Don Ángel llegó a los 100 con las ganas infinitas de seguir

Don Ángel llegó a los 100 con las ganas infinitas de seguir
Don Ángel llegó a los 100 con las ganas infinitas de seguir

Fue jugador de fútbol y pionero de la distribución de tabaco en Mendoza. Esta semana cumplió un siglo de vida y compartió sus anécdotas.

Hijo de inmigrantes españoles, Ángel Nadal es el tercero de seis hermanos. Hizo la escuela hasta cuarto grado, edad en la cual se inició en el fútbol jugando para el Colegio Sarmiento de Mendoza. Luego abandonó los estudios para comenzar a trabajar con su padre, quien fue pionero en la distribución de tabaco en nuestra provincia. Iniciado ya en el negocio familiar y con el paso del tiempo fundó junto a sus hermanos la cigarrería Nadal Devesa Hnos. 

El 10 de julio, Ángel cumplió 100 años y recibió a Los Andes para brindar una charla llena de anécdotas rodeado por sus dos hijas y la mayor de sus nietas.

Hace diez años que es viudo, lo recordó con un nudo en la garganta. Estuvo 76 años casado con Ángela Poli. Un amor tan grande que lo llevó a renunciar a lo que más lo apasionaba: jugar al fútbol. Se casaron en 1943, cuando tenía él 24 años y tuvieron dos hijas; Irene y Susana. "Y ninguna aprendió a jugar al fútbol", comentó entre risas la mayor de ellas.

Abuelo de cuatro nietos y siete bisnietos, Ángel transmite mucha magia en todo momento y con una mirada llena de amor contó anécdotas y recuerdos.

En su niñez comenzó a trabajar junto a su padre, José, de quien siguió sus pasos en la distribución del tabaco. A los 11 años vendía cigarrillos en bicicleta. Su padre le daba la mitad de las ganancias y así fue creciendo hasta comprar una carretela con la que amplió recorridos y clientes. "Hacía tantas veces el mismo camino que el caballo se paraba solo en los kioscos", contó a las risas. Con el tiempo el trabajo le dio nuevos frutos y adquirió una furgoneta que lo llevó a lugares pocos frecuentados, en tiempos en los que casi nadie accedía a un vehículo a combustión.

Ángel viajaba una vez al mes por pueblos en la montaña, incluso hasta Puente del Inca. Rutas muy diferentes a las de hoy: caminos de tierra, sinuosos, sin señalización y al borde del precipicio. Solo tierra, montaña y un hombre que alegraba a muchos cuando lo veían llegar. "Tanto los habitantes de pequeños pueblos como los militares del Regimiento 16 de Infantería de Montaña, me anotaban un pedido de los víveres que necesitaban y en el próximo viaje les llevaba a todos la mercadería que figuraba en la lista".

Amor y pasión 

Por aquel entonces Ángel era un joven adulto y a la par de su trabajo, poco a poco iba convirtiéndose en una promesa del fútbol local, jugaba para Nacional Vélez Sarsfield Pacífico (actual Club Atlético Argentino de Guaymallén) equipo con el cual salió campeón en Bolivia en 1942. 

Con un tono de voz firme y una gracia para expresarse mostró recortes de Los Andes de la época y contó que luego de aquel triunfo le ofrecieron jugar en muchos clubes, "pero no acepte porque el amor fue más fuerte". Por ese entonces conoció a Ángela e iniciaron un noviazgo.

"Dejé de jugar a la pelota para juntar plata y así podíamos casarnos. Me invitaron a jugar a River y no acepté. No volví a jugar pero no abandoné mi pasión", contó mirando los recortes guardados con mucho cuidado en una carpeta con folios llenos de memorias de periódicos y revistas deportivas. Durante años fue parte de la comisión directiva del Club Nacional Argentinos, al que dedicó tiempo y amor.

Lector de diarios, Ángel confesó que le encanta el suplemento deportivo. El fútbol es su pasión, recordó como si hubiese sido ayer cuando salió campeón junto al Club que ama con toda su alma: El Boli. Además se confesó fanático de River.

Dueño de una sonrisa encantadora, sus historias parecen no acabar, guarda muchísimos relatos. Viajero imparable, conoció muchos países tanto con el equipo de fútbol como después. "A mi abuela no le gustaba viajar, entonces a veces fuimos nosotros con él. Una vez nos invitó a los cuatro nietos a Disney y fuimos todos", recordó Claudina, su nieta mayor.

Ángel llegó a su centésimo mes de julio y sorprende que su habitación está en la planta alta, por lo que sube y baja escaleras todo el tiempo; más grata fue la sorpresa de saber que lee el diario sin anteojos. "Todavía no necesito lentes" dijo y largó una risa contagiosa. Sin bastón ni anteojos, sin dolores en el cuerpo y con una sonrisa amplia en la cara y la elegancia en el porte, el hombre pasó la tarde recordando su vida, tan larga como de 100 años.

El secreto  del bienestar

Es casi inevitable preguntarle como obtiene un estado tan grato y lleno de salud, no sólo física sino mental. "Me cuidan mucho", resumió con una sonrisa. Rodeado de sus hijas y su nieta mayor, se nota el inmenso amor de una familia muy presente que se preocupa por verlo bien.

Entre sus relatos expresó que siempre fue deportista, jugó a la pelota hasta que se casó con Ángela, pero luego se dedicó a andar en bicicleta, de la cual recién se bajó pasados los 80 años. A esa misma edad dejó de trabajar. Ya no hacía los repartos pero se encargó de la parte administrativa de la cigarrería familiar.

Nunca fumó a pesar de haber sido toda su vida vendedor de cigarrillos, siempre fue cuidadoso en su dieta diaria y sumado a ello, nunca fue amante de las fiestas y el alcohol.  

Además cuando los días están cálidos sale a caminar un poco, aunque sea una vuelta a la manzana. “Solo me duele un poco la rodilla izquierda”, confesó

Pero basta compartir un café y una charla para deducir que si algo lo llevó a cumplir 100 años es su espíritu alegre y su entusiasmo por la vida.

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