lunes 21 de septiembre de 2020

Cecilia Scalisi: ficción, con letra y música
Sup. Cultura

Cecilia Scalisi: ficción, con letra y música

Aquí un diálogo con una de las especialistas en música académica más destacadas del país.

Cecilia Scalisi: ficción, con letra y música

Sus notas periodísticas en el diario La Nación se destacan por el profundo conocimiento y amor por su materia. Pero es en sus dos novelas "La edad de las promesas" protagonizada por Marta Argerich, Daniel Baremboin y Bruno Gelber y "De padre a hija", en la que trabajó sobre los testimonios de Georgina Ginastera, en donde la escritora e investigadora cordobesa Cecilia Scalisi llega a construir universos que hablan de la vida cultural argentina a través de algunos de sus artistas más trascendentes.

- ¿Cuándo y cómo comenzó tu romance con la música?

- Desde el momento en que tengo memoria, recuerdo que la música, cualquier melodía o canción sencilla, todo estímulo sonoro me producía una emoción muy intensa, una especie de nostalgia. Me encantaba en la escuela cuando teníamos clases de coro.

-¿Cuál es tu formación? Entiendo que estudiaste arte...

- Sí, exacto. Mi título es de licenciada en Arte con especialidad en la Música. Desde muy chica, al mismo tiempo que empecé la escuela primaria, empecé también a estudiar música formalmente, con el rigor del piano, en las instituciones oficiales: primero egresé del Conservatorio Provincial de Córdoba.

A los 17 años me fui a estudiar a Buenos Aires, ingresé al antiguo Conservatorio Nacional donde obtuve 3 títulos superiores. Apenas concluí mis estudios en Buenos Aires, me fui a Alemania con una beca académica con la que cumplí un itinerario fascinante siguiendo las estaciones de vida de Robert y Clara Schumann (Zwickau, Leipzig, Düsseldorf, Bonn).

Esa fue una experiencia maravillosa tanto en lo humano por todo lo que aprendí de ese esfuerzo, como en lo profesional porque pude empezar a conjugar -ya a un cierto nivel- mis dos vocaciones: musical y literaria. De allí ingresé a la Facultad de Filosofía y Letras de la prestigiosa Universidad Humboldt en Berlín, donde estuve en la Carrera de Musicología.

En su novela “La edad de las promesas” toma las figuras de Marta Argerich, Daniel Baremboin y Bruno Gelber en momentos previos a los del conocimiento público. Se sitúa en una Argentina que ya no existe más.

-Hablame de los documentos o relatos de los que te serviste para recrear aquella atmósfera de la época.

- El por qué de ese libro está en la fascinación que siempre me provocó escuchar historias de la Argentina de aquellos años, las décadas del 40 y 50. Algo que no había encontrado escrito de una manera novelada, de modo que me tentó hacerlo a partir de la historia de tres niños-prodigio que nacen en el mismo año en esa misma Argentina, crecen en el mismo barrio, se forman con el mismo maestro y salen al mundo, cada uno a su tiempo, para conquistar la escena mundial.

Me interesó justamente mostrar cómo era ese “humus” cultural y artístico en el que se formaron. La historia de cuando triunfan en el exterior es la parte conocida internacionalmente, pero a mí me atraía narrar ese por qué: de dónde venía ese potencial, dónde había germinado tanto talento, quién lo había inculcado, qué tipo de sociedad había promovido un resultado semejante.

Por otra parte, como siempre estudié música, desde chica estuve escuchando historias míticas acerca de las grandes figuras que llegaban al Colón desde Europa y pasaban largas temporadas en la Argentina, artistas que eran leyendas vivas y (como en esos tiempos nada era como hoy que todo se transmite al instante por internet perdiéndose gran parte del encanto verdadero), las impresiones se transmitían con una enorme carga de misterio y también de subjetividad.

El tiempo agigantaba las hazañas y todo lucía grandioso porque además había mucha magia en cada encuentro. El público esperaba por años la llegada de un pianista o de un director por ejemplo, o la venta de un disco, o las clases de un determinado maestro. El deseo lo acrecentaba todo, entonces cada concierto era algo único e irrepetible porque solo existía en el vivo y luego en la memoria.

Por ejemplo: ¿quién había visto de cerca las manos huesudas de Alfred Cortot cuando temblaba antes de salir a escena y tocaba un Chopin de los dioses? Bruno Gelber me contó tantas veces que él nunca oyó cantar a un piano como cantaba el piano de Cortot...

O quién había asistido a las producciones wagnerianas de la Opera de Viena, o había visto a Astrid Varnay... ¡La atmósfera de esa época me resultó siempre tan fascinante! Pero sobre todo -y ese es el gran personaje de mi libro-, el carácter único, implacable y a la vez profundamente inspirador que fue el maestro Scaramuzza.

En cuanto a mi trabajo de recreación en “La Edad de las promesas...”, la mayor parte se basa en testimonios directos, en historias que fui recogiendo a lo largo de todos mis años de formación en el país y en el exterior, con infinidad de entrevistas y conversaciones.

En su novela “De padre a hija” la autora reconstruye la relación entre Alberto Ginastera y su hija Georgina.

<span style="font-size:20px;"><em><strong>El gran personaje de mi libro es, sobre todo, el carácter único, implacable y a la vez profundamente inspirador que fue el maestro Scaramuzza.</strong></em></span>

- ¿Cómo fue todo el proceso, desde conversar con Georgina sobre la eventual publicación de un libro sobre ella y su padre, hasta grabar sus testimonios y llegar a la instancia de la escritura propiamente dicha?

- Georgina conservaba las cartas que su padre le había escrito desde Suiza (desde una suerte de “exilio interior” que había decidido al alejarse de la Argentina) durante los últimos 10 años de su vida. Las cartas son de carácter personal y tratan de los temas lógicos que un padre le podría escribir a una hija, con ciertos cambios que van advirtiéndose a medida que pasan los años, cómo crece una cierta amargura profundizada por la distancia. Por ese motivo, porque se trata de un contenido muy personal, fue que decidí escribir una suerte de “biografía familiar”, una reconstrucción de la vida del compositor a través de la mirada que puede ofrecer una hija.

El libro está escrito como si fuese una ficción, pero el contenido y los datos (nombres, lugares, fechas, hechos, etc) son reales.

- Es un libro que tiene excelentes posibilidades de pasar a otro formato. ¿Coincidís? ¿Te gustaría verlo transformado en una película?

- ¡Me encantaría! De hecho, la imagen que me sirvió de impulso para imaginar y trabajar la dinámica de escritura, fue la imagen de un recurso completamente cinematográfico como es el flashback.

- ¿Cómo influye en tu escritura el hecho de haber vivido buena parte de tu vida en Europa?

- Creo que adaptarse a otras culturas, a otras lenguas y formas de vida es una experiencia que enriquece; y la distancia, no sólo física sino también emocional, te da perspectivas nuevas para todo.

- ¿Cómo es tu relación con la escritura?

- Siempre estoy escribiendo porque la escritura es una forma de ser, de pensar y sentir. Todo es susceptible para mí de ser volcado a una forma escrita y nada me apasiona ni me atrapa más que ese ejercicio cotidiano de buscar “la manera” de contar... Tengo publicado, además de libros, casi 20 años en periodismo gráfico, como periodista de cultura y crítica musical en el diario La Nación. También en revistas extranjeras sobre todo en Alemania he publicado en distintos formatos.