190 días de clases: una sobreactuación tribunera - Por Marcelo Zentil

Luego de la figuración nacional que le valió el Código de Faltas, esta decisión de llegar a 190 días de clases parece buscar el mismo fin.

190 días de clases: una sobreactuación tribunera - Por Marcelo Zentil
190 días de clases: una sobreactuación tribunera - Por Marcelo Zentil

“Sumar tiempo no es sumar amor”, cantaban en los ´80 Los Enanitos Verdes. Si esa idea se traslada a la decisión del Gobierno de llevar a 190 los días de clases en 2019, tal vez podría decirse que estirar el ciclo lectivo no necesariamente es sumar educación. Para justificarse tal extensión, deberían incluirse más contenidos de excelencia, y de eso poco y nada se ha dicho.

Para qué 190 días de clases si este año en la primaria, con 180 días efectivos, los chicos ya concluyeron la etapa de exámenes globales y esta semana, la última, parece “bailar” en el calendario. Ni hablar del secundario: los que no se llevan materias, se despidieron el viernes “de hecho” de su escuela.

En el Gobierno admiten que esto ocurre, que los días finales del año escolar no aportan conocimientos y que muchos estudiantes no van. Pero ratifican que es necesario llegar a los 190 días. Aunque en las últimas horas, se han mostrado abiertos al cambio. Lo dejó entrever el viernes el gobernador Cornejo: es posible una revisión de la decisión.

¿La razón? Cerca del mandatario cuentan que la repercusión negativa que tuvo la decisión superó las previsiones oficiales. En el Gobierno han hecho un estudio sobre cómo impactó en las redes sociales y se han sorprendido porque el grupo de los críticos incluye a muchos padres y sobre todo a estudiantes, más que a docentes.

El masivo apoyo al pedido planteado a través de change.org es toda una señal de la disconformidad. Más contundente que el previsible “no” del SUTE, que en definitiva siempre dice “no”. Por eso la de Cornejo no fue una frase de ocasión, sino que está analizando seriamente si mantiene la fecha o la modifica. Si ocurre esto, sería todo un hito para su gestión: la primera contramarcha por presión social.

Pero si no cambia, los chicos en 2019 van a ir a clases más de un mes durante el tórrido verano mendocino, en aulas que ni siquiera tienen ventiladores, con patios que muchas veces carecen de sombra y en escuelas en las que no siempre hay agua. Como si no bastara, deberán estar allí hasta la mitad del siempre caluroso diciembre.

En octubre, cuando se reunió en Catamarca, el Consejo Federal de Educación propuso iniciar las clases el 6 de marzo y el 13 de diciembre concluirlas (por ejemplo Buenos Aires y Córdoba adhirieron a ese calendario). Esto es una semana más  que en 2017. Pero el cronograma mendocino suma tres semanas y la provincia es “la única” del país que llega a 190 días, como remarcó una y otra vez el titular de la DGE, Jaime Correas, que despierta cada vez más críticas dentro del Ejecutivo.

La decisión oficial sorprendió por el momento en el que se anunció, a poco del receso, complicando las vacaciones y la organización familiar. Pero también porque desconoce una realidad provincial: en las zonas rurales, por más que desde hace años se lucha para erradicar el trabajo infantil, los niños y adolescentes empiezan la escuela más tarde por la cosecha e iniciar las clases el 18 de febrero sería profundizar la inequidad.

Una nota publicada por este diario el jueves muestra cómo Mendoza, con el calendario dispuesto, superará largamente la media nacional y se acercará a países  siempre usados como modelo. Chile no llega a los 190 días (empieza el primer lunes de marzo), pero suma más clases en el año por una jornada escolar de seis horas diarias. Pero Finlandia, si se quiere el ejemplo educativo más mencionado, quedará abajo en días y horas de enseñanza.

Claro que todos queremos más y mejor educación. Pero por todo lo dicho, el anuncio del martes, más que parte de un plan de mejoramiento meditado y sostenible, pareció hecho para llamar la atención en el país, igual que el ofrecimiento unos días antes para que el postergado River-Boca se jugara en Mendoza, garantizando acá la seguridad que Buenos Aires no daba, aunque la provincia no sea justamente un paraíso.

Luego de la figuración nacional que le valió el Código de Faltas, en especial a partir del informe que le dedicó el programa de Jorge Lanata (que lo contrastó con el “blando” gobierno porteño que permite piquetes y “trapitos”), esta decisión de llegar a 190 días de clases parece buscar el mismo fin: mostrar al Gobernador en el país como un dirigente que hace valer su autoridad y ejecuta lo que la gente reclama.

La proyección nacional de Cornejo como gobernador y presidente de la UCR no ha tenido resultados auspiciosos por ahora, aunque si le ha permitido dar algunos pasos: hay encuestadoras que ya han empezado a incluirlo en sus mediciones presidenciales, algo impensado hace unos meses.

Pero, esta vez, la jugada para mostrar a la gestión cornejista como distinta de la macrista y las de otras provincias parece no haber salido tan bien. Tal vez coseche aplausos por los 190 días cuando se entere la tribuna nacional, pero en la hinchada local hubo muchos chiflidos y éstos no son buenos en un año electoral, sobre todo cuando entre los más quejosos están los nuevos votantes de 16 y 17 años.

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