Sociedad Viernes, 2 de septiembre de 2016 | Edición impresa

María Zysman: “Hay que diferenciar una gastada del maltrato de un grupo a un chico”

Su trabajo con chicos con dificultades de aprendizaje la hizo una especialista en un problema que está en todas las escuelas: el bullying. Dice que el mejor momento para detectar esta situación son los primeros años del secundario, cuando se comienzan a c

Por Federico Fayad - ffayad@losandes.com.ar

Lejos de ser un fenómeno que se extingue en el tiempo, el bullying, su detección, su análisis y las formas de remediarlo están en boca de todos los docentes de nivel primario y secundario. 

Prueba de ello es que la charla “Mendoza libre de Bullying” dictada ayer por María Zysman -especialista de larga trayectoria en el tema y de reconocimiento internacional- tuvo una convocatoria que superó la expectativa de los organizadores. 

La visita de Zysman, invitada por la DGE, sirvió para ahondar sobre el tema a partir de su experiencia. “Pienso que lo primero que hay que decir es que lo que los estudiantes necesitan es que se acepte la diversidad, la diferencia, que haya un adulto referente en la escuela que pueda generar y encontrar a aquellos que la están pasando mal.

Hay chicos que por propios recursos y posibilidades internas pudieron salir adelante pese a ser víctimas, pero no todos son así”, explicó en charla con Los Andes, agregando que ése es un llamado de atención para saber que esas situaciones pueden ser evitadas y por eso, el motivo de estos encuentros con docentes y alumnos. 

La primera detección

Para Zysman, el momento fundamental para detectar situaciones de bullying es en los primeros años de la secundaria. “Es entonces cuando se comienzan a construir los espacios de poder. Hay que saber manejar estos espacios, detectar por qué se dan esas situaciones.

Saber que hay chicos que pueden llegar a ejercer poder sobre otro. A estos no hay que castigarlos y aislarlos sino saber darles el lugar para arrepentirse, para pensar y disculparse. Pero también hay que detectar cuando en esa escuela las situaciones no van a cambiar y a aquel que le hacen bullying trasladarlo a otra escuela, si se puede. Y acompañarlo con consulta profesional. 

-Muchos docentes dicen que no quieren retar a los chicos por miedo a que los acusen de hacerles bullying... ¿es así?

-Hay que señalar que se confundió mucho el concepto, ya que el bullying remite a situaciones entre pares. No es un tema docente-alumno sino entre pares a quienes no tienen que obedecer.

El problema es que se habla demasiado de bullying y así se considera que cuando un docente reta está haciendo bullying. Lo que sí hay que ver es si el reto es para sancionar de manera educativa o si está descargando un enojo que genera una situación humillante. 

Por eso eso, insistió Zysman: “Si un docente maltrata a un chico no es bullying. Son situaciones diferentes con intervenciones diferentes.

Todos cumplimos roles y no se pueden equiparar todas las situaciones porque entonces fallarán las formas de intervención y prevención.

-Se dice que las burlas sirven para prepararse para el mundo puertas afuera del colegio y por otro lado, también se ve que hay una tendencia a la sobreprotección de los chicos. ¿Usted lo ve así?

-Siempre se corre el riesgo de sobreproteger a los chicos, pero también en que para no hacer eso se cae en lo contrario. Lo que hay que hacer es diferenciar lo que es una gastada entre pares de lo que es el maltrato de un grupo a un chico. El chico que es permanentemente hostigado no se está riendo, porque la burla y el chiste no son lo mismo.

Pero tampoco se trata de que los chicos se reúnan como si fueran gerentes de una empresa. Cuando la burla es la forma cotidiana de manejarse, tengo que ver qué tengo que hacer porque hay un mundo más allá de la burla. 

Par Zysman, “los golpes y las burlas no nos hacen más fuertes. Estar expuestos a la risa o al ridículo permanentemente a la mayoría de los chicos les baja la autoestima, no se la sube.

En este sentido hay que trabajar dos ejes: fortalecer al chico que es ninguneado haciéndole entender a los otros que hay una forma de vincularse, porque hay muchos chicos que acusan al otro de no tener sentido del humor. Lo que hay que enseñar es que si el otro no lo tiene, hay que parar con el chiste. Tiene que haber un límite y enseñar a verlo. 

-Pareciera que cada vez hay más casos de chicos que son acosados y que no hay estrategias eficaces desde la escuela...

-Lo que crecen son las denuncias, pero que crezcan no quiere decir que haya mas bullying. Por otro lado, hay que ver qué métodos se usan para medir. Si yo voy y les pregunto a un grupo de chicos si los han molestado la última semana van a decir que sí, pero eso no quiere decir que haya bullying.

A veces se pone más foco en lo cuantitativo que en lo cualitativo. Pero la escuela no es una isla ajena a lo que pasa afuera. Afuera hay intolerancia, más agresividad o menor resistencia a la frustración. La escuela es la caja de resonancia de lo que pasa y hay que pensar que eso entra a la escuela. 

Perfil

Es licenciada en Psicopedagogía por la Universidad del Salvador,  realizó posgrados en autismo y TGD y en déficit de atención y dificultades de aprendizaje en la Universidad Favaloro.

Además, formó parte de la Unidad Sanitaria Nº 21 de Bolonia, Italia. Es autora del libro “Bullying. Cómo prevenir e intervenir en situaciones de acoso escolar” y docente de la Universidad de Flores (UFLO) en la Diplomatura de Suicidología. Hace más de 25 años atiende a niños y adolescentes con dificultades de aprendizaje. 

El rol del docente en estas situaciones de violencia

María Zysman considera que los docentes deben tratar el bullying de manera integrada, con elementos tales como la responsabilidad, los valores, la posibilidad de generar encuentros, la palabra, escuchar lo que el alumno trae como sufriente, sin minimizarlo, entendiendo que un chico de 14 años que no es invitado a un lugar lo pasa mal, más allá de lo que uno vea como adulto. 

“Si yo no entiendo eso no lo voy a poder ayudar. Deben saber detectar las situaciones de violencia que desde los mismos docentes se generan. Un docente que expone un problema de un alumno y lo ridiculiza abre la puerta para el bullying. Eso habilita a que otro se enganche con esa burla y avance. Hay que poder abrirse a los planteos de los chicos y entender que vienen de una familia que es la que tienen  y que no es la familia ideal, al igual que uno no es un docente ideal para ese chico”, finalizó Zysman.