Sociedad Sábado, 11 de mayo de 2013 | Edición impresa

Stalkear, el voyeurismo en la era digital

Es un fenómeno propio de las redes sociales. Sucede cuando una persona revisa sistemáticamente el perfil de otra en Facebook. Sólo es considerada delito cuando hay violación a las normas de seguridad. Testimonios de ‘stalkers’ involuntarios.

Por Textos: Federico Fayad - Ilustración: Víctor Gallardo
Lisgonear, espiar, perseguir, mirar de reojo, a escondidas y hasta acosar son los términos que le caben a un nuevo, aunque de raíces antiquísimas, fenómeno que atraviesa las redes sociales y, sobre todo, Facebook. Se trata del stalkeo, que viene del verbo en inglés to stalk y que se adapta a las definiciones precedentes ya que no tiene una traducción formal en castellano.

Y, aunque lo nieguen, todos los usuarios de Facebook alguna vez han stalkeado entrando al perfil de una persona, mirando sus fotos, viendo cuáles son sus intereses, indagando a dónde trabaja, con quiénes sale a tomar algo o va a bailar los fines de semana.

Ya es sabido que las empresas que seleccionan personal, sobre todo aquellas con alto nivel de especialización, utilizan a las redes sociales como herramienta para evaluar y elegir los mejores candidatos para un puesto.

Pero desde algún tiempo antes de que los empleadores encontraran el potencial de las redes sociales para realizar su selección, en Facebook ya se stalkeaba para fines mucho más superficiales, como puede ser el conocer a alguien que atrae por su foto de perfil.

Esta práctica también es frecuente entre los usuarios de Twitter ya que, cuando conocen a algún tuitero por sus opiniones, automáticamente lo buscan -o lo stalkean- en la otra gran red social.

En Facebook hay infinidad de páginas que hacen referencia a esta modalidad. Desde aquellas que indican cómo hacer un stalkeo adecuado y a quiénes se puede stalkear hasta las conductas que hay que tener para no ser víctimas de un stalker.

Voyeurismo digital

Para el abogado especializado en derecho y tecnología Jorge Chávez, este término también es conocido como ?voyeurismo digital'. Para explicar su definición, desarmó la expresión en dos partes. "El voyeurismo es una parafilia, una desviación sexual donde las personas se excitan o logran excitación mirando y no lo hacen bajo las formas normales". En tanto, el voyeur digital es aquella persona que investiga la vida ajena en internet con un interés desmesurado.

Pero la pregunta es: ¿cuándo esta actitud puede ser considerada delito? "En líneas generales el límite es difuso, porque las personas suben información para que sea vista. Se muestra mucho de la intimidad y la privacidad", analizó Chávez.

De todas formas, indicó que el delito se genera cuando hay un hackeo de la información que las personas suben a la red y que no desean que sea totalmente pública. "Hay acceso indebido cuando se vulnera el sistema de seguridad para acceder a información no pública. En tanto y en cuanto la información sea pública, es decir no sujeta a una configuración de seguridad, no hay delito", argumentó.

El abogado, igualmente, reconoció que el hecho de subir información privada trae aparejado una situación de peligro: "Publicar datos personales es asumir un riesgo. El tema es cuando se expone información sensible que compromete. Esto es una imprudencia, porque hay una suerte de complicidad con aquel que puede convertirnos en víctima de un delito informático".

Conociéndote...

Cuando conocemos a alguien que nos interesa en la "vida real", al llegar a casa lo primero que hacemos es buscar en Facebook a esa persona para conocer a qué se dedica o qué hace en su tiempo libre. Y hasta para enterarnos en qué tipo de relación sentimental está.

Pero puede pasar que no necesariamente conozcamos personalmente a quien encontramos virtualmente y de todas maneras se inicie una situación de stalkeo. Puede ocurrir que un contacto de un amigo haga algún comentario interesante en el muro de éste y, acto seguido, ?pinchemos' en su nombre para revisar su perfil de pies a cabeza.

Carmen (29) confesó que, de vez en cuando, ha sido stalker. Pero advirtió: "Cuando estuve de novia, para evitar conflictos no éramos amigos en Face entre nosotros. Y después de que terminamos menos. Pero para saber de alguien sí me pongo a chusmear los muros. Es como que de ahí vas sacando data para saber cómo viene la mano".

La joven continuó con una divertida anécdota: "¡Mi ex descubrió que lo stalkeaba! Sospechaba algo y cuando me encontró revisando ¡se pudrió todo! Igual, a veces me da cosa tirar los ?Me gusta' para que no se interprete mal o para quedar como una obsesiva".

Por su parte, Laura (35) admitió: "La otra vez me empezó a hablar un pibe con el que tuve una historia hace mucho y venía rebien la cosa hasta que se me dio por chusmearle el muro y lo que encontré me sorprendió: ¡estaba de novio y no me lo quería decir! Ser chusma me salvó de meterme en un problema".

Stalkear ha pasado a ser, quizás de manera inconsciente, parte de la vida de quienes habitualmente gastan, o invierten, según se quiera ver, gran parte de su tiempo en la red social creada por Mark Zuckerberg. Y aunque nos parezca una práctica prohibida o invasiva, quienes confiesan ser stalkers se resguardan en la excusa de que Facebook se creó con ese objetivo.

Bastará con incrementar las medidas de seguridad de nuestro perfil para evitarlos, salvo que, ocultamente, deseemos ser stalkeados.