martes 20 de octubre de 2020

La moda no escapará a los cambios pero se adaptará con versatilidad. Mariana Villa / Los Andes
Aniversario

Se avizora una moda, más desestructurada y versátil

El desafío de los creadores se relaciona con el cambio del consumo de los clientes. Un nuevo tiempo ha llegado.

La moda no escapará a los cambios pero se adaptará con versatilidad. Mariana Villa / Los Andes

El coronavirus nos ha hecho replantear el diseño, la moda, el consumo: tanto a diseñadores, como a consumidores. Ha marcado diferencias en las prácticas, a corto plazo: compramos con mayor conciencia; elegimos mejor las prendas; lo hacemos en menos cantidad, pero de mayor calidad y diseño. Si bien hay una tendencia previa a la pandemia ligada a los textiles más ergonómicos, confortables, que se adaptan mejor al cuerpo, toda la situación actual acentuó esos rasgos y nos impulsa a pensar en prendas más prácticas, más versátiles; que puedan tener una vida útil más larga; el famoso “costo por uso” es la preferencia a la hora de consumir.

Como productora local, creo que muchas cosas van a cambiar a la hora de pensar nuestras colecciones: deberíamos hacerlas más cercanas, más prácticas. Este gran cambio es un punto de partida para repensar nuestra vinculación con los clientes, ya sea por las características del producto que ofrecemos, como también en la manera en que debería llegar a sus manos.

Los diseñadores hemos tenido que reinventarnos, cambiar nuestra manera de trabajo, repensar estrategias y trazar nuevos lineamientos para crear nuestras colecciones y la manera de venderlas. Esto me hace pensar -y confirmar- que toda crisis o situación extrema, nos enseña a mutar… La resiliencia en su máxima expresión: cambiamos la forma de comprar, de producir, el producto que ofrecemos sigue teniendo nuestra impronta; pero adaptado a las nuevas reglas de juego. Desde sumar líneas “comfy”, prendas intervenidas o productos que complementen nuestras colecciones para mejorar la experiencia del cliente y brindarle soluciones.

Uno de los grandes cambios que se visibilizan es que a la hora de la elección de un producto, la gente piensa en los pequeños emprendedores, en consumir prendas locales. No sólo como una muestra de apoyo a sus coterráneos sino también porque esto les permite conocer más en profundidad que las producciones se hacen bajo condiciones justas de trabajo, en el cuidado de todos los detalles y que pueden ser personalizados.

Todas las herramientas que adquirimos para reinventarnos nos acompañarán luego de la pandemia. Es que, aún a la fuerza, aprendimos a mirar desde otra óptica. También la moda se adaptó a otra autopercepción de los usuarios, que han virado su consumo a la practicidad; con prendas de materiales nobles y diseños atemporales. Quizás sea el comienzo de una nueva era: la de relajar estructuras.