sábado 16 de enero de 2021

Sup. Economía

El desafío de recuperar competitividad

El tipo de cambio golpea fuerte a las exportaciones argentinas. Devaluar es fácil, pero es un remedio que no dura. Expertos consideran que es necesario eliminar retenciones, bajar la inflación y la presión fiscal.

  • domingo, 16 de agosto de 2015

Finalmente, y contra todos los pronósticos, pasadas las PASO la economía sigue ocupando el centro de la escena, y por el lado menos deseado. La disparada del dólar marginal en las últimas semanas obligó a dirigentes oficialistas y opositores a referirse al tema, en un ambiente en el que flota la sensación de que “el dólar oficial está barato” y que podría haber una devaluación en ciernes tan pronto como el nuevo gobierno llegue a la Casa Rosada. A esto se suma que Brasil y China ya devaluaron también sus monedas.

Como emergente de problemas más estructurales, la suba del dólar blue y la consecuente ampliación de la brecha cambiaria -sólo en julio el marginal subió 11,5% contra 1% del dólar oficial- reflejan la pérdida de competitividad que arrastran la mayoría de las actividades productivas y el creciente atraso cambiario. Para gran parte del empresariado y los analistas, el peso ya se apreció entre 25% y 30% por encima de los niveles de hace un año.

Desde que se instauró el cepo cambiario en noviembre de 2011, el tipo de cambio nominal es usado como ancla antiinflacionaria y como casi el único instrumento para controlar el alza de precios. Otra medida es el programa de Precios Cuidados, que hasta la fecha arroja resultados más que modestos y claramente insuficientes para contener la inflación.

El ancla cambiaria se expresa en una política de deslizamiento gradual y continuo de la cotización del peso frente al dólar (crawling peg), a un ritmo que desde la devaluación en enero de 2014 (23%) se movió en promedio 1% mensual, frente a precios domésticos que crecieron al 2% o más, según los meses. De este modo, el peso acumula un atraso en su cotización que impacta en la competitividad cambiaria para exportar.

Hoy la moneda nacional ya está en niveles semejantes a los del fin de la convertibilidad. El atraso es algo menor si se toma el tipo de cambio real multilateral (TCRM), esto es el peso confrontado con una canasta integrada por las monedas de los principales socios comerciales.

En un contexto internacional en el que el dólar se fortalece, producto de una lenta pero sostenida recuperación de la economía estadounidense, la mayoría de los países vecinos han devaluado sus monedas para mejorar su competitividad por vía cambiaria. Todo lo contrario de lo que hace la Argentina, que no deja avanzar el tipo de cambio a ritmo mayor, temiendo que la suba del dólar se traslade a los precios.

Costo país 
Pero el tipo de cambio no es el único factor que incide en la pérdida de competitividad. Hay que analizar cuánto afectan la presión tributaria, los costos de transporte, los problemas de infraestructura, las regulaciones para importar y exportar, el costo de financiamiento, etcétera.

Un relevamiento del Ieral considera que “si se toma como referencia el año 2006, con dólar y precios internacionales en valores medios, puede observarse que el costo argentino en dólares más que se duplicó”.

En contraste, Brasil y Chile tienen costos en dólares 20% más altos que entonces y en el caso de Europa, están al mismo nivel que hace nueve años. Y agrega: “En materia de rentabilidad, la mayoría de los productos (argentinos) están peor que antes de la devaluación de inicios de 2014”.

En el mismo sentido, un informe de Economía y Regiones conjetura que “aplicando la actual política económica, el tipo de cambio real contra el dólar terminaría para fines de 2016 un 16% más apreciado que a la salida de la convertibilidad”. Esto supone que de seguir con la actual política fiscal, monetaria y cambiaria, el año próximo “sería la primera vez en 15 años que Argentina se encontraría más apreciada que el resto de los países de la región”.

En cuanto al tipo de cambio bilateral con Brasil -de mantenerse la actual política económica-, el estudio proyecta un peso “59% más apreciado que a comienzos de 2011”.

Para Ramiro Castiñeira, de Econométrica, “el atraso cambiario hoy es el problema más importante que tiene la macroeconomía argentina”. Considera que en 2016 el Gobierno necesitará más de U$S 20.000 millones (4% del PBI) “para financiar el atraso cambiario en estos niveles (U$S 12.500 millones) y el pago de la deuda pública en dólares (U$S 9.000)”.

Esto hace que “no sólo la expectativa de devaluación estará latente, sino que es evidente que habrá cepo incluso mucho más allá de diciembre de 2015”.

Devaluación, ¿sí o no?
"No hablen de atraso cambiario y devaluación porque joden a la gente", increpó días atrás el ministro de Economía, Axel Kicillof, a los empresarios, quienes en el marco del VIII Coloquio organizado por la Unión Industrial de Córdoba habían alertado sobre crecientes problemas de competitividad, en medio de la disparada del dólar blue. En el encuentro, ejecutivos de la UIA estimaron que el atraso cambiario oscila entre 25% y 30%, y se quejaron por las distorsiones que genera el intervencionismo oficial, la inflación y el impacto del bajón económico en Brasil y China.

Luciano Cohan, economista jefe de Elypsis, asegura que “Argentina necesita recuperar competitividad y también una corrección cambiaria”, pero dice que una devaluación debe ser hecha como parte de un proceso de recuperación de la confianza en el peso. “Eliminar retenciones o bajar la presión fiscal pueden ser buenas medidas, pero lo que se necesita es un programa económico integral, bajar la inflación y una política monetaria bastante más racional”.

