martes 20 de octubre de 2020

La actual crisis solamente es comparable con la experimentada en 2002 y de acuerdo a algunos indicadores, es aún bastante más profunda. / Gustavo Rogé
Aniversario

Autodestrucción: una peligrosa costumbre argentina

A pesar de un sombrío panorama, en los últimos meses, aparecieron algunas señales positivas que perdieron relevancia por el contexto político y las decisiones del Banco Central.

La actual crisis solamente es comparable con la experimentada en 2002 y de acuerdo a algunos indicadores, es aún bastante más profunda. / Gustavo Rogé

No es novedad que el estado de nuestra economía es realmente complicado. La actual crisis solamente es comparable con la experimentada en 2002 y de acuerdo a algunos indicadores, es aún bastante más profunda. Utilizando los últimos datos disponibles para Mendoza, si se compara la actual crisis con aquella explosión, el poder adquisitivo de los salarios ha caído bastante menos, pero la destrucción del empleo y el abandono de gente del mercado laboral ahora resulta tres veces más importante mientras que la actividad económica, de acuerdo al monitoreo que realiza el Ieral Mendoza, en el segundo trimestre cayó casi el doble que en aquella oportunidad.

Lo más llamativo es que a pesar de este sombrío panorama, en los últimos meses aparecieron algunas señales positivas que, lamentablemente el contexto político y las desacertadas decisiones del Banco Central (BCRA) se encargaron de que perdieran relevancia.

Las señales positivas fueron varias, algunas desde el exterior y otras del contexto interno. Entre las primeras se puede citar el hecho de que las principales economías del mundo comenzaron a recuperarse. Brasil, clave para nuestras exportaciones, también estaría morigerando su recesión. Por otro lado, la recuperación de China y la enorme liquidez internacional mejoraron los precios internacionales de las principales commodities de Argentina.

En el plano interno, también aparecieron buenas noticias: la salida del default, la aparición de algún grado de financiamiento neto en el mercado doméstico para el gobierno, un pequeño rebote de la economía a partir del paulatino desconfinamiento, el comienzo de las tratativas con el FMI para refinanciar la deuda con dicho organismo y, en los últimos tres meses, la explosión del desequilibrio fiscal derivado de la pandemia, comenzó a reducirse y con éste, bajó también el ritmo de emisión monetaria destinada al fisco.

Este combo de buenas noticias comenzaba a reflejarse en los mercados a través del precio de las acciones: el Merval subía fuertemente entre fines de abril y principios de agosto de este año (68% en dólares valuado al tipo de cambio contado con liquidación - CCL).

Sin embargo, un cúmulo sucesivo de señales negativas para el clima de inversiones terminó opacando completamente las buenas noticias: el anuncio (después abortado) de la intervención de Vicentin, el avance de una reforma judicial sin consenso político, la toma de terrenos, el cambio abrupto de las reglas de juego para las telecomunicaciones, el conflicto entre el gobierno nacional y CABA por los recursos coparticipados, el proyecto de impuesto a la riqueza y finalmente, el presupuesto nacional 2021 con un desequilibrio fiscal bastante mayor al esperado por el mercado y con supuestos macroeconómicos altamente discutibles.