Sociedad Sábado, 22 de abril de 2017 | Edición impresa

Seis descubrimientos científicos dignos de celebrarse

Déjese atrapar por algunos de los hallazgos más increíbles del último año y descubra cómo es que estas maravillas científicas están transformando nuestro entendimiento del mundo que habitamos, desde nuestros orígenes humanos hasta las profundidades del co

Por Victoria Jaggard / National Geographic Society ©2017

Agujeros negros en colisión, partes de dinosaurio en ámbar, planetas potencialmente amigables para la vida: a veces, el año científico se ha sentido casi cinemático en su alcance.

Primera detección de ondas del espacio tiempo

Cien años después que Einstein pronosticara su existencia, ondas débiles del tejido del cosmos finalmente hicieron su debut. Llamadas ondas gravitacionales, estas perturbaciones son creadas por algunos de los eventos más violentos del universo; en este caso, la fusión de dos agujeros negros atrapados en una espiral de muerte.

Pese a sus orígenes extremos, las ondas gravitacionales permanecieron esquivas durante tanto tiempo debido a que sus efectos sobre el universo observable son muy pequeños.

Pero con ayuda de detectores altamente sensibles en Luisiana y el estado de Washington, los científicos al menos pudieron percibir ondas gravitacionales que pasaron por la Tierra en febrero. Aún mejor, los laboratorios detectaron una segunda ronda de ondas varios meses después, confirmando que la señal no fue accidental.

Los astrónomos están encantados con el logro, porque las ondas gravitacionales pueden actuar como una nueva forma de ver objetos del universo por lo demás invisibles, como medir directamente las propiedades de los enigmáticos agujeros negros.

Cola de dinosaurio atrapada en ámbar

Estuvo peligrosamente cerca de convertirse en joya, pero un pedacito de ámbar encontrado en un mercado de Myanmar afortunadamente aterrizó en manos de un paleontólogo, quien anunció en diciembre que contenía la primera pieza conocida de cola de dinosaurio.

Con una antigüedad de 99 millones de años, la cola originalmente fue confundida con un fragmento de material vegetal. Pero un estudio más detenido mostró que de hecho era hueso y tejido suave cubierto con delicadas plumas.

Un análisis cuidadoso reveló que la cola alguna vez perteneció a un joven celurosaurio, una familia de dinosaurios que incluye a los tiranosaurios y a las aves modernas.

El descubrimiento no solo permite que los científicos enlacen tipos de plumas con un dinosaurio, sino que también apunta a los notables hallazgos a la espera de ser descubiertos en depósitos de ámbar.

Planeta cercano posiblemente habitable

Nuestras esperanzas de encontrar señales de vida en otro planeta se acercaron un poco más a verse cumplidas en agosto, cuando los astrónomos revelaron evidencia de un mundo que orbita la estrella más cercana al sol.

A tan solo 4,24 años luz, Próxima Centauri desde hace mucho ha fascinado a los astrónomos y escritores de ciencia ficción por igual, inspirando sueños de un sistema estelar suficientemente cercano para que los humanos establezcan comunicaciones dentro de una sola vida.

El planeta recién encontrado, llamado Próxima b, es casi igual de grande que la Tierra, y orbita lo suficientemente cerca de su pequeña estrella roja como para que el agua (si acaso existe) permanezca líquida en la superficie.

Aunque pudiera pasar tiempo hasta que tengamos la tecnología necesaria para sondear adecuadamente a Próxima b en busca de señales de vida, simplemente saber que existe es una alegría para los astrobiólogos.

Tesoro de antiguas huellas humanas

Tanzania ha sido una invaluable fuente de información sobre los primeros días de nuestra existencia, produciendo huesos, herramientas y demás arreos de múltiples especies de parientes humanos.

En octubre, los científicos bailaron de alegría cuando cientos de antiguas huellas humanas fueron descubiertas en un sitio del país conocido como Engare Sero. Con una antigüedad de aproximadamente entre 5.000 y 19.000 años, estas huellas muestran señales de humanos primitivos trotando y viajando en distintos grupos cerca de un volcán elevado.

En la década de 1970, en otro sitio llamado Laetoli, paleontólogos encontraron las huellas más antiguas del mundo, hechas por miembros del Australopithecus afarensis hace aproximadamente 3,6 millones de años. Las huellas de Laetoli aportaron la evidencia más antigua de un pariente humano que caminaba derecho.

En diciembre, científicos que evaluaban el lugar para la construcción de un museo encontraron aun más huellas en Laetoli, sumándose a nuestro conocimiento sobre las características del Australopithecus, y generando controversias sobre los hábitos de apareamiento de estos homínidos primitivos.

Descubrimiento de cocodrilo marino gigante

En enero, los científicos impactaron al mundo con la noticia de que el cocodrilo marino más grande que ha sido encontrado había sido desenterrado en un desierto africano. Con base en el fósil de un cráneo y otros huesos descubiertos en Túnez, parece que la bestia fantástica podía llegar a tener más de 9 metros de largo y pesar aproximadamente 3 toneladas.

Llamado Machimosaurus rex, este animal de 120 millones de años ofrece pistas cruciales respecto a un posible evento de extinción masiva a finales del periodo Jurásico, hace aproximadamente 145 millones de años. Hasta ahora, los paleontólogos pensaban que, de haber ocurrido dicho evento, este acabó con los teleosáuridos, el grupo que incluye al Machimosaurus.

Encontrar huesos fósiles de cocodrilo posteriores a ese periodo no solo indica que algunos reptiles marinos sobrevivieron, sino que el evento de extinción pudo haber sido una cuestión más prolongada de lo que se asumía.

Nave de la NASA llega a Júpiter

Solo fueron necesarios cinco años y 2.720 millones de kilómetros, pero Juno, una nave espacial de la NASA, completó una maniobra temeraria para entrar en órbita alrededor del planeta más grande de nuestro sistema solar. Lanzada en agosto de 2011, Juno es el primer objeto hecho por el hombre que orbita Júpiter desde el final de la misión Galileo en 2003.

La nave, alimentada con energía solar, fue diseñada para estudiar la estructura y el intenso campo magnético del planeta gigante, posiblemente allanando el camino para una misión en las próximas décadas a Europa, la luna helada de Júpiter.

Pero antes, Juno tuvo que sobrevivir su largo recorrido por el espacio y después un horroroso viaje entre los brutales cinturones de radiación del planeta. El 4 de julio, la nave espacial con forma de hélice empezó a girar más rápido, cayendo en posición para una órbita exitosa.

Durante las siguientes semanas, envió impactantes imágenes nuevas y montones de información que ya han hecho que los astrónomos se pongan a dar saltos de felicidad.