Sociedad Viernes, 10 de octubre de 2014 | Edición impresa

Un film sobre la creadora de la Compañía de María

Ayer se presentó para la comunidad educativa, hoy es el turno del público en general, a las 20.30.

Por Sandra Conte - scotne@losandes.com.ar

Juana de Lestonnac vivió en Francia en el siglo XVI. Fue madre de cinco hijos, baronesa y, cuando enviudó, se hizo cargo de la administración de una gran extensión de tierras.

Pero un día decidió fundar una orden religiosa que se abocara a la educación de la mujer y así nació la Compañía de María. Hoy a las 20.30 se presentará, en el Teatro de la Compañía, un documental que narra su vida y cómo sigue vigente su legado en más de 26 países, tan disímiles como la República Democrática del Congo o Japón, además de Argentina. La entrada es un alimento no perecedero.


Si bien en la película no aparecerá Mendoza, el colegio Compañía de María ubicado en Ciudad es el más antiguo de América del Sur.

Las hermanas llegaron a la provincia en 1780 por pedido del obispo chileno, ya que entonces Argentina no existía como país y el territorio mendocino formaba parte de la Capitanía General de Chile.

Su primera ubicación fue en el área fundacional -en calle Córdoba entre Salta y José Federico Moreno-, pero el terremoto de 1861 destruyó el edificio. Dos años después la orden recibió en donación un predio en el sitio actual (San Martín y Gutenberg). 


José Luis Martiarena, integrante del equipo de dirección y gestión de los colegios de la Compañía de María en el país, destacó que en esa época existían otras dos instituciones de enseñanza para mujeres en Buenos Aires y Córdoba, pero las hermanas fueron las primeras en abocarse a la educación intelectual y no sólo a la enseñanza de música o bordado.

Por otra parte, a la escuela de la orden asistían niñas y mujeres de distintos estamentos sociales, incluso las habitantes originarias y las esclavas.


Martiarena indicó que Juana de Lestonnac, la creadora de la Compañía de María, fue estableciendo una serie de principios de enseñanza y de reglas pedagógicas que conservan una gran vigencia, como su concepto de que es mejor tener “cabezas bien formadas que cabezas llenas”.

Pero, sobre todo, resaltó que su rica historia personal y su compromiso con la mujer hacen que el documental resulte interesante no sólo para la comunidad educativa y religiosa. 


O morir o actuar
Pablo Zubizarreta, el director de “Juana de Lestonnac, o morir o actuar”, señala que era una frase que utilizaba la religiosa (canonizada en 1949 por el Papa Pío XII) y que esta disposición de las palabras (la esperable sería “o actuar o morir”) tiene que ver con su manera de ver el mundo y se comprende en la película.

De hecho, agrega, esta máxima solía estar sobre la cabecera de las camas de las hermanas de la orden, aunque con el tiempo se relegó su uso.


Zubizarreta destaca que Lestonnac tenía una madre calvinista y un padre católico, en un momento en que los franceses se enfrentaban en las calles por diferencias religiosas.

De su origen calvinista, explica, tomó el hecho de que abogaban por la educación de la mujer, pero Juana también se basó en los preceptos de la Compañía de Jesús (los padres jesuitas).

Por otra parte, su tío era el filósofo Miguel de Montaigne, de quien recibió una formación humanista. Pero, por sobre todo, el realizador apunta al carisma y el coraje de la fundadora de la Compañía de María.


La película no es un documental en un sentido estricto y va uniendo distintos momentos de la vida de la santa con la actualidad de la orden, que tiene presencia en 26 países del mundo.

El director (de Buenos Aires) comenta que para mostrar esto viajó a sitios como El Congo, Egipto, Nicaragua, Colombia, Francia, España, Inglaterra y Japón.

Influencia en la comunidad

La orden de la Compañía de María tuvo un gran protagonismo en la sociedad mendocina del siglo XVIII, no sólo como institución educativa.

El terreno que ocupa ahora el colegio es apenas una fracción del que tenían en el pasado y las hermanas cultivaban vides, olivos y otros productos para su subsistencia.

Cuando se estaba preparando el Ejército Libertador, las religiosas donaron todas las semanas parte de esa producción a los soldados y también se encargaron de confeccionar los uniformes. 


Asimismo, hay quienes sostienen que las monjas y las alumnas del colegio fueron quienes realmente bordaron la Bandera del Ejército de los Andes, a pedido de las Patricias Mendocinas.

Aunque la versión no ha sido confirmada, sí se sabe que la seda que se utilizó provenía de los gusanos que ellas criaban para realizar los ornamentos de las vestimentas para la liturgia.


En la actualidad, la orden religiosa posee el colegio en Capital, mixto desde hace más de 30 años, al que asisten unos mil alumnos desde nivel inicial a secundario; otro en Godoy Cruz, donde estudian unos 800 chicos y uno más en Tupungato, al que acuden alrededor de 700 niños y adolescentes.

Además, cuenta con un Centro de Apoyo Escolar en el barrio La Gloria, que ofrece contención y acompañamiento a 200 pequeños de la zona.