viernes 25 de septiembre de 2020

Arquitectura

El gran Policlínico Central: datos sobre su construcción

El Central es uno de los hospitales con mayor concentración de actividad en relación a la pandemia que nos afecta. Esa centralidad y su importancia en el entramado del sistema de salud mendocino y regional, son “marcas” en su historia desde que se promovió su construcción en 1938.

Si bien podemos distinguir una serie de políticas públicas vinculadas a la salud en Mendoza desde fines del siglo XIX, a partir de las luchas por el mejoramiento de la calidad de vida de los pobladores y la erradicación de epidemias, fue durante la primera mitad del siglo XX con un nuevo centro político- administrativo en marcha, luego del terremoto de 1861, cuando esas acciones se manifestaron más claramente.

La creación del Hospital Provincial en 1907, del Hospital de infecto-contagiosos en 1924 y la aprobación de la ley de Salubridad en 1927, además de la finalización de las obras para varios hospitales departamentales durante las gestiones lencinistas, fueron marcando el camino hacia una intervención más profunda del Estado en temas de salubridad.

Durante la década del 30, el Estado mendocino expandió los establecimientos sanitarios sobre espacios rurales y ciudades intermedias, acompañados de planes y programas de asistencia social destinados sobre todo a la protección de la mujer, los niños y los ancianos.

A pesar de que paulatinamente se fue incrementando la capacidad y los servicios de los distintos hospitales ubicados en la provincia, el número de camas siguió siendo muy bajo en relación a la cantidad de habitantes. En 1938, por ejemplo, se contabilizaron 1.646 camas, para una población de más de 400.000 habitantes.

Para el gobierno conservador, la solución a ese problema era hacer más eficiente la atención. Por eso se pensó en concentrar el movimiento de enfermos en un lugar con mejor asistencia médica y reducir la estadía del paciente en el hospital a su justa necesidad. Fue así como empezó a gestarse la idea de construir un hospital de clínica y cirugía.

Imagen de la maqueta del Hospital, publicada en una de las memorias de Gobierno de Rodolfo Corominas Segura, 1938.

El planteo de construcción con la tipología arquitectónica de monobloque, se apoyó en distintas razones. Además de las desventajas vinculadas a la poca eficiencia de los conjuntos dispersos (pérdida de tiempo en los desplazamientos entre bloques, que los pacientes se trasladaran a la intemperie entre un servicio y otro, por ejemplo), desde la segunda década del siglo XX los avances médicos en la rama de la bacteriología principalmente, habían alejado la idea que los pabellones aislados disminuían los riesgos de contagio de cualquier tipo. En términos económicos además, los costos elevados de grandes extensiones de terreno en áreas centrales y de la construcción de conjuntos hospitalarios extendidos, fueron derivando en la concreción de la propuesta. Sumado a todo eso ya se habían comenzado a construir hospitales de este tipo en Europa, Estado Unidos y también en Buenos Aires (Hospitales Británico y Tornú, entre otros).

Así, en setiembre de 1938, el gobernador Corominas Segura creó una comisión para que estudiara las características que debía tener el edificio para el hospital general y su ubicación más favorable. La comisión estuvo presidida por el director general de Salubridad, el médico Carlos Puga y conformada por el director de Arquitectura de la provincia, Manuel Civit, el asesor técnico de Ministerio, Ing. Alvise Bevilacqua y los médicos, Alfredo Metreaux, Pedro Calderón y Francisco Correas.

Desde la Dirección de Arquitectura de la provincia, dirigida en aquel momento por los arquitectos Manuel y Arturo Civit, se pensó en un edificio con una estructura antisísmica de hormigón armado, pisos acústicos, revoques y revestimientos impermeables y carpintería de madera enchapada con persianas. El edificio contaría con dos plantas de subsuelo, planta baja, seis pisos y una azotea. Con una superficie aproximada de 8.000 m2.

El Hospital Central en funcionamiento, foto de la colección López de Medina (Archivo General de Mendoza).

El policlínico tendría un servicio de transfusión sanguínea; un servicio general de radiología con radioterapia; una farmacia; un comedor en cada piso, transformable en sala de recreo y lectura para los convalecientes; depósitos en cada servicio que sirvieran de almacenaje de medicamentos, útiles de clínica, elementos de curaciones, etc.

Se ideó la distribución eficiente de los alimentos, iluminación y calefacción modernas y prácticas. Por sus costos, la provisión de AA quedaría reservada a las salas de operaciones y se instalaría una central telefónica que permitía la comunicación interna y con el exterior. Las 500 camas se agruparían como máximo cada ocho. Se realizó un estudio pormenorizado de las circulaciones de médicos y pacientes, para que los enfermos externos no tuvieran contacto alguno con los internados. De esta manera los consultorios externos, RX, farmacia, laboratorios, etc. tendrían un sector de ingreso y egreso específico.

De los terrenos vistos y estudiados por la comisión, el ubicado entre las calles Alem, Montecaseros, Salta y Garibaldi de la capital provincial, resultó el más propicio para la construcción del hospital. El aviso de licitación se publicó por primera vez en mayo de 1940 en los diarios La Nación, Noticias Gráficas, La Razón y La Fronda de la Capital Federal, y Los Andes y la Libertad, de Mendoza. Ante el interés de numerosas empresas constructoras en la operatoria, se decidió extender el plazo de presentación de ofertas un mes.

El 7 de setiembre de 1940, por decreto se aprobó el contrato celebrado entre la Dirección de Arquitectura y la empresa Acevedo y Shaw SA. para la construcción del Hospital Central de Mendoza. El 11 de febrero de 1941, poco antes de dejar la gobernación Corominas Segura, se realizó el acto de colocación de la piedra básica del hospital. El proceso de construcción del hospital fue extenso. Los embates de la crisis producida por la Segunda Guerra Mundial, elevaron los costos y dificultaron la ejecución.

Apenas iniciado su mandato en marzo de 1941, Adolfo Vicchi, conformó una nueva Comisión Asesora para realizar un estudio que contemplara los servicios que, una vez inaugurado el Central, tendrían el resto de los nosocomios. Durante su gestión, Vicchi aprobó por numerosos decretos para obras complementarias, necesarias para la habilitación del Hospital. Con el Golpe de Estado de 1943, las obras se paralizaron temporalmente.

En enero de 1944, la provincia de San Juan sufrió un terremoto devastador. Por orden de las autoridades nacionales y provinciales, se abrió de urgencia el Hospital Central para recibir a la gran cantidad de heridos que llegaban a Mendoza, lo que da cuenta de su importancia en el marco regional.

Pese a que no todos los servicios estaban en funcionamiento, el 19 de agosto de 1945 terminó inaugurándose formalmente el Gran Hospital Central de Mendoza.

Bibliografía:

Raffa, Cecilia. Políticas sanitarias y arquitectura de Estado en Mendoza: el Gran Policlínico Central (1938-1943), en: Estudios Sociales del Estado, vol. 6, n° 11, 2020. Disponible en: http://estudiossocialesdelestado.org/index.php/ese/article/view/207