martes 29 de septiembre de 2020

2019, el año más convulsionado desde la vuelta democrática para América Latina
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2019, el año más convulsionado desde la vuelta democrática para América Latina

Se registraron las situaciones más inestables desde la restauración de las democracias en la región.

2019, el año más convulsionado desde la vuelta democrática para América Latina

América Latina vivió uno de sus años más convulsionados desde la restauración democrática que puso fin a los regímenes militares iniciados en los '60 y los '70. Esta vez, los protagonistas fueron ciudadanos anónimos que se echaron a las calles con demandas de todo tipo, desplazando a personajes estelares como Juan Guaidó.

En los primeros días de 2019 parecía claro que Venezuela iba a seguir dominando la escena regional. El 23 de enero, un desconocido Guaidó –incluso para los propios venezolanos– se autoproclamó "presidente encargado" del país con el objetivo declarado de impedir que Nicolás Maduro completara el segundo mandato para el que había tomado posesión el 10 de enero.

Guaidó avivó un panorama político que se había estancando tras el colapso del diálogo en República Dominicana y las elecciones presidenciales de 2018, abriendo una nueva vía de solución que recabó inmediatamente el apoyo de toda la oposición venezolana y de gran parte de la comunidad internacional con Estados Unidos, casi todos los países latinoamericanos y numerosos europeos, entre ellos España.

En unos meses frenéticos, logró que sus socios internacionales enviaran ayuda humanitaria e intentó que entrara en Venezuela por Colombia; envió ‘embajadores’ allí donde se lo había reconocido como mandatario legítimo; y, en el punto álgido, el 30 de abril capitaneó un golpe militar que fracasó pero permitió liberar al destacado opositor Leopoldo López, ahora “huésped” en la Embajada de España en Caracas.

Sin poder 'de facto', Guaidó se embarcó en las cuartas negociaciones con Maduro desde la muerte de Hugo Chávez, en 2013, que naufragaron –según relatos posteriores– por las sanciones estadounidenses. Desde entonces, Venezuela sufre otro 'impasse'. La única baza es un acuerdo entre Maduro y la oposición minoritaria que propició la liberación de presos políticos y la vuelta de los 'chavistas' a la Asamblea Nacional y apunta a renovar el Consejo Nacional Electoral (CNE).

El propio Guaidó es consciente de que no ha colmado las expectativas. "Como muchos de ustedes, para estas fechas también esperaba que hubiéramos logrado el cese de la usurpación", confesó en un discurso pronunciado el 11 de diciembre, en el que convocó a toda la oposición venezolana para fijar una 'hoja de ruta' con la que desahuciar a Maduro de Miraflores en 2020.

Sin embargo, cada vez son más las voces que cuestionan el liderazgo de Guaidó. Según el enviado especial de Estados Unidos para Venezuela, Elliott Abrams, el chavismo se estaría valiendo de las fisuras opositoras para impedir que el "presidente encargado" sea reelegido el próximo 5 de enero. Si Guaidó pierde la Presidencia de la Asamblea Nacional, perderá también su legitimidad como mandatario interino.

Perú y Ecuador, el aperitivo

Superada la efervescencia venezolana, la segunda mitad del año estuvo marcada por la protesta social. Perú dio el disparo de largada en septiembre, cuando el Congreso se negó a aprobar la reforma política impulsada por el Gobierno de Martín Vizcarra, precisamente, para cumplir la promesa que hizo a los manifestantes que tomaron las calles el año anterior por los escándalos de corrupción.

El Legislativo y el Ejecutivo promovieron la breve destitución de Vizcarra por "incapacidad moral" para ejercer el cargo, un cambio de primer ministro y un Congreso en funciones que intentó hacerse con el poder, si bien militares, policías y manifestantes se alinearon con el Gobierno y forzaron la vuelta a un statu quo –salvo para el ex primer ministro Salvador del Solar– que se resolverá con elecciones parlamentarias el 26 de enero.

Ecuador recogió el guante de Perú el mismo septiembre. El presidente, Lenín Moreno, anunció un 'paquetazo' con los ajustes económicos exigidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a cambio de una inyección de 4.200 millones de dólares que incluía retirar los subsidios al combustible. Transportistas y estudiantes fueron los primeros en manifestarse, pero rápidamente se les sumó el movimiento indígena, que terminó dirigiendo la protesta.

Diez personas murieron por los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad a lo largo de dos semanas de protestas que alcanzaron tal virulencia que obligaron a Moreno y su equipo a trasladar temporalmente la sede del Gobierno desde Quito a Guayaquil. El inquilino del Palacio de Carondelet dio marcha atrás.

Chile y Bolivia, el plato principal 

Chile estalló el 17 de octubre. El detonante fue la cuarta subida del precio del Metro de Santiago en poco tiempo, si bien la movilización popular creció hasta contagiar otras ciudades como Valparaíso y Concepción y reclamar un cambio constitucional para acabar con la desigualdad.

El presidente, Sebastián Piñera, reaccionó declarando el estado de emergencia, lo que dio pie a un despliegue militar. Más de 20 personas murieron en los disturbios y se cometieron graves violaciones de los Derechos Humanos, incluidas torturas, según la ONU. Al final, Piñera admitió el "error", pidió perdón, remodeló el Gobierno y anunció una "agenda social", con una consulta popular el 26 de abril para reformar la Constitución.

Bolivia es el país donde los manifestantes obraron el mayor cambio. Evo Morales dimitió el 10 de noviembre, después de que la auditoría electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) confirmara "irregularidades" en los comicios del 20 de octubre. El líder indígena huyó a México, donde pasó casi un mes, hasta que en diciembre recaló en Argentina, donde pretende quedarse como refugiado.

Las marchas a favor y en contra de Morales y los enfrentamientos entre manifestantes y con las fuerzas de seguridad convirtieron ciudades como El Alto en campos de batalla. Más de 30 personas murieron. El ex presidente boliviano asegura que renunció al Palacio Quemado para evitar un baño de sangre, por lo que se siente víctima de un "golpe de Estado".

Su lugar lo ocupa ahora Jeanine Áñez, ampliamente cuestionada porque no respetó el procedimiento sucesorio que la colocó en la cúspide del poder.

La tentativa colombiana y la vuelta a la calma 

Colombia se anotó a la ola de protestas el 21 de noviembre. Los colombianos fueron a la huelga con una miríada de exigencias que iban desde el cumplimiento del acuerdo de paz con las Farc hasta mejoras laborales o leyes anticorrupción.

Dilan Cruz, un joven de 18 años, murió días después al ser alcanzado en Bogotá por una granada aturdidora de la Policía, convirtiéndose en el ícono de la movilización contra el Gobierno de Iván Duque. Al menos otras dos personas murieron.

Duque ofreció una "gran conversación nacional" que abarcara a todos los sectores de la sociedad para forjar un nuevo pacto entre colombianos. Sin embargo, el Comité del Paro reclamó exclusividad en las negociaciones y la Casa de Nariño cedió. 

Desde entonces, Colombia recuperó una normalidad que se caracteriza por la violencia que resurgió tras firmar la paz en 2016 y que ya se cobró la vida de más de 700 activistas y al menos 147 exguerrilleros.

Lo que viene

Con todo ello, 2020 se configura como un año clave para sofocar los polvorines abiertos en 2019, con especial atención a la enquistada crisis venezolana, la nueva Constitución de Chile y el proceso electoral en Bolivia.