Sociedad Viernes, 29 de agosto de 2014 | Edición impresa

Aumenta la violencia y el temor

Por Por Martín Appiolaza - Centro de Estudios de Seguridad Urbana - UNCuyo

En Mendoza terminaremos 2014 con una cifra récord de homicidios, según las estadísticas. La violencia alcanzará el nivel de epidemia en el Gran Mendoza, según los estándares de las Naciones Unidas. 

Las armas intervienen en la mayoría de los asesinatos. Las principales víctimas son jóvenes, varones, que mueren cerca de sus casas y principalmente los fines de semana. El alcohol es la droga que siempre aparece en estos casos. Es difícil saberlo sin estadísticas confiables, pero algunos afirman que están aumentando los robos violentos confirmando la ineficacia de las políticas de siempre. 

Se denuncian menos de la mitad de los casos y de esos, llegan a resolverse cerca de tres de cada 100. Entre 2006 y 2012 (el año con más homicidios de la historia mendocina) aumentó un 40 por ciento la cantidad de presos (hoy siguió en ascenso). Sin embargo, aunque muchos consiguieron votos publicitándose con leyes más severas, los delitos no han disminuido y la violencia aumentó.

Si bien los delitos violentos afectan a todos, no hacen el mismo ruido. Se ha naturalizado que existe violencia en algunas zonas populares de la ciudad, pero cuando pasa en otras los reclamos vecinales son más virulentos e impactan en las noticias.

Los indicios sugieren que hay más robos violentos en barrios considerados seguros. Impactan en personas que tienen capacidad de hacerse escuchar. Las escuchan y se sienten vulnerables otras que piensan: si a ellos les pasó, a mí me puede pasar también. Todo el tiempo estamos comparando lo que sentimos que pasa con lo que recordamos que era seguro, por ejemplo cuando dormíamos con las puertas sin llave.

Aunque el riesgo de ser asesinado es bajo si pensamos estadísticamente, pero el temor no entiende de razones. Algunos utilizan el pánico social para sacar rédito político proponiendo soluciones desopilantes, o bien buscando chivos expiatorios. Pero la violencia no es una peste apocalíptica, una enfermedad moral o un estigma. La violencia y el crimen violento se pueden prevenir y reducir. 

No es difícil: sólo hace falta dejar por unos años de hacer demagogia electoral pensando en el corto plazo. Es necesario un acuerdo amplio y generoso para reflexionar e implementar las políticas de seguridad serias.