martes 20 de octubre de 2020

La suspensión de los servicios para la primera infancia y de acompañamiento familiar afectará a los niños.
Aniversario

Cinco estrategias para llegar a la primera infancia

Además de las herramientas para colaborar con las familias, los centros de cuidado de niños deberán adecuar sus instalaciones a los protocolos.

La suspensión de los servicios para la primera infancia y de acompañamiento familiar afectará a los niños.

Debido al Covid-19 la mayoría de los servicios para la primera infancia han tenido que cerrar total o parcialmente. Los servicios de acompañamiento familiar, como las visitas domiciliares, también han sido suspendidos en la mayoría de los casos. Esto ha llevado a que los padres tengan que asumir el rol de cuidadores y promotores únicos del desarrollo de sus hijos en un contexto muy particular, encerrados en sus hogares, balanceando tareas domésticas y de cuidado, en muchos casos con pérdidas de empleo y/o reducción de sus ingresos.

La suspensión de los servicios para la primera infancia y de acompañamiento familiar afectará de manera desproporcionada a los niños de hogares vulnerables. Ya se observaban gradientes socioeconómicos antes del inicio de la pandemia, en particular por nivel de ingresos y nivel educativo de la madre y en variables de calidad del ambiente del hogar. En promedio, los padres de hogares más vulnerables tienden a ser menos receptivos, usan en mayor proporción estrategias de disciplina negativa y dedican menos tiempo a la estimulación de sus hijos. También existían gradientes socioeconómicos en el nivel de desarrollo (cognitivo, lenguaje, socioemocional, motor y medidas antropométricas) de los niños. Es probable que con la pandemia estas brechas se amplíen.

En términos de grupo poblacional, si bien los niños se han visto afectados en menor medida en términos epidemiológicos (número de casos y gravedad), los efectos indirectos de la pandemia sobre ellos pueden ser devastadores. Hay preocupación por aumentos en la inseguridad alimentaria, incumplimiento con los calendarios de vacunación y otros chequeos y una falta de socialización de los niños con sus educadores, compañeros y familiares, que puede afectar negativamente su desarrollo. Se estima incluso que la mortalidad infantil puede aumentar. Por todo lo anterior, es fundamental que los sectores público y privado y la sociedad civil actúen rápida y efectivamente para mitigar los impactos negativos de la pandemia sobre esta población en particular.

Hay cinco posibles estrategias para llegar a los hogares con herramientas para los padres, que les permitan, por un lado, estimular efectivamente a sus hijos y, por otro, sentirse empoderados y apoyados en esta tarea.

La primera estrategia es diseñar contenidos pedagógicos (como, por ejemplo, cartillas con actividades de juego) que la familia pueda desarrollar con materiales que tiene en su hogar y de manera rutinaria. Es importante que los contenidos estén pensados/adaptados a los contextos particulares y sean flexibles, para que su difusión se pueda realizar a través de diferentes canales (por ejemplo, portales web, visitas telefónicas, mensaje de texto, entre otros).

La segunda es diseñar mensajes sobre buenas prácticas de crianza, importancia de pasar tiempo de calidad con el niño, prácticas de disciplina positivas para prevenir el uso de violencia y otros abusos que pueden surgir en estas condiciones, y de apoyo socioemocional a los cuidadores.

En tercer lugar, es importante contar con estrategias de acompañamiento priorizado ante señales de alarma o de riesgo, como sería la desnutrición, la falta de vacunas y la depresión del cuidador, implementadas por profesionales especializados.

Cuarto, el uso de campañas de comunicación masiva para informar sobre la importancia de la primera infancia y estrategias y recursos disponibles para los hogares y/o centros de cuidado, y para diseminar programas con contenidos pedagógicos.

Por último, diseñar contenidos pedagógicos para los agentes encargados de llevar a cabo las estrategias anteriores de tal forma que cuenten con las herramientas necesarias para apoyar a los niños y a sus familiares en un contexto como el actual.

A medida que las economías se reabran y los trabajadores tengan que volver a su lugar de trabajo, los centros de cuidado tendrán que reabrir y adoptar cambios para poder prestar un servicio seguro, que no desconozca la realidad que estamos viviendo. Parte de estos cambios están relacionados con la seguridad física y de higiene de los centros, e incluye revisar los sistemas de agua y ventilación; mantener el centro limpio y desinfectado; y asegurar acceso a agua y jabón.

Los centros también tendrán que incorporar cambios para mantener el distanciamiento físico, que afectarán directamente la dinámica de las interacciones educador-niño y niño-niño. Estos protocolos incluyen cerrar espacios de uso común (por ejemplo, bibliotecas, comedores), reducir la cantidad de niños por aula, escalonar los momentos de llegada y de salida, y espaciar las sillas y cunas en las salas.

Es necesario preparar al personal del centro para que conozca y aplique las mejores prácticas de salud, y para que pueda prestar una atención de calidad en un ambiente de distanciamiento físico. Asimismo, los centros tendrán que reconocer la disrupción en la vida de los niños y dotarlos con herramientas para que estos puedan comprender los cambios de rutinas, el cambio en el ambiente físico y, en general, la disrupción de su vida cotidiana (no poder salir libremente, los altos niveles de estrés a su alrededor e incluso la muerte de un familiar).

Sin desconocer lo crítico de la situación también es una oportunidad para transformar positivamente los servicios de atención a la primera infancia. Por ejemplo, el diseño de contenidos sencillos y versátiles puede facilitar la implementación de las intervenciones a escala, y que se comience a pensar con este lente.

Por otro lado, las campañas a través de medios masivos pueden ser un primer acercamiento a poblaciones más aisladas, como las poblaciones rurales dispersas, los grupos indígenas y los grupos con limitaciones de conectividad. Además, es una oportunidad para pensar qué tipo de servicios específicos requieren estas poblaciones y así mejorar la llegada de estos servicios. Cambios como la reducción en el tamaño de los grupos y la necesidad de evitar aglomeraciones pueden llevar a mejoras en la calidad de la atención al permitir, primero, que el educador pueda estar más atento a cada niño de su aula y, segundo, una reducción en los tiempos de las transiciones.

Por último, el esfuerzo que están realizando algunos gobiernos para mejorar la conectividad se puede aprovechar para utilizar la tecnología de manera efectiva. Un ejemplo de esto sería a través de capacitaciones virtuales para los cuidadores y educadores.

Fuente. Este artículo fue originalmente publicado en el libro “Pospandemia: 53 políticas para el mundo que viene”, del CEPE de la Univ. Torcuato Di Tella. Disponible gratis en utdt.edu/cepe