Doy la espalda y pongo el pecho - Por María del Rosario Ramallo

Doy la espalda y pongo el pecho - Por María del Rosario Ramallo
Doy la espalda y pongo el pecho - Por María del Rosario Ramallo

Todos nosotros sabemos los nombres de las diferentes partes de nuestro cuerpo; pero, cuando uno de esos nombres forma frases de uso cotidiano, debemos dejar de lado el valor significativo individual de esos términos y será la locución formada la que cobrará nueva vida, al tomar un sentido diferente, solamente explicable a partir de los contextos en que aparezca.

Esto sucede, por ejemplo, con los vocablos ‘espalda’ y ‘pecho’. Si rastreamos la etimología de ‘espalda’, nos encontramos con que su origen se encuentra en el latín “spatula”, que era el diminutivo de “spatha” (“espada ancha”); ese nombre de “pequeña espada ancha” era una metáfora ya que se les daba a los omóplatos, esto es, a los huesos triangulares y anchos que tenemos en la espalda. Muchas locuciones se forman con este sustantivo: ‘espalda mojada’ es la denominación que se le da a una persona que pasa o pretende pasar de forma ilegal la frontera desde México a los Estados Unidos; por extensión, también se da este nombre a todo el que pretende entrar ilegalmente en un país, atravesando un mar o un río.  Si se realiza una acción ‘a espaldas de alguien’, se lo estará haciendo en su ausencia, a escondidas, sin que ese alguien se dé por enterado: “Había obtenido ese beneficio a espaldas de sus padres”. Análogo sentido posee la locución adverbial ‘por la espalda’, que indica traición, algo realizado por detrás, no cara a cara: “No puedo entender que me haya hecho semejante daño por la espalda”. Este mismo sentido de obrar traicionero posee la locución ‘a espaldas vueltas’.

Si uso la expresión ‘me caigo de espaldas’, puedo aludir a que, literalmente hablando, he sufrido una caída sobre esta parte de mi cuerpo; pero, lo más probable es que, sin haber terminado en el piso, un hecho me haya provocado gran asombro o sorpresa:      “Al enterarme de su nombramiento, casi me caigo de espaldas”.

Cuando describo a una persona cuya columna vertebral presenta una exagerada forma convexa, usaré en la descripción la locución adjetiva ‘cargado de espaldas’: “Avanzaba lentamente hacia la meta, con paso cansino, con su figura triste cargada de espaldas”.

¡Qué sentido diferente poseen las locuciones ‘dar la espalda’ y ‘cubrirle las espaldas a una persona’!; en el primer caso, se quiere significar que se le presenta a alguien la espalda, generalmente en señal de desprecio; también, que se le niega ayuda a alguien o que se ignora conscientemente una cosa: “Cuando más esperaba su ayuda y su consuelo, me dio la espalda”. Se puede también decir ‘volver la espalda’. Por el contrario, si alguien me resguarda o me protege, diré que ‘me está cubriendo las espaldas’: “Es como mi ángel guardián, siempre me cubre las espaldas en los momentos difíciles”.

Cuando se quiere indicar que se persigue a un enemigo de cerca, se puede usar la locución verbal ‘picar en las espaldas’; suele usarse mucho la locución adverbial ‘sobre las espaldas de alguien’, para dar a entender que se asume una responsabilidad,  que se tiene a su cargo un asunto o a algunas personas: “Tiene cuatro hijos y una madre anciana sobre sus  espaldas”. Si, en cambio, lo que quiere marcarse es una protección segura frente a los enemigos, se usa la expresión ‘tener cubiertas/seguras las espaldas’.

Ese sentido de protección que hemos advertido en varias de las locuciones se nota en el sustantivo ‘espaldarazo’, que da a entender la ayuda que se da o se recibe para poder lograr un objetivo: “Los empresarios le han dado un espaldarazo a la política económica”. Otro tanto ocurre con el verbo ‘respaldar’, formado por el prefijo ‘re-‘, con valor de intensificación,  y la base de la palabra, vinculada a ‘espalda’, que da, por un lado el sentido físico de apoyar la espalda, pero, en sentido figurado, significa que se cubre la parte débil y se le brinda ayuda adicional.

Muchas expresiones formamos también con el sustantivo ‘pecho’: las hay de valor positivo, como ‘a pecho descubierto’, locución adverbial que significa “con sinceridad y nobleza”; ‘abrir alguien su pecho con/a otra persona’, con el valor de “descubrirle o declararle su intimidad”; ‘criar (alguien) a sus pechos a otra persona’ es una locución verbal que significa que se educa o protege a alguien, infundiéndole generosamente su modo de obrar y de pensar; ‘declarar (alguien) su pecho’ y ‘fiar el pecho’  tienen el sentido de realizar una confesión.

La ponderación del esfuerzo se ve en locuciones como ‘echar el pecho al agua’, usada para significar que se emprende algo peligroso o difícil con decisión. También, ‘partirse el pecho por algo o por alguien’ significa “esforzarse mucho en su defensa o en su favor”. Asimismo, ‘poner el pecho’ a algo es enfrentarlo, asumirlo. Si algo ‘se toma a pecho’ puede querer decir que se muestra mucho interés y empeño en ello o que la persona se ha ofendido excesivamente. ‘Sacar pecho’ se aplica, coloquialmente, para indicar que se ha adoptado una actitud de orgullo, de arrogancia o de desafío; también, que la persona actúa con mucho valor y decididamente ante una circunstancia difícil. ‘Tener pecho’ es una locución verbal destinada a mostrar que se tiene paciencia y buen ánimo frente a algo.

Valor negativo posee la locución ‘pecho frío’, usada a nivel coloquial para señalar extrema cobardía.

Además de estas expresiones, que figuran en los diccionarios académicos, los jóvenes, ante una situación difícil y que es ineludible, suelen señalar la obligación de enfrentarla con valentía, aunque con resignación, exclamando “¡Pecho!”.

Cierro el artículo con un refrán y, luego, con un pensamiento de Miguel Hernández, que dejo para consideración personal. Reza el refrán: “A golpe de mar, pecho sereno”. La palabra de Hernández, en Viento del pueblo, dice: “No te hieran por la espalda, vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes”.

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