Espectáculos Domingo, 7 de febrero de 2016 | Edición impresa

Danny Miller: “La TV ha tenido un impacto enorme en todas mis novelas”

“Tengo la estructura antes de empezar el primer borrador”, afirma el escritor que brilló primero como guionista de la mejor televisión británica. Su última producción literaria, “Suerte maldita”, lo confirma como un creador lúcido y fascinado por la oscur

Por Juan Carlos Galindo - El Pais, especial para Los Andes

Danny Miller (Brighton, 1964) es un devoto de una época, de una literatura, de un estilo de vida, de una mirada. Un escritor fascinado por la oscuridad y la luz que convivían en la década de los sesenta en su Inglaterra natal. Por eso tras un largo camino que le ha llevado de los estudios de literatura y el trabajo teatral a la exitosa carrera como guionista (BBC, ITV, Channel 4) Miller terminó en el lugar en el que todo había empezado: la literatura.

Así escribió “Besos para los malditos” (Siruela, traducción de Carlos Jiménez) un libro que le situó en el grupo de cabeza de las nuevas voces del género negro anglosajón y le granjeó el aplauso de la crítica por su afán literario. Suerte maldita, que Siruela publicará en marzo, es su segunda novela, una historia que mezcla un planteamiento clásico (el sospechoso suicidio de un joven aristócrata aficionado al juego) con los movimientos sociales, turbias historias familiares y una crítica a una alta clase social podrida por su propia miseria.

“En los sesenta las barreras sociales estaban cayendo y era el inicio de la meritocracia. Fue una época muy política, con la Guerra Fría, las protestas, la liberación sexual, el feminismo, los disturbios raciales… Una era que en Inglaterra se hizo famosa por los escándalos que demostraban que la clase alta tenía las mismas lagunas morales que los demás”, cuenta Miller desde su apartamento en Brighton, con la sempiterna lluvia de fondo, para explicar los retratos mordaces de niños malcriados y poderosos que pueblan “Suerte maldita”.

El camino no ha sido sencillo. “Escribir una novela era demasiado para mí, me sobrepasaba. Así que empecé con diálogos, luego con escenas y luego ya con guiones completos que me dieron la experiencia para escribir una novela, pero no estaba planeado” cuenta Miller para describir su periplo, marcado siempre por una pasión que muestra en varios momentos de la conversación.

“Hace poco un periódico eligió 1966 como el mejor año para ser británico. También era el momento de derribar los tabúes y una época de grandes crímenes”, asegura al ser preguntado por el contexto de sus novelas, llenas de mods, rockeros, mafiosos, tipos elegantes, policías corruptos y mujeres fatales y protagonizadas por un agente, Vincent Treadwell, que no bebe, no se droga, no juega y no se deja sobornar y que, para colmo, es guapo y ha estudiado en la universidad. Un hombre fuera de lugar y un indeseable para los policías de su época.

“Lo escribí en contra de todo lo que sabía sobre detectives de ficción. Es un tipo temerario, arrogante y naif, pero al mismo tiempo con un gran sentido de la justicia. Alguien ha dicho que es una especie de James Bond de la clase obrera que se hizo policía en vez de espía. No estoy de acuerdo, pero sí creo que es un joven que no soporta la injusticia del estatus quo”, concluye.

Sin arrogancia pero sin ambages, Miller reconoce sus espejos en el género (Dashiell Hammett y Raymond Chandler) y Ross MacDonald por la vía indirecta, la de las familias abiertas en canal por asuntos turbios. “Jean Genet dijo que la unidad más criminal es la unidad familiar y la corrupción de la vida familiar es un tema que viene desde Sófocles” explica.

También subraya una clara influencia del cine negro (en la creación, por ejemplo, de la turbia Bobbie Lavita, la mujer fatal, desorientada, violenta y brutalmente atractiva de Besos para los malditos) y el lenguaje televisivo que no se extiende, sin embargo, al estilo literario. “Si hablamos del diálogo, por ejemplo, no hay mucha influencia. Y eso es raro, porque los guiones son básicamente diálogo, pero muy teatral. En los libros los diálogos tienden a ser más naturales.

Pero escribir para la televisión ha tenido una influencia enorme en mis novelas. En la televisión todo está condicionado por la estructura, así que con mis libros ya tengo la estructura antes de empezar el primer borrador. Curiosamente, ser tan organizado me da mucha libertad para explorar otros aspectos de las historias”, explica este escritor ordenado, de 1.000 palabras al día, cinco días a la semana.

La violencia es un asunto inevitable para un autor con dos libros jalonados de peleas descritas al detalle, brutales y excelentes retratos de la violencia de la época. Miller se alinea del lado de los que detestan el gore. “No soy fan de los libros de asesinos en serie, en los que cada asesinato es un ejercicio gratuito de sadismo que sólo trata de superar al psicópata anterior. Mis libros tienen violencia, pero en las peleas. Las peleas son en la realidad sucias, dolorosas, brutales, indignas y a veces muy cómicas, pero tengo que admitirlo: disfruto escribiéndolas”, afirma divertido.

Con una tercera novela ya publicada en Inglaterra y que camina por los mismos vericuetos que las anteriores (crímenes, lujo, miseria y crítica social, con el detective Treadwell al mando de la historia) Miller tiene algo claro: “Es importante explorar el lado oscuro de la sociedad y la novela negra es perfecta para ello”.

¿Y la calidad del género ahora que está tan en boga? “Es un debate interesante y complicado. Lehane, Ellroy, Peace, Black o Lemaitre son autores que trascienden el género. En otra época, los autores ganaban dinero escribiendo rápido y publicando mucho. Hay una parte de ese pulp que no deja de atraerme”, cuenta, incapaz de dejar de admirar aquel mundo violento y luminoso a la vez.

La ficha

“Besos para los malditos”
Danny Miller. 
Siruela.
Traducción de Carlos Jiménez.

La ficha

“Suerte maldita”.
Danny Miller.

Traducción de Carlos Jiménez Arribas.

Siruela, 2016.

400 páginas. 21,95 euros.

© bajo licencia de Ediciones EL PAÍS, S.L, 2015.