Espectáculos Miércoles, 23 de julio de 2014 | Edición impresa

Amores simbióticos, una bomba latente

El vínculo en este tipo de parejas parece desvirtuarse muchas veces, hacia una dependencia casi patológica. Claves para comprender el problema.

Por Analía de la Llana - adelallana@losandes.com.ar

Que cada pareja es un mundo es una frase tan hecha como real, y en ese punto no hay discusión alguna. Sin embargo existen determinados vínculos que mutan a lazos nocivos, o círculos viciosos que hacen visible lo corrosivo que existe por debajo de determinadas relaciones.

En la naturaleza, la simbiosis es una forma de supervivencia porque permite asociaciones ventajosas. Un ejemplo es la relación entre el pez ocellaris clownfish, que nada entre los tentáculos de la anémona Heteractis: el pez evita que otros se coman a la planta y ella lo defiende de predadores. 

Sin embargo, en este sentido, el término para la especie humana, en cuanto a relaciones afectivas, dista de ser una asociación “saludable”.
La psicóloga vincular, Paula Corso, acerca precisiones sobre este tipo de vínculo y sus características en determinadas parejas.

Un mundo, sólo de dos

Y literalmente, “sólo de dos”, porque el universo entero de este tipo de parejas pasa sólo por el otro. Como explica la psicóloga Beatriz Goldberg, especialista en crisis de pareja y autora del libro “Quiero estar bien en pareja”: “Son inseparables, hay mucho control y arman todos los proyectos juntos, incluso los individuales. Indefectiblemente, en esta relaciones, cuando uno piensa en hacer algo, lo hace en función de que el otro tenga tiempo de ir. No pueden sacarse en ningún instante al otro de la cabeza”.

Una intensidad que los mantiene pensando y viviendo la relación de manera espiralada, casi hasta ahogarse.

Si hablamos de las característica de este tipo de pareja, Corso sostiene: “Se suele denominar pareja simbiótica a aquella en dónde es difícil que los miembros que integran esa relación puedan ver las diferencias que hay entre ellos. No pueden registrar lo que es de uno o del otro. Es por lo general una relación de dependencia mutua”. Entre las características que los define figuran: dependencia afectiva, falta de discriminación y alienación subjetiva e imposibilidad de tolerancia a las diferencias. También, ataques a la autonomía del otro”.

- ¿Pueden considerarse patológicas?

- Son relaciones que producen sufrimiento, e imposibilidad de generar autonomía subjetiva, lo que puede generar patologías en alguno de sus miembros.

- ¿Por qué hay especialistas que sostienen que el origen de este problema puede ser por el tipo de relación que se tenía con la madre, mientras que otros señalan la falta de autoestima?

- La vida anímica del ser humano por su ‘prematurez’ se va configurando en relación a sus vínculos primarios, sobre todo el vínculo materno que funciona a modo de apuntalamiento y contención del recién nacido. Estos primeros vínculos son los que marcan las futuras formas de relacionarse o vincularse y pueden ser determinantes, junto a otros factores (como por ejemplo la carga pulsional o las formas futuras de vinculación).

Con respecto a la autoestima en este tipo de relaciones suele jugarse el ser, o no ser, amado y las vivencias de desamparo que se generan cuando el otro intenta separarse o tomar distancia.

-  ¿Qué características de personalidad suele tener una persona que vive su relación de esta manera?

- En general se trata de personalidades con características narcisistas. Este tipo de parejas tienen un alto nivel de sufrimiento y se pone en riesgo el crecimiento personal y la adquisición de la autonomía subjetiva.

-¿En caso de que los integrantes de la pareja, se den cuenta de este problema, ¿cuáles son los pasos a seguir para tener un vínculo sano?

- El darse cuenta les permitiría solicitar la ayuda adecuada, para que los procesos de diferenciación no sean vividos como catástrofes personales.

Un tercero, el enemigo “oculto”

A ningún aditamento del afuera de la dupla en cuestión, se le permitirá irrumpir en una relación simbiótica, de manera abrupta y crear desequilibrios que la pongan a prueba. Una de las definiciones populares de estas parejas es que “no se necesitan porque se aman sino que se aman porque se necesitan”. Por eso, los especialistas sostienen que esa necesidad imperiosa muchas veces genera sentimientos adictivos- que pueden llegar a ser posesivos y restrictivos- cuando predomina la sensación de que uno no puede vivir sin el otro. 

“Tienen mucho miedo a que el otro salga con amigos, conozca a alguien y la (o lo) engañe. A veces la persona no se otorga permisos para que la pareja no pueda hacer lo mismo”, agrega Goldberg. 

Los problemas pueden aparecer cuando uno de los miembros de estas parejas recobra parte de la autoestima perdida y se da cuenta de que necesita más espacios que la relación no le puede brindar. Cuando uno de los dos quiere poner fin a la relación, empieza a tomarse espacios propios que desconciertan al otro que suele recriminar con frases tales como “no me consultaste” o “por qué hiciste esto”. 

Muchas veces, cuando la crisis parece amenazar a la pareja, ésta logra aprovecharla positivamente convirtiéndola en una oportunidad de crecimiento y optimización de funcionamiento. Un revés que, pidiendo la ayuda necesaria, puede llegar a pensar a la dupla de una manera sana y diferente.