Sobre cómo recuperar competitividad, Vicente Donato, director científico de la Fundación Observatorio Pyme, explicó que “sin tocar el tipo de cambio no se va a poder, pero tampoco puede ser hecho como el año pasado, cuando se tocó el tipo de cambio y nada más”. Propone un programa para el próximo bienio, con “desgravación impositiva para las pymes que reinviertan utilidades, incorporación de mano de obra calificada a través de un sistema dual de educación y creación de un fondo de convergencia para expandir el mercado interno”.

Fausto Spotorno, economista jefe de Orlando Ferreres y Asociados, cree que “eliminar retenciones o bajar la presión tributaria a las empresas (Ganancias o Ingresos Brutos) puede mejorar algo la competitividad, pero son paliativos, no resuelven el problema de fondo”. Recuerda que a diferencia de los granos, las industrias tienen retenciones del 5% o el 3%, de modo que sacarlas tendría un impacto reducido. Algo más efectivo podría ser el ajuste de los balances por inflación, aunque reconoce que “lo que se necesita es un plan económico integral”.

Para Maximiliano Castillo Carrillo, director de la consultora ACM, el tipo de cambio real y nominal es una variable relevante, pero hay otras que inciden en la competitividad de las empresas, como la estructura de mercado, el tamaño de las firmas, la política comercial o la competencia externa. Y afirma que es preciso “mejorar el entorno de negocios, reducir las regulaciones y darle sostenibilidad a la política fiscal, minimizando la expansión monetaria del gasto”.

Crece el deterioro de los términos del intercambio

La caída de los precios internacionales de las materias primas le podría costar a la Argentina la pérdida de más de U$S 6.000 millones con relación a las divisas ingresadas en 2014 y de más de U$S 9.000 millones con relación a los precios vigentes en 2013. Esta situación, cuando si algo que faltan en el país son los dólares, genera preocupación entre los funcionarios.

Esta pérdida de dólares se explica porque los precios de los productos que la Argentina exporta vienen cayendo más que los de las importaciones. Si a esto se agrega que las cantidades exportadas también caen más que las importadas, el comercio externo argentino podría cerrar sus cuentas “en rojo”, evaporando el superávit comercial.

A eso se suma que la cuenta de servicios también es negativa. Así, por ejemplo, la cuenta corriente de la balanza de pagos (que es el resultado del intercambio comercial más el de servicios) en 2014 fue negativa en U$S 5.641 millones y en el primer trimestre de 2015 cerró con un “rojo” de U$S 3.710 millones. Este bache se está cubriendo, no sin dificultades, con cepo y con más deuda.

Desde mediados de 2012 hay una sistemática caída de los precios de exportación que acumulan un retroceso del 25%, en tanto los de importación disminuyeron el 15%. Según el Indec, en el primer semestre, con relación a igual período de 2014, los precios de exportación cayeron un 17% y los de importación el 11%.

Si bien los valores internacionales siguen muy por encima de los vigentes en 2002, las exportaciones ya no tienen la “crema” de años atrás. Y esto se agrava porque la inflación interna viene duplicando la tasa de devaluación colocando “fuera de juego” a muchas economías regionales.

Brasil agrega combustible al rojo argentino. Según el Iaraf (Instituto Argentino de Análisis Fiscal), “en lo que va de 2015 la inflación del país vecino acumula una suba del 7% mientras que la depreciación del real alcanza el 30% desde fines del año pasado. Esto pone en evidencia que Brasil ha ganado competitividad cambiaria.

En Argentina, la suba de precios acumulada desde inicios de 2015 se ubica en torno a 13% mientras que la devaluación acumulada es 8%. La conjunción de estos factores es lo que explica la caída de nuestro tipo de cambio real con el país vecino durante los primeros meses de 2015”.

Además se espera que la economía brasileña caiga este año más de 1,5% y China, principal comprador de commodities, está creciendo mucho menos y devaluó su moneda esta semana.

De acuerdo al Estudio Económico de América Latina y el Caribe 2015 de la Cepal, la desaceleración económica se debe a factores externos e internos. En el ámbito externo destaca el lento crecimiento de la economía mundial durante 2015, en particular la desaceleración de China y otras economías emergentes, con excepción de India.

El informe señala que el comercio mundial se mantendrá estancado en lo que ya se ha transformado en un problema estructural de la economía mundial y que a la menor demanda externa se suma, por un lado, la tendencia a la baja de los precios de los productos básicos y, por otro, la mayor volatilidad e incertidumbre en los mercados financieros internacionales.

El alza de la tasa de interés en EEUU podría agravar este escenario, en especial por la vía de la mayor depreciación del euro y de las monedas de la región, como ya se observa con el real, el peso chileno, el colombiano y el mexicano. Además, la fuerte caída del precio del petróleo es una herida para el proyecto de Vaca Muerta.

“El combo de ‘súper dólar’ y commodities y monedas en baja es peligroso para nuestro futuro”, dice la consultora Elypsis. “La fortaleza del dólar acentúa nuestro atraso cambiario y reduce el margen para una salida no inflacionaria del cepo a medida que se debilitan las monedas emergentes, particularmente en economías latinoamericanas dependientes de commodities o del capital extranjero”.