientes que requerirán mucho consenso político.

El juego, en poder de Suárez - Por José Luis Toso

Semana final para la gestión de Alfredo Cornejo; antesala para la de Rodolfo Suárez. Ya se ha dicho que el justicialismo no muestra aún una actitud exigente hacia el futuro gobierno. Más allá de respetar  la tradicional “luna de miel” de algunos meses que en democracia por lo general se otorga a un gobernante cuando asume, hay un claro contraste entre la tirantez que existió durante gran parte del mandato de Cornejo, entre éste y los dirigentes de algunos sectores del peronismo, y la mejor sintonía que se palpita con Rodolfo Suárez.

Se espera que el paquete presupuestario esté definido a poco de asumir el Gobernador para que su tratamiento pueda darse antes de fin de año. Aunque ya se ha previsto que los tiempos se pueden estirar hasta los primeros días de enero. En este tema la demora es lógica; Suárez quiere arrancar con la base presupuestaria de la gestión que se va, pero se entiende que el recambio institucional a nivel nacional llena de dudas a la nueva administración local. Esa incertidumbre que domina a gran parte de la sociedad argentina en estos días, en buena medida por las dudas con respecto al equipo y a las políticas económicas de Alberto Fernández, se traslada al ámbito institucional local.

Por eso ni bien el nuevo presidente hable y anuncie qué piensa hacer, el Ejecutivo remitirá sus números y planillas a la Legislatura con las estimaciones y datos propios, como anticipara el semana el nuevo titular de Diputados, Andrés Lombardi.

Sí tiene especial interés el justicialismo en lo referido al endeudamiento provincial. Es uno de los aspectos criticados desde la oposición a la gestión de Cornejo. Pero no deberían surgir grandes trabas si se confirma la postura contemplativa del PJ con Suárez.

Por las dudas, Cornejo, que ya comenzó a despedirse de su cargo haciendo un balance de la labor desarrollada en cuanto ámbito le da la oportunidad, dio públicamente su mirada sobre la deuda que deja y la que recibió hace cuatro años. Habló en una cena de una organización de empresarios para explicar de alguna manera los alcances de la deuda de la Provincia.

Allí el Gobernador sostuvo que su equipo saneó las cuentas del Estado y reprogramó el endeudamiento. De ese modo, según el titular del Ejecutivo, en estos momentos hay un 10% menos de deuda que la que recibió su gestión a fines de 2015.

También hizo mención en esa cena a tres años con superávit operativo, entre ingresos y egresos corrientes, y en esa línea al “mérito de haber recuperado el instrumento del presupuesto provincial”.

Otro de los asuntos que Cornejo le traslada a Suárez es el debate de la legislación minera. Como señaló el mandatario provincial, es uno de los temas más controvertidos y que sigue dividiendo voluntades dentro de los propios espacios, tanto en el oficialismo como en la oposición. Esto, más allá de que los dos principales candidatos en las últimas elecciones, Suárez y Fernández Sagasti, se expresaron claramente a favor de la actividad minera en Mendoza. Con habilidad, desde el peronismo ahora esperan que el nuevo gobernador defina su proyecto minero (hasta ahora se debatía en base a dos propuestas de senadores del PJ) para dar luz verde a la posible modificación de la ley 7.722.

Hay otro tema que Cornejo no pudo lograr y que también le traslada a la gestión que lo sucederá: la reforma de la Constitución provincial. En la oposición se muestran predispuestos a que se habilite la discusión, posiblemente no con la celeridad que podría imponerse para la legislación minera. Se trata de un tema difícil de abordar y que en sucesivas oportunidades fracasó, en especial cada vez que se planteó la posibilidad de reelección del gobernador.

Por eso ahora el radicalismo quiere ir más despacio. Es uno de los objetivos que deberá pilotear el futuro ministro de Gobierno, Víctor Ibáñez, gran conocedor del tema y uno de los constitucionalistas de la provincia que más ha insistido durante años con la factibilidad de reforma de la Carta Magna, más allá de las trabas que durante décadas impuso la llamada cláusula Kemelmajer, que fue sorteada en sus alcances este año por la Suprema Corte cuando validó limitar a una la reelección de intendentes desde 2023.

En el radicalismo suarista admiten que buscarán esquivar asuntos conflictivos para que el debate reformista sea posible. Quieren apostar al reconocimiento de aspectos institucionales y derechos sociales no del todo contemplados en la actual redacción.

La reelección del gobernador es, posiblemente, lo que más cuesta consensuar y fue siempre, como se ha señalado, la gran traba para avanzar en los intentos de reforma, porque por lo general se interpretó que lo que en realidad escondía quien proponía la gran enmienda era lograr continuar en el poder por cuatro años más.

La idea del oficialismo en esta nueva avanzada con la Constitución contemplaría la posibilidad de una reelección consecutiva. Pero esa cláusula entraría en vigencia recién a partir del período posterior al que comenzará la próxima semana. Ese sería el compromiso en el radicalismo. Por el lado de la oposición hay quienes dejan trascender que no verían con desagrado, si avanza  con éxito la reforma y surge la posibilidad de reelección, que Suárez pudiese considerar como primer mandato suyo el que comienza el 9 de este mes. En el cornejismo, en cambio, no piensan lo mismo.

Está claro que entre la promesa de mucho diálogo que hizo Suárez, y que se traslada a su futuro ministro Ibáñez, y la tolerancia que podría llegar a mostrar la oposición con él, se puede esperar un tiempo de bonanza prudente que le sirva a la flamante gestión para hacer pie con más facilidad.  Dependerá de las habilidades políticas del nuevo jefe del Ejecutivo tomar distancia de una supuesta influencia cornejista, más allá del aporte (y soporte) que significa la continuidad de  tantos funcionarios.

Y, como ya se ha explicado, en línea con lo que se prevé para el oficialismo nacional, el Frente de Todos mendocino no deberá mostrar fisuras, por los menos en los primeros tiempos. Así llegan las directivas precisas. Si bien se advierte aquí una conducción compartida entre el camporismo y el sector de los intendentes (Anabel Fernández Sagasti y Emir Félix), con reparto de presidencias de bloques en ambas cámaras, la voz de mando parece estar más del lado de la senadora cristinista.

Cornejo, a su vez, definió el lugar que por ahora tendrá en la escena nacional. Será nuevamente presidente del radicalismo, pero no consiguió hacerse de algún cargo de poder en Diputados.

No es el resultado que hubiese preferido, pero se sabía que el cordobés Negri reunía la mayoría de las preferencias entre sus pares. Eso le significó a Cornejo no poder estar al frente de la principal bancada opositora al kirchnerismo, pero ocupará un lugar en la mesa estratégica de Juntos por el Cambio y allí intentará hacerse sentir, conforme su estilo.

Por el lado del Senado nacional tampoco le fue muy bien al mendocino, ya que Martín Lousteau, su apuesta, no logró pelear con éxito la presidencia de bloque.

Aclimatarse a la gran liga nacional de la política tal vez requiera otra dinámica distinta a la utilizada localmente